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Las perlas se crean gracias a la adversidad


Anna Forés: "Las perlas se crean gracias a la adversidad"
Sostiene que podemos salir fortalecidos de un golpe duro y que somos nosotros quienes determinamos qué queremos hacer con nuestra vida.

--¿Qué es la resiliencia?
--La capacidad de salir fortalecidos de una adversidad. La palabra viene del latín y se refiere a la capacidad que tienen los metales para volver a su estado original después de someterse a una presión. En el caso de las personas, salimos transformadas.

--¿Cómo dibujaría la resiliencia?
--Se podría dibujar como un árbol que sale fortalecido del temporal.

--Hay árboles que ya están torcidos antes del vendaval.
--Y dan grandes frutos, como la uva.

--¿Qué quiere decir?
--Que, a pesar de que puedas creerte torcido, el fruto que vas a dar no tiene por qué ser torcido. Es el gran mensaje de la resiliencia: que no estamos determinados. La resiliencia es un canto a la esperanza.

--¿En qué sentido?
--Puedo tener un accidente o me pueden violar, pero yo determino y decido qué quiero hacer con mi vida. Ese accidente o esa violación no tienen por qué determinar mi vida.

--¿Y cómo se hace?
--En primer lugar, aceptando y reconociendo la adversidad. Si la niego, no le puedo hacer frente. Eso quiere decir transitar por el dolor, antes que nada. A partir de aquí, el paso es el de proyección: ya me puedo transformar.

--¿En qué?
--En una perla dentro de una ostra, si me permite la metáfora. El proceso resiliente es parecido a la creación de una perla dentro de una ostra. Cuando un granito de arena entra en su interior y la agrede, la ostra segrega nácar para defenderse y, como resultado, crea una joya brillante y preciosa.

--¿Algún otro consejo para salir de una situación muy adversa?
--Encontrar un sentido. Hace falta tener un porqué. Podemos soportar cualquier cómo si tenemos un porqué.

--Lo decía Víctor Frankl.
--Exacto. La resiliencia se empezó a estudiar después de la segunda guerra mundial, tomando los campos de exterminio como la mayor adversidad que puede sufrir una persona. Cuando Víctor Frankl, muy enfermo, vio que iban a matarle y estaba a punto de dejarse ir, tuvo un flas y se dijo: "Yo tengo que salir de aquí para explicar lo que he vivido y que esto no se vuelva a repetir nunca más". Y ese porqué le dio fuerzas para levantarse.

--A veces es suficiente con que alguien nos diga que nos podemos levantar.
--Es el llamado efecto pigmalión: si yo creo que esa persona puede, actuaré como si esa persona pudiese. Lo malo es cuando ocurre al revés: si yo creo que no puede hacer nada, esa persona actuará como si realmente no pudiese hacer nada. Si a mí me han repetido toda la vida que soy tonta, al final creeré que soy tonta y que para qué voy a hacer nada. Las palabras tienen mucha fuerza. Con ellas se puede tejer un manto de esperanza.

--¿Qué le diría a un lector que hoy lo esté pasando muy mal?
--Que recuerde el ejemplo de la perla. Las ostras crean perlas gracias a la adversidad. La resiliencia es un proceso, una capacidad.

--¿Sirve de algo preguntarse por qué me ha pasado a mí?
--Los sabios orientales lo tienen muy claro y nunca se lo preguntan. En cambio se preguntan esto: ¿Para qué me ha de servir? ¿Qué me traerá?

--¿Se puede aprender de cualquier adversidad?
--Como pedagoga, tengo que decir que sí. La adversidad no sé si tiene sentido o no, pero está ahí y no la podemos ignorar. No somos invulnerables y siempre nos vamos a enfrentar a pequeñas y grandes adversidades. La resiliencia es un canto al realismo de la esperanza, es decir: "Lo acepto, es lo que me ha tocado. A partir de aquí qué hago, ¿voy de víctima o proyecto futuro?".

--La respuesta está clara.
--Proyecto futuro con la realidad que tengo, la que me ha tocado.

--¿Y si estamos hundidos?
--Primero hay que tocar fondo para empezar a subir. Es ley de vida transitar primero el dolor; después, ya subirás.

--¿La resiliencia es para siempre?
--No. El hecho de que yo sea resiliente ahora no quiere decir que lo sea para siempre. Todos tenemos la capacidad de saber nadar, pero hay gente que aún no la ha puesto en práctica y no nada. Se trata de trabajar esa capacidad para, cuando llegue la adversidad, superarla.

--¿Cómo la podemos ir trabajando?
--Desarrollando el sentido de la vida y el motivo para seguir manteniéndonos vivos; admirando las potencialidades de las personas que nos rodean y viendo su belleza interior, y practicando el sentido del humor. Cada día es precioso y cada paso es importante. Si tu sonríes a la vida, la vida te sonríe.

Gaspar Hernàndez- El periodico

De la soledad al amor




Obsesionarnos por encontrar pareja puede producir justo el efecto contrario y, además, sumirnos en el sufrimiento, sanar el pasado y conectar con lo que nos gratifica nos ayudará a encontrar nuestra fuente de amor interna y abrirnos al futuro.

Vivir sin pareja por un tiempo, o durante toda la vida, es una estado que cuesta sobrellevar y que, normalmente, no suele elegirse como una opción definitiva. Sin embargo, si sabemos adoptar una actitud positiva y confiada, los periodos sin pareja son una valiosa oportunidad para hacernos amigos de nosotros mismos y alcanzar un conocimiento más profundo.
En este tránsito, podemos apoyarnos en nuestros puntos fuertes y, a la vez, descubrir y curar los débiles. Cuando estamos en pareja, nuestros puntos vulnerables son menos notorios pues solemos hacer responsable al otro de lo que nos sucede. De hecho, muchas separaciones se retrasan o no se concretan por miedo a quedar desnudos frente a nuestras propias trabas, sin poder responsabilizar a nadie más. Quedar solos, especialmente si no lo hemos elegido, es una situación que puede lastimar nuestra estima pero al mismo tiempo, es la mejor ocasión para fortalecer nuestras debilidades.

Volver a empezar
Encontrarnos con esos fallos, no tiene que desanimarnos. Puede que no nos guste lo que vemos cuando revisamos nuestro pasado, pero si abandonamos el reproche, comprenderemos que lo sucedido no fue por negligencia o impericia, simplemente la vida fue tejiendo su trama y nos movimos por ella lo mejor que supimos.
Hoy sentiremos que tenemos la oportunidad de crear un nuevo tejido. DE aquí en adelante, este poder lo conservaremos siempre, aunque no seamos conscientes de ello.
No podemos cambiar el pasado, pero sí dejar atrás esos puntos fallidos hechos de conductas y emociones que nos perjudicaban. Para tejer este nuevo presente no necesitamos cambiar, es decir convertirnos en otra persona o encontrar la conducta mágica que soluciones todos nuestros problemas.
Se trata, en gran medida, de tomarnos el trabajo de movernos hacia lo que nos proporciona alegría y satisfacción, hacia aquello que en significativo para nosotros.

Buscar lo significativo
Tenemos que evitar caer en la queja, ya sea hacia nosotros mismos, hacia los demás o hacia las circunstancias. El reproche nos estanca en una batalla perdida de antemano. Nada puede hacerse con el pasado, salvo aceptarlo y darlo por concluido.
Tenemos el potencial suficiente para convertirnos en los arquitectos de nuestra vida y, en algún momento, alguien llegará a ella. ¡Qué vida encontraría el recién llegado? ¿Somos la persona que nos gustaría que el otro encontrase? Sería muy triste contestar a estas preguntas pensando en esa otra persona,m como si fuera una estrategia, una trampa para conseguir a nuestra presa. Así, nos volveríamos cazadores de pareja. Incluso podríamos caer en un búsqueda obsesiva.
Obviamente, esto no suele dar resultado porque nadie quiere ser cazado. Así, solo nos cerramos al amor. Creemos estar abiertos porque buscamos pero, en realidad, transitamos por un callejón sin salida.
El amor es una flor que se cultiva y, mientras tanto, hay mucho terreno por preparar para que la semilla crezca. Necesitamos descubrir y desarrollar nuestra capacidad de amar. Hemos de saber si somos capaces y hasta qué punto, de amarnos a nosotros mismos y, también, de amar a los demás. Cuando nos sentimos infelices porque no nos aman, buscamos a un proveedor de ese sentimiento como quien busca una posesión más. Pero, en realidad, la felicidad reside en poder conectarnos con nuestra propia fuente de amor, nuestra capacidad de dar y de apreciar cada detalle de la vida.


Silvia Salinas
Mente- Sana

La sabiduría de dar y recibir amor II


Tener en cuenta los deseos del otro

Una persona que se recupera de una operación en un hospital puede que no necesite montones de flores o de horas de visita. Puede que aprecie una sola flor y una sola visita corta pero cariñosa y alentadora. O puede que, en su estado de debilidad, necesite que alguien hable en su lugar con los médicos. El sentido de la oportunidad es importante. En ocasiones, debido a nuestra preocupación y ansiedad, nos precipitamos en dar algo a una persona antes de que esté preparada para recibirlo o en un momento inapropiado.
Hay una historia china que lleva esto al extremo del absurdo. Un mono bien intencionado vio unos peces en el río. Como no quería que se ahogaran, los sacó del agua con bastante esfuerzo y los dejó en tierra. Al principio los peces se agitaron, pero, poco a poco, se fueron quedando inmóviles. Qué inquietos están estos pobres peces” pensó el mono, Ahora, ya no corren peligro y, por fin, se han relajado”.

Aceptar sin reparos,
A algunas personas les resulta difícil dar amor: no sienten de forma natural el impulso amoroso o bien son reacias a expresarlo. Si reconocemos esta característica en nosotros, podemos cambiarla empezando por comprender sus causas: quizás hemos sufrido demasiadas decepciones que han alimentado nuestra autocompasión o tal vez la timidez, la torpeza o el miedo al rechazo nos impiden dar.
Recibir forma parte también de nuestra generosidad. Porque, para recibir, tenemos que estar abiertos, atentos, ser apreciativos e incluso vulnerables. Si recibimos de una forma fría, herimos al otro, pues rechazamos su amor. Incluso cuando se trata de un dar impertinente, podemos ser amables en el rechazo, expresando gratitud por haber sido objeto del ofrecimiento y explicando por qué lo rehuimos.
Recibir amor es más difícil que darlo, porque quizá nos sentimos inferiores o indignos, o nos parece que no dominamos bien esa situación. Pero sí no podemos recibir amor, nos aislamos ya que aumentamos la distancia entre nosotros y los demás. Por el contrario, si sabemos cómo recibirlo, salvamos esa distancia con el otro, ofreciéndole a cambio nuestra gratitud.

Vida más amables
Por el bien de nuestra salud psicológica así como por la mejora de las relaciones sociales, debemos aprender a alcanzar un buen equilibrio entre los actos de dar y recibir. Pensemos en aquello que nos perdemos si solo damos: vivimos entonces una vida sin las virtudes celestiales de la gratitud y la humildad, nos privamos del cuidado y del afecto de otros, nos situamos aparte y parecemos personas distantes, acaso superiores.
Pero pensemos también en lo que nos perdemos si solo recibimos reforzándonos nuestros sentimientos de indefensión, nos ponemos en una situación de inferioridad, avivamos nuestra codicia e invalidamos nuestra generosidad, privándonos de la alegría del dar.
Cuando logramos el equilibrio en nuestras relaciones, alcanzamos en realidad nuestro equilibrio personal: alimentamos las virtudes de la empatía, la generosidad, la compasión y la humildad, y aprendemos a amar a los demás y a la vida misma. Y es que la vida es como una gran aventura, a veces dura y dolorosa, pero repleta de amabilidad humana.

La sabiduría de dar y recibir amor




Hay personas que envuelven con cariño a los demás, pero, en cambio, les cuesta mucho aceptarlo. A otras les pasa lo contrario. No es fácil encontrar el equilibrio entre el dar y el recibir. Pero en eso consiste uno de los secretos de la vida: en aprender a querer y ser queridos.

Seguramente ya conoces esta historia. A un hombre se le concedió en un momento de su vida la oportunidad extraordinaria de visitar el cielo y el infierno. Primero fue al infierno y vio a una infinidad de personas sentadas ante unas largas mesas repletas de comida deliciosa. Pero todas parecían hambrientas, estaban flacas y lloraban. Enseguida comprendió por qué las cucharas y los tenedores eran más largos que sus brazos y no podían llevarse la comida a la boca.
Luego fue al cielo y encontró la misma situación: gente sentada antes unas mesas llenas de buena comida y con los mismos cubiertos, más largos que sus brazos. Pero, en este caso, todos estaban alegres y bien alimentados. No intentaban alimentarse a sí mismos: se alimentaban los uno s los otros.
En el psicoanálisis clásico, la comida es un símbolo del amor. En esta historia, también: las personas del cielo no solo se dan de comer una a otras sino que, además se dan y reciben amor. Esa imagen refleja perfectamente la reciprocidad de la relación celestial, en la que cada uno respeta a los demás, se preocupa por ellos y recibe, a su vez, el mismo trato.


Estrechar los lazos
Las relaciones humanas suponen reciprocidad: dar y recibir. La reciprocidad va más allá de la mutua necesidad, pues esta implica dependencia. En las relaciones dependientes, la persona que da, lo que hace en buena medida para recibir, estableciéndose una dinámica que es como un engranaje, en la que las dos partes se acoplan cómodamente hasta que ocurre algo que estropea la compenetración. Esto sucede, por ejemplo, cuando una mujer alcanza un cierto éxito profesional con el que obtiene prestigio y una independencia económica que su marido puede juzgar amenazadores. O cuando una mujer pierde el sentido de su existencia en el momento en que sus hijos dejan el hogar: antes se sentía necesitada; ahora se siente vacía.
Estos ejemplos muestran la necesidad de crear relaciones en la que el dar y el recibir este equilibrado – entre el marido y la mujer, entre padre e hijos, entre amigos- pero también hablan de la importancia de asegurarse una amplia red de relaciones. Cuanto más amplia sea nuestra capacidad de relacionarnos, más posibilidades tendremos de dar y recibir en sus múltiples variables.

El apoyo a los demás
Para tener una buena salud mental, no debemos limitarnos a los lazos familiares, por fuertes que estos sean. Es conveniente hacer amigos y establecer relaciones en las que, en algunos casos, nos ocupamos de alguien y, en otros, nos ayudan a nosotros. Y es que ser plenamente humanos significa encontrarnos, tarde o temprano, en uno u otro lugar.
Suele decirse, especialmente en lo que toca al sufrimiento, que estamos solos y que cada uno debe aceptar su soledad esencial. Sin embargo, cuántas veces hemos visto ejemplos de la fuerza y el apoyo que obtienen unas personas de otras.
Por eso hay tanto “grupos de apoyo” en el mundo dedicados a las problemáticas, más diversas. Y es justamente para llenar el vacío de la soledad por lo que buscamos reciprocidad y comprensión. Dar y recibir amor es la base de la naturaleza humana; es lo que tiende un puente por encima del espacio – a veces, un abismo- entre los mundos aislados en los que, sin amor, estaríamos condenados a vivir.

Desequilibrios en las relaciones
A algunas personas les resulta fácil dar; a otras, recibir. Y al revés: hay algunas personas a las que les cuesta dar, mientras que a otras les cuesta recibir. Por ejemplo, ¿no has conocido nunca a nadie que se muestra ansioso por ofrecer ayuda, regalos o consejos hasta el punto de resultar molesto?
Nos abruman con lo que creen que necesitamos, pero su ofrecimiento proviene de su necesidad antes que de la nuestra.
También se da el caso de quien nunca deja de pedir. Todo lo que demos o hagamos por él nunca parecerá suficiente. Puede que ello se deba aun sentimiento suyo de incompetencia o de haber tenido un destino injusto en la vida.
Luego está quien da con la mano cerrada, como si doliera hacerlo. En nuestra relación con esa persona, no obtenemos una satisfacción verdadera, ya que sentimos que tiene más para ofrecernos, pero que se lo guarda. Tal vez lo hace por timidez y vulnerabilidad, por miedo a que rechacen su amor al haber sido ya herido en el pasado o por no saber de qué forma dar.

Finalmente, también es posible conozcamos a alguien a quien le cueste mucho recibir. Le hacemos un regalo y obtenemos un “gracias” mecánico. Es posible que ni siquiera lo abra y, con toda seguridad, no lo usará ni lo exhibirá. Cualquier ofrecimiento de ayuda tiene un destino parecido. “Puedo arreglármelas yo solo” Quizá le cueste recibir amor por orgullo, por vergüenza, por miedo a parecer débil, por una autonomía excesiva o por la desconfianza y sospecha de que el ofrecimiento es genuino.
Estos son ejemplos de desequilibrios exagerados en las relaciones. Pero, al igual que casi todos nuestros actos, la forma equilibrada y sana de dar y recibir también puede aprenderse.
Dar es un acto de generosidad. Damos amor de muchas maneras y diversas maneras, expresándolo con frecuencia de forma material. En nuestra relación con los demás debemos saber cómo, cuándo y qué dar. A menudo tenemos inclinación a dar lo que nosotros mismos querríamos recibir. Pero esta actitud es egocéntrica, pues ignora el verdadero sentido de la generosidad, que consiste en dar lo que los otros necesitan o quieren.

Piero Ferrucci y Vivien Reid
Psicoterapeutas-
Mente Sana

El fracaso es un modo de vida


Hay satisfacción en el no poder, aunque no lo parezca, aunque lógicamente pueda resultar contradictorio.

Es una militancia narcisista la del fracaso y el dolor como verdad del mundo, la de la imposibilidad, la carencia, la marginalidad, el endiosamiento del caído y su desgracia.

Actúa sordamente en la profundidad de nuestras personalidades, en algunas más y en otras menos, como una estrategia de frustración meritoria.

Es un estado de gracia, esa vida que se desperdicia, al punto de que, en muchos casos (no todos), se prefiera realizar el gesto de rechazo del camino mundano de la felicidad posible para volver a afirmar una vez más el valor profundo de la frustración y de la pobreza.

El fracaso es un modo de vida virtuoso, que paga por medio de una poética de la desazón, del nihilismo, del escepticismo, del supuesto atrevimiento de ver una verdad nefasta, cuando esa verdad no es más que un maquillaje de la impotencia elegida como camino al cielo.

El fracaso es una modalidad social emparentada con religiones que han construido una estructura de sentido basada en el rechazo de la sensualidad, del cuerpo y de la vida real, en la desvalorización de las energías vibrantes que pueblan el mundo problemático y desbordante que es nuestra definitiva realidad. De esta forma, se ha preferido fabricar formatos de inmolación de fácil acceso, automáticos, cotidianos, a veces mínimos, formas accesibles para eludir el trabajo de ser y resultar así imbuido por una variante moderna y progresista de la santidad.

El fracaso puede ser visto como una militancia narcisista porque sucede en un sujeto que no quiere deshacerse en el logro, que prefiere señalarse en forma constante a sí mismo como núcleo de imposibilidad, como aquel que merecía mucho pero fue abandonado, arruinado por la suerte y dañado por otros. Si lograra algo, dejaría de serle posible la permanente autorreferencia, estaría señalando al mundo, apuntando para afuera cuando su interior vacío reclama el truco de postular universalmente la nada. La única garantía de permanecer fijado en la imagen propia es no desdibujarla con ninguna efectividad: eliminando la aparición de esos hechos que, por logrados, te suplantan; juegos armados que funcionan más allá de su generador; riqueza dada a luz y puesta en el mundo que llama la atención y pide mirar a una cosa que es ahora externa.

El fracaso es una norma, una ética, un manual de actitudes pasivas para contrarrestar el crecimiento de las acciones que inevitablemente surgen del deseo afirmado y querido.

El fracaso es una orientación, un sentido para la vida, un orden, un cobijo, una manera de hacerse un lugar en medio de otros a los que no se inquieta con los deseos propios en movimiento.

El fracaso arma una cofradía, una hermandad en la decepción, gran aglutinante, cemento de quietudes conjugadas que destilan la droga del resentimiento y se la aplican en forma recíproca.

El fracaso es una forma de postergarse hasta el paroxismo y de disfrutar del ilimitado campo de lo que pudo haber sido pero no fue, frente al cual todo ser determinado es poco, todo logro una minucia -todo amor realizado un sucedáneo del amor imaginado y potencial, del amor lindo de las relaciones fracasadas-, dado el tamaño de un deseo que no necesitó nunca probarse para dar lugar a un sentido. Sentido de nada, pero sentido grande, inmenso, cielo encapotado para una muerte en vida que suena a demostración de soberanía y voluntad de no transar.

El fracaso es un juego comunitario, el desafío a toda propuesta activa a mostrar su ambición con la esperanza de poder neutralizarla. Es el arte de una comunidad que prefiere la pureza inteligente de la abstinencia al error implícito en el movimiento, comunidad aguerrida en sus expresiones que después elige quedarse quieta pretextando una lucidez extrema.

El fracaso es un modo de ofrecerse en el altar de la historia, de decirles a nuestros mayores que tenían razón, que se queden tranquilos, que si ellos no lo lograron tampoco nosotros lo lograremos, que su límite era inexpugnable y que prolongaremos con nuestra incapacidad la que ellos cultivaron y padecieron.

Porque la incapacidad se cultiva, se talla, esmeradamente, con paciencia, trocito a trocito, para no resaltar ni mostrarnos demasiado poderosos, felices, solventes. Para evitar ese atrevimiento de buscar y acceder al logro: ¿cómo, destacándose en un universo de estropeados, quién te creés que sos, vos, justo vos, para avanzar como si fuera posible hacerlo, para creerte valioso y capaz, para querer vivir más de lo que otros pueden o quieren vivir?

La alineación con la imposibilidad no es el cumplimiento de un compromiso moral; es, simplemente, la ampliación del fenómeno de la pobreza, el ejercicio de la desertificación social presentado engañosamente como aporte.

El enemigo somos nosotros, estas formas de vida, estas costumbres que no queremos mirar a la cara. Es de la transformación de estos sentidos básicos de los que nuestra vida nacional está aún demasiado llena; de donde puede tomar fuerza un país menos volcado a la pobreza, la esterilidad y la frustración.

Nuestra moral de rechazo al éxito, por considerarlo superficial, frívolo, egoísta, inválido, es el fondo sobre el cual sacrificamos mil posibilidades.

Si queremos cambiar la historia, desarrollar el país, aprovechar la coyuntura actual, promover la maduración sin la cual todo crecimiento es sólo un impulso de existencia limitada, tenemos que trabajar en este trasfondo moral equívoco, desactivar el mecanismo que, sin que nos demos cuenta, nos convoca a la idolatría del desengaño.

¿Es posible? Claro que lo es, sobre todo si en vez de apuntar a la solución final, a la eliminación de todo lo problemático, entendemos y aceptamos que todo logro es parcial, y que dentro de ese universo de parcialidades hay, sin embargo, mucho por ganar.

Alejandro Rozitchner

Cultiva la empatía I


Del mismo modo que un instrumento de cuerda vibra por sí mismo en contacto con otros sonidos los seres humanos tenemos la capacidad de entrar en resonancia con otras personas. Los bebés recién nacidos a menudo lloran cuando tienen al lado otro bebé que lloriquea y, de hecho, todos nos hemos sentido en alguna ocasión contagiados por una emoción ajena. Quizá nos ha invadido un sentimiento de profunda tristeza al hablar con alguien que está sufriendo, o hemos vibrado con alegría al celebrar el triumfo de un amigo. En ocasiones, tan sólo hace falta conocer una historia impactante o dolorosa para que se despierten intensas emociones.

Solemos pensar que vivimos como individuos separados aislados, cuando en realidad nuestras fronteras son mucho más permeables de lo que creemos. Constantemente nos vemos influenciados por las vivencias, emociones, estados de ánimo o pensamientos de los demás, que llegan a nosotros como ondas con las que entramos en resonancia.
Llamamos empatía a esta capacidad instintiva y natural de entrar en sintonía con una realidad ajena. Pero también a la habilidad de comprender los sentimientos y puntos de vista de otras personas, llegando a identificarse con ellas. Al tratarse de una habilidad, por lo tanto, uno puede desarrollarla y utilizarla en su vida, o por el contrario descuidarla.
Empatía deriva de la voz griega empatheia, que significa sentir dentro. Cuando utilizamos esta capacidad para ponernos en la piel del otro, para acercarnos a sentir lo que otra persona siente, se convierte en un vehículo magnífico para mejorar las relaciones. Ayuda a resolver conflictos, amplifica nuestra comprensión y permite conectar con la realidad de otro ser humano.

Cerrarse como opción
Si nuestra naturaleza esencial es ser empáticos, es decir, sentirnos influenciados por lo que viven quienes tenemos alrededor ¿por qué hay personas que muestran más esta capacidad? ¿O por qué, en ocasiones, nos cuesta tanto entender a los demás?
Lo cierto es que, aunque todos nacemos con esta especie de radar, a menudo bloqueamos la información que nos aporta. Así como podemos hacer cosas para abrir y establecer esta conexión con los demás, también tenemos formas de cerrarnos. Basta con observar lo que ocurre cuando una persona se encentra con otra por la que ese momento siente ampatía o rechazo: su cuerpo se cierra se protege y se tensa, e incluso la respiración cambia para mantenerse más superficial. Si, por el contrario, nos hallamos antes una persona con quién nos une una mutua simpatía, nos mostramos más relajados, más abiertos y, por lo tanto, más dispuestos al intercambio.
Aunque conocemos el dolor que implica no sentirse aceptado o escuchado, a menudo tendemos a juzgar antes que intentar comprender a los demás, y ésa es otra forma de cerrarse. La primera reacción cuando alguien dice algo pensar: Tiene razón o se equivoca. Son pocas las veces que nos permitimos ir más allá, y entender el sentido que tienen esas palabras para esas persona, desde su punto de vista y no desde el nuestro.


Cristina Llagostera

Encauzar el dolor




Los términos sufrir y enfermedad suelen ir asociados: Sufre una grave enfermedad.. La forma como se gestiona este sufrimiento es lo que diferencia a quienes se adaptan a su patología de quienes se sumen en la tristeza.

El sufrimiento nos impide vivir en paz cuando inunda nuestra existencia. Pero no es el sufrimiento en sí, lo que nos hunde sino todo lo que nos perdemos por sufrir. Las personas enfermas que vivien en paz son las que logran dejar un espacio para su sufrimiento, sin permitir que se desborde. Ese es el caso de Morrie Schawartz, cuya vivencia recogió Mitch Albom en su libro Martes con mi viejo profesor.
Morrie era un catedrático que sufría una patología que le iba limitando poco a poco. Pero al preguntarle su sentía lástima de sí mismo. Morrie respondió: A veces, por la mañana (..) Me palpo el cuerpo. Muevo los dedos y las manos, en la medida en que todavía puedo moverlos, y deploro lo que he perdido. Pero, a continuación, dejo de lamentarme... Me permito un buen llanto si lo necesito. Pero después me concentro en todas las cosas buenas que me quedan de la vida..
Unas palabras aleccionadoras que nos hablan de un sufrimiento encauzado, cerrado, con límites, que no logra oscurecer la satisfacción que proviene del resto de la vida.

Jenny Moix
Autora de Cara a Cara con tu dolor

Deshacer el nudo emocional


La culpa siempre se traduce en inacción, no solo porque, con ella, no se hace o ya no se puede hacer nada respecto al asunto que la provoca, sino porque tampoco se analiza más profundamente la situación. El movimiento y el pensamiento se bloquean con la conocida frase de Es que me siento culpable" y ahí se acabo todo.
No obstante, deberíamos dinamizar este sentimiento, analizándolo. En primer lugar, aparece la diferencia entre aquello que nuestra mente nos pide constantemente -que es ser perfectos, llegar a todas partes, complacer a todo el mundo- y nuestros límites reales., que son más bien lo contrario -ni somos perfectos, ni omnipresentes, ni mucho menos podemos satisfacer a todos. Sin embargo esto no suele surtir efecto. La respuesta que siempre tiene preparada la persona que se culpabiliza es "Tendría que haber sabido!!.
En realidad, el nudo central tiene dos hilos más: uno es saber si lo que hemos o no hemos hecho se debe a algún tipo de agresividad encubierta. Algo así como "Yo siempre ayudando y a mí nadie me ayuda" Esto, evidentemente, nos pone en contacto con aspectos de nosotros mismo que no nos gustan. Los adjetivos egoísta, comodón o narcisista solemos aplicarlos solo a los demás. Pero esto no nos pasa con ni con todo. Lo que nos conduce al tercer hilo.
Este hilo es complejo y queda oculto bajo los anteriores; tiene que ver con nuestros valores y deseos más íntimos. Si a alguien, por ejemplo, le apasiona buscar cosas nuevas, no tolerará la monotonía ni a las personas que no sean como él. Saber eso puede que lo ponga en conflicto con su ideal de perfección, pero le permitirá discriminar las condiciones, asumirlo y no confundir su malestar con otros sentimientos. Así, podrá actuar y no quedarse en el lamento.

María José Muñoz

Mente Sana

Superar el desánimo




La raíz griega pathos que, según el contexto que se utilice, se puede traducir como sentimiento, interés, dolor o dolencia, forma parte de una decena de palabras de nuestro lenguaje cotidiano, así como de un centenar de términos médicos.
De este modo, encuentras sim-pático a quien crees que siente las cosas de forma similar a la tuya, y anti-pático a quien piensa o actúa con sentimientos totalmente contrarios a los tuyos o te muestra su rechazo. Se llama em-patía a la situación en la que dos personas son capaces de vibrar en sintonía con las emociones del otro, al punto de comprenderlas como si fueran propias. Como ya puedes deducir, la palabra a-patía, precedida por el prefijo negativo a-, describe ese estado de falta de interés, de emoción o de compromiso; un término que define el estado que en nuestros tiempo invade con demasiada frecuencia a muchas personas y a caso todos nosotros en algún momento de la vida.
Esta indiferencia o desgana, esta falta de motivación, no siempre estuvo cargada de una impresión tan crítica; de hecho, en los primeros tiempos del cristianismo, se utilizaba el término apatía para ensalzar el estado de gracia de aquellos que son capaces de despreciar lo mundano, refugiándose en la elevación de la relación con lo divino. Se trata de ideas emparentados con el concepto hinduista de la espiritualidad y la práctica de la meditación método para conquistar la iluminación; aquí la palabra no se apatía ni indeferencia, sino desapego.

Causas y síntomas
En el presente, la palabra apatía ha perdido aquella connotación de espiritualidad y de renuncia a lo material. En el lenguaje más coloquial, hoy expresa un concepto mucho menos virtuoso; se la vincula a la pereza, a la depresión y a la actitud de abandono personal, en el más oscuro de los sentidos.
Aunque la apatía no constituye en sí misma una enfermedad, podría ser muchas veces una puerta de conexión con el vicioso círculo de la depresión, especialmente si no se es capaz de vencerla, dejando que invada cada pensamiento y achate cada sentimiento hasta condicionar cada conducta.
Como cualquier síntoma, la apatía puede ser el resultado de muchas cosas:- Una determinada actitud aprendida cultural o familiarmente.
- Una expresión secundaria de otras enfermedades –psíquicas o no-
- El efecto de ciertos medicamentos.
- El consumo de drogas o alcohol.
- Una situación puntual de impacto psicofísico, como una pérdida, una situación real de riesgo vital, un cambio trascendente e inesperado en la realidad de la persona – aunque sea positivo- el diagnóstico de una enfermedad terminal…
Los síntomas más característicos son:- Una pérdida de interés hacia las cosas que antes hacían disfrutar a la persona.
- El sentirse triste, decaído emocionalmente o cabizbajo.
El abatimiento, el sentimiento de indignidad y la culpa, junto con la soledad del aislamiento, la falta de motivación que llevan a las personas apáticas a pedir ayuda profesional, aunque la mayoría de las veces lo hacen empujadas por otros.
Y la terapia de siempre muestra que padecen de cierta vivencia –consciente en el subconsciente- de frustración o de rechazo repetido y previsible, lo que explica la imagen exageradamente negativa que tienen de sí mismas. Los apáticos se creen inadecuados o inútiles, y atribuyen sus experiencias desagradables y sus futuros fracasos a un defecto que consideran estigmático, aun en los coses en los que saben que es transitorio. Consideran que el mundo vive planteándoles exigencias que exceden su potencial y poniéndoles obstáculos que interfieren en el logro de sus metas. Y es que casi todos, cuando nos gana la patía, sobre valoramos los obstáculos, exageramos la dificultades y minimizamos la fuerza de nuestros recursos. Simplificamos en demasía nuestro análisis o generalizamos al hacer predicciones negativas del futuro.

Jorge Bucay
Mente Sana

No te identifiques con el problema


Imagina que tienes un hijo adolescentes que empieza a vivir su vida de una forma que no se adaptar a lo que tú desearías. Antes era un chico ejemplar y ahora comienza a hacer elecciones propias y no siempre "acertadas", a tu parecer haberse deteriorado, la comunicación se bloquea a veces y esto te hace sufrir. Incluso te deja sin energías para disfrutar de todo lo demás: tu relación de pareja, tus amistades, tu trabajo, tus libros...
El error Te has identificado con un conflicto, lo has magnificado y lo has convertido en el centro de tu vida. Lo estás gestionando mal y se está llevando todas sus energías, dejándote agotado, bloqueado e incapaz de disfrutar o experimentar cualquier otra cosa.
La solución Establece una distancia con el problema para ver elementos que desdramaticen tu experiencia, como por ejemplo: que simplemente está pasando por una etapa normal de adolescencia, que pásará, y que tenéis toda una vida por delante para vivirla de una manera más relajada ( y con nuevos y diferentes conflictos); que esta parte de tu vida es sólo eso, una parte, y que cuentas con muchas otras cosas gratificantes que disfrutar y de las que alimentar tu estado de ánimo.
Con una posición de distancia, seguramente, verás las cosas con más claridad, podrás aceptarlas y tomarás decisiones más adecuadas sin dejarte arrastrar por las emociones. Entonces serás capaz de apreciar todo lo bueno que posees y de no descuidarlo, así como disfrutar de los placeres de tu vida que, a la vez, servirán de alimento a tu optimismo, tu alegría, tu fortaleza y tu capacidada para desdramatizar.

Ante las adversidades ¡CRECE!


Después de una crisis, nunca volverás a ser quien eras. Te transformarás en una persona más fuerte o más débil: más evolucionada o resentida. Sólo tú determinas cómo será el cambio.
Ante una adversidad las personas actuamos de formas muy distintas. Algunas se enfadan, se revuelven y desean herir a los demás. A otras personas les ocurre lo contrario; se paralizan, se sienten tan desbordadas por la situación que ni siquiera son capaces de reaccionar. Y hay quienes se comportan como víctimas, culpan a los demás de haberles arruinado la vida, entran en una espiral de pensamientos y sensaciones infelices: "No hay derecho" "Mira lo que me han hecho ahora".
Pero también hay personas que se enfrentan a la angustia inevitable de su primera reacción, se orientan rápidamente en la nueva realidad y se adaptan a nuevos retos inmediatos. Reaccionan y, a menudo, entran en una espiral positiva de la que acaban saliendo más fortelecidas y mejor que antes. Son las que han hecho uso de la resilencia; la capacidad que tenemos para sobreponernos a las crisis, resolver conflictos y salir fortalecidos de la experiencia.

El resilente ¿nace o se hace?
Las personas resilentes sobreviven sin traumas al cambio constante. Esperan responder y confian en poder hacerlo. Para que tengan un truco para encontrar oportunidades de mejora en circunstancias en las que muchas otras personas sólo pueden ver mala suerte.
¿Y cómo lo han conseguido?
Hay quienes creen que una persona con tal resistencia nace así, y en ningún caso se hace. De hecho, es en la infancia y la adolescencia donde la mayoría de las personas consideradas resilentes han tenido la oportunidad de sacar recursos donde otras habrían desfallecido. Por ejemplo Boris Cyrulnik autor de los patitos feos, y divulgador del concepto de resilencia, logró huir de un campo de concentración en el que estaba destinado a desaparecer, y deambuló por centros de acogida hasta ir a parar a una granja de beneficencia.
Una experiencia que auguraba un futuro adulto convertido en una persona conflictiva con problemas mentales. Sin embargo, acabó convertido en un neuropsiquiatra, psicoanalista y experto de la etología humana. Es cierto que hay personas que nacen con grandes recursos de resistencia y habilidades, para la supervivencia, pero, según Al Siebert (autor de la Resilencia Construir en la adversidad, Alienta Optimiza), estos recursos se hallan al alcance de cualquiera, pues todo el mundo posee una presdisposición innata para resistir y sacar provecho de los cambios.

La mente, especialista en crear dramas
¿Nunca te has preguntado porqué las situaciones negativas de tu vida, especialmente en la infancia, tienen la capacidad de traumatizarte "de por vida" mientras que todas las muestras de amor, cuidados, atención fisica y apoyo emocional que has recibido parecen no ser suficientes para garantizarte la felicidad? Sencillamente, porque tiendes a identificarte con lo "malo" e ignoras todo lo demás, que, por otra parte, podría estar alimentando tu satisfacción, tu optimismo, tu confianza en ti mismo, tu resilencia. No se trata de una decisión acertada, pues actuar así puede dejarnos, fuera de juego cuando en la vida se nos presente un revés de gran magnitud dramática.
Según Miguel Ruiz (los cuatro acuerdos) la mente es especialista en crear dramas. Y en cuando no los hay, se los inventa. Y siempre encuentra algún pequeño conflicto que magnificar cuando no los hay de grandes. El problema es que tenemos una fácil tendencia a identificarnos con el drama, a darle protagonismo en nuestra vida, ignorando todo lo bueno, que tanto nos ha costado conseguir.

Marié Morales

Ejercita la asertividad



Aprender a decir NO incluso a los amigos

La amistad debe ser una relación de total libertad. Como dijo Jules Renard : Una persona libre es aquella que puede rehusar una invitación a cenar sin ofrecer la más mínima excusa. En la misma línea, Dominique Loreau, una experta en minimalismo que lo aplica, incluso, a las relaciones, remarca que “ en nuestra cultura es más aceptable ser cortés e hipócrita que franco y sincero”. Una costumbre a la que se opone y para la que nos muestra alternativas para aprender a negarte...

- Practica decir no. Si decir no te ocasiona alguna dificultad, proponte como objetivo hacerlo para poder decirte sí a ti mismo.

- Quita hierro al asunto. No pasa nada porque digas no. Si, por ejemplo, no quieres participar en una fiesta entre amigos, piensa que la persona que te invita no va a arrojarse a un precipicio sólo porque hayas dicho que no quieres ir.
- Sé tú mismo. No seas la persona que quieren o que crees que tú quieres que seas, sino la que tú quieres ser. Siendo asertivo, podrás establecer vínculos de amistad más fuertes y sinceros.
- Pon límites. En el caso de que te sientas moralmente obligado a aceptar, atrévete a contestar, por ejemplo: “De acuerdo, tengo disponible el viernes por la tarde, pero sólo hasta las ocho” o “Los siento, no tengo tiempo ahora, pero te llamaré en cuanto me sea posible”.
- Se conciso. Una explicación sencilla, dando el mínimo número posible de detalles, es la mejor manera de rehusar.

Perjuicios del perjuicio humano




Durante toda mi vida, por mi generación, por mi sexo y por mi profesión de socióloga primero y de psicóloga después, he sufrido los efectos de los prejuicios. En una época, ser mujer independiente era todo un desafío que requería vencer muchas resistencias. Si eras, además, joven y profesional, tenías un handicap que superar. Una debía realizar un sinnúmero de méritos para lograr el mismo – o incluso menor- reconocimiento y posibilidades laborales y económicas.

Cuando me divorcié, sentí que un estigma extraño había caído sobre mí y muchos me excluyeron automáticamente del circulo de amigos, porque ya no tenía pareja. Lo más extraño de todo fue lo rápido que volvió todo a la normalidad cuando volví a tenerla...
Una extraña devaluación o reevaluación se producía sobre mi persona....
Hoy, cuando voy a una reunión social estándar y las mujeres se separan extrañamente de los hombres... para hablar de sus cosas... Un incómodo silencio se produce cuando digo que no tengo hijos...
En estos últimos meses, he tenido la oportunidad de conocer varios países de Latinoamérica y sentí que me reencontraba con estos prejuicios aún más exacerbados. Los niños son mirados cono si fueran personas con derechos equivalentes a los adultos; los que tienen piel blanca son tratados con reverencia por los que no la tienen; la posesión de ciertas cosas materiales da derechos y legitima la calidad de la persona; son sólo falsas fachadas, pero que definen a inferiores y superiores sin que nadie hable ni entre en contacto.
Conocí hermosos seres humanos condenados a límites en su desarrollo por haber nacido sin el reconocimiento legal o en el que se llama “la cosa chica”. La doble moral y los derechos diferentes para hombres y mujeres son aceptados sin discusión.
¿Qué es el prejuicio? Es descalificar a las personas que comparten una misma categoría por cierto preconcepto o juicio negativo, lo que las condena a la condición de segunda categoría o subhumanidad.
Obviamente implica que hay otras, las que no tienen esa particularidad, que son superiores o verdaderamente humanos.
A partir de allí, ambos grupos se vinculan en relaciones de sometedor y sometido y, sin necesidad de conocer al otro, ya lo excluyo de mi vida definitivamente o me siento excluida.
Es una forma sutil de defender una manera de vivir diferenciando a quienes no la comparten, como si ellos fueran los equivocados y peligrosos, para el modelo de vida al que se pertenece. Así, la diferencia entre los seres humanos deja de ser lo que nos enriquece y se intenta una homogeneidad antinatural.
Obviamente, es uno de los principales recursos del autoritarismo y de la manipulación al servicio de intereses espúreos. El rumor que muchas veces se promueve y se alimenta, los corrillos por detrás, se basan en estas modalidades prejuiciosas, donde el afectado, quizá ni se entere.
¿Cuántas guerras se basan en estos perjuicios? ¿Cuánta violencia, separación y dolor han traído?
Hoy, las empresas, de marketing hacen uso del mismo perjuicio y la gente es calificada y elegida por una marca en su camiseta, en su automóvil, en su cartera en su fachada externa....
Y todos se desesperan por adquirir la marca de moda para no quedarse afuera.. Para no ser rechazado o, simplemente, para ser escuchado o tener la posibilidad de que lo escuchen, y así no ser invalidado antes de tener la oportunidad de mostrar quién se es.
Lo cruel y superficial del perjuicio es algo que puedes mirar en cualquier área o circunstancia de nuestra sociedad, de las familias y en lo individual.
La pertenencia a un club u otro, el lugar donde vives, dónde te vas de vacaciones, la profesión, la religión... En fin, todo puede ser usado para dividirnos y generar jerarquías falsas que nos dejan con“ la gente como uno” para creer que nuestra manera de vivir es la verdadera. Y evitar que alguien diferente me muestre otra realidad, tan valedera como la mía, y me lleve a cuestionarme, revisar o confirmar la propia, incorporando la variedad y la paridad en la diferencia como un nueva paradigma.

Berta Sperber
Licenciada en Sociologia- Psicologia y especialista en terapia Sistémica.

Juegos de proyección


Las relaciones son un asunto bastante complicado. Muchas de nuestras cuestiones emocionales psicológicas y conductuales no resueltas no son tan fáciles de reconocer. Si se dejan sin atender crean proyecciones y expectativas inconscientes y a menudo insanas, puestas en nuestra pareja. En otras palabras, nuestra pareja hace de espejo, que nos devuelve el reflejo de nuestras propias cuestiones por resolver.

Por ejemplo:
La víctima atrae a alguien que abusará de ella porque ella posee una baja autoestima. El inseguro bravucón necesita a alguién más débil que el para sentirse con poder.
El paciente necesita la enfermera para que lo cuide ( como hacía su madre) La enfermera necesita al paciente porque no tiene ni idea de qué hacer con su propia vida y quiere sentirse útil y necesaria.
La mujer que se queja constantemetne a su pareja (porque no se siente satisfecha con su propia vida) necesita una pareja que aparentemente lo haga todo mal y confunda la crítica con la atención.
¿Cuántas parejas viven juntas en un disfuncional juego de proyección y nunca llegan a realmente conocerse el uno al otro? Hasta que nosotors mismos no nos curemos de nuestras propias disfunciones se nos conducirá hasta personas como nosotros para tener la posibilidad de sanar y sanarnos juntas.
Si fuese posible pasar al otro lado del telón para obtener una visión más clara de nuestro plan de vida podríamos comprender estos roles desde un punto de vista completamente distinto. Nacemos con un plan que llevar a cabo que incluye aprender distintas lecciones. Pongamos que nuestra alma acordó con otra alma trabajar el tema del abuso. Visto desde este ángulo la pareja que abusa de nosotras/os está en realidad presentándonos un aprendizaje que nuestra alma pidió con el fin de dominarlo. Visto de este modo el abusadir se halla eb realidad a nuestro servicio. Sigue estando ahí la pregunta: ¿Somos capaces de aprender la lección ys eguir avanzando, o quedarmos atrapados en el papel de víctima.
Se ruega tener en cuenta: Esta teoría no pretende justificar un comportamiento de abusos. Por el contrario, constituye un intento de comprender por qué una mujer puede llegar a elegir repetidas veces a una pareja que abuse de ella.

Pamela S Field

Lo viejo frente a lo nuevo


Y vi un nuevo Cielo y una nueva Tierra... oí una
voz que decía que ya no habrá más muerte, ni pesar,
ni llanto, pues lo de antes ya ha pasado. Libro Esenio de las revelaciones.


A lo largo de estos últimos años han cambiado muchas cosas. Hay determinados pensamientos y patrones de conducta que fluyen con las nuevas energías y otros que fluyen contra ellas. Fluir significa saltar al río del que hablan los Hopi y confiar en la dirección de su corriente. Los verbos luchar, batallar o conquistar pertenecen al viejo sistema de creencias patriarcal. Más adecuados son los verbos fluir, confiar o rendirse. Ahora más que nunca, si luchamos contra algo atraemos eso hacia nosotros.

Viejo modo de hacer las cosas: Quiero inciar un negocio. Envío enormes cantidades de correo hago interminables llamadas telefónicas, saco una gran cantidad de publicidad y vuelvo a sentarme a esperar los resultados, ansiosa, algo temorosa. Me entra el pánico debido a la inversión económica que he hecho para lanzar este proyecto. ¿Y si no funciona? ¿perderé todo mi dinero?. Entonces ¿Qué haré? ¡Tiene que funcionar!. Impaciente y preocupada, espero resultados.

Nuevo modo de hacer las cosas: Pulo mi visión y clarifico lo que quiero ofrecer al mundo, a quién y de qué forma. Mi visión puedo no estar necesariamente dirigida únicamente a ganar dinero, sino que puede incorporar también algun proyecto creativo o algún objetico orientado al servicio. Una vez que tengo clara mi visión envío unos cuantos folletos publicitarios- menos cantidad pero más personalizados- tal vez pongoo un anuncio en una revista o periódico apropiados y me conecto con la fuente de infinitas posiblidades (Dios, Gran Espirítu, el Infinito, la fuente de la Creación, la Madre Diosa) y pido ayuda.
Hablo con otros acerca de mi deseo de que se manifieste esta visión. Me doy cuenta de que no se trata necesariamente de vender mi idea, sino más bien de transmitir mi pasión por ese proyecto a los demás con entusiarmo. Entonces paso a otra cosa, con con tranquilidad, mientras permito que mi proyecto se desarrolle, concediéndole la flexibilidad de manifestarse de la forma más apropiada.
La autointegridad y la congruencia (cumplir lo que se dice) envían al mundo un poderoso mensaje que, a su vez, atrae con precisión aquello que más te sirve. Es la ley cósmica de la resonancia: así como es dentro es fuera. Se trata del modo más eficaz de vivir en estos tiempos. Gran parte de lo que existe en el mundo es consecuencia de intentos mediocres, desganados y confusos. Así pues, cuando algo se crea con pasión, amor y creatividad, simplemente sobresale. La gente que vive su integridad y crea a partir de su pasión atrae la atención del mismo modo. Centra tus esfuerzos en alimentarte con tu autenticidad. De este modo tú resonancia (aquello que envias al mundo) atraerá hacia ti, facilmente y sin esfuerzo, todo cuanto mejor te sirva: la casa ideal, el trabajo ideal, la pareja ideal..etc.

Los niños y niñas que nacen en estos tiempos ( con un mayor número de codones activados en su ADN) representan claramente un nuevo tipo de humanos. Nuestros padres y abuelos podrían considerarse representantes de las viejas maneras. Algunos de ellos están haciendo significativos descubrimientos y logrando un importantísimo trabajo de sanacíón en sí mismos. Muchos, sin embargo, se hallan estancados en el pasado. Por supuesto, resulta mucho más difícil transformar 70 años de patrones sociales y familiares que transformar 30. Eso deja el lugar intermedio a nosotras. Nosotras estamos tanto sanando lo viejo como abriendo el camino para lo nuevo. Somos una especia de puente entre las generaciones. Nuestra tarea es limpiar lo viejo, de modo que la nueva generación no tenga que cargar con un equipaje tan pesado ni se vea obligada a tirar su magnífico esplendor dentro de la bolsa.

Pamela A Field

Obsesiones


Estos pensamientos generan ansiedad. Para bajar los niveles, la persona pone en práctica comportamientos o actos mentales que le permiten retomar sus tareas cotidianas. Pero, en verdad, no hacen más que aumentar el grado de obsesión. Un paso esencial y prioritario para tratar este problema es reconocer que se lo padece.

Las obsesiones son pensamientos impulsivos o imágnes recurrentes y persistentes inapropiadas e intrusas. Es decir, se le imponen contra su voluntad, causándole ansiedad o malestar significativos.
Para bajar el nivel de ansiedad, el individuo se ve obligado a realizar lo que se denomina "compulsiones" también llamdos "rituales" que son comportamientos o actos mentales repetitivos. Expertos en psicología, los califican de TOC como Trastornos obsevivo-compulsivo.

¿A qué edad comienza?
Según el DSM IV el TOC se inicia en la adolescencia o a comienzos de la edad adulta. No obstante, también puede comenzar en la etapa infantil. Suele aparecer de forma gradual. Su curso es crónico y los síntomas se exarceban en períodos estresantes.

Soy un obsesivo de la limpieza
Hay siete tipos de personalidades obsesivas:
1.- Lavadores y limpiadores:
Estas obsesiones están relacionadas con la contaminación a través de distintos objetos o situaciones. (Llevados al máximo grado)
Ejemplo: la persona se lava las manos con frecuencia e, incluso, puede llegar a lastimarse la piel; abre la puerta con una servilleta para evitar tocar el picaporte.
2.- Verificadores:
Realizan verificaciones de manera excesiva para evitar una posible catástrofe.
Ejemplo: la peronsa duda de si cerró la puerta o no. Esta incertidumbre es la que la lleva a comprobar una y otra vez.
3.- Repetidores:
Repiten una acción para evitar que ese pensamiento se convierta en realidad. Al igual que los verificadores, quieren evitar una posible castástrofe. La diferencia entre ambos es que, en los pensamientos repetitivos, no hay una conexión lógica entre la obsesión y la compulsión.
Ejemplo: la obsersión se da con la imagen mental de un ser querido muerto, la compulsión podría ser realizar la acción de vestirse y desvestirse repetidamente para prevenir que ocurra eso (pensamiento mágico).
4.- Ordenadores:
Necesitan la simetría y la precisión. Para ello, se aseguran de que las cosas que los rodean estén en el lugar correcto. Hay dos tipos de ordenadores:
-Con lentitud obsesiva: utilizan un tiempo exagerado para realizar una tarea sencilla.
-Con pensamiento mágico: Intentan prevenir dificultades: "Papá tendrá un accidente si no están las cosas en su lugar"
5.- Acumuladores o coleccionistas:
Guardan objetos inservibles por si algún día los llegaran a necesitar.
6.- Ritualizadores mentales:
Realizan compulsiones mentales (pensamientos o imágenes repetitivos) para disminuir la ansiedad que les generan sus obsesiones. Los rituales mentales reiterativos más comunes son; rezar, repetir palabras o frases, contar.
Ejemplo: si aparece la idea de que un ser querido puede morir, repite mentalmente ocho veces la palabra "bien" para que dicho familiar no se muera.
7.- Obsesivos puros:
Tienen pensamientos obsersivos perturbadores e incontrolables, pero no se entregan a compulsiones mentales ni motoras ( que impliquen comportamientos). Sus ideas son alarmantes, violentas, vergonzosas.
Ejemplos: tienen imágenes en las que realizan una conducta sexual incorrecta o perversa; temen dañarse a ellos mismos o a seres queridos (obsesiones agresivas).

Círculo compulsivo
Las compulsiones logran reducir en forma temporal la ansiedad, haciendo que la persona pueda retomar sus actividades cotidianas. Pero, sin embargo, hacen que las obsesiones adquieran cada vez más fuerza y que generen mayor ansiedad, para lo cual habrá que realizar con mayor intensidad los rituales y entrar así en un círculo vicioso de nunca acabar.
Por otro lado, las compulsiones tienen el objetivo de prevenir que ocurra algún acontecimiento negativo. No obstante, no siempre están conectadas de forma realista con aquello que pretenden prevenir. Por ejemplo, si la persona piensa que un ser querido puede morir, toca madera ocho veces para que esto no sucedad

Viviana Blas

La soledad ¿Cómo sobrellevarla?


Estar solo no significa necesariamente sentirse solo. A veces, puede ser un tónico saludable si se sabe cómo aprovecharlo. Además, siempre existen formas de encontrar y obtener apoyos emocionales que evitan el asilamiento.
La soledad nunca ha sido bien vista, especialmente si es el caso de una persona que nunca desea estar solo. No obstante, es tan importante darse el espacio para estar solo como para relacionarse con los demás. Ambas cosas son necesidades esenciales para encontrar el equilibrio y la felicidad.
Es una equivocación creer que la búsqueda de la soledad y los vínculos personales van por caminos distintos y que son contrarios. Brindarse momentos de intimidad con uno mismo es imprescindible para ganar ese espacio de reflexión creativa que, a veces, en la vida de relación se torna imposible.

Soportes afectivos
Para descubrir las ventajas que depara el estar a solas con uno mismo, es necesario tener conciencia de que contamos con una red de soportes emocionales, a la que puede acudir cuando la soledad genera ansiedad, aburrimiento, confusión y angustia. No obstante, es importante darse cuenta de que no todas las personas que nos rodean están capacitadas para responder a cualquiera de nuestras necesidades y que pueden cumplir distintas funciones.

Solitarios pero no aislados
El filósofo Jeffrey Kotler, sostiene que es importante que el hombre pueda estar solo, sin sentirse aislado, desamparado o desconectado del mundo. Hay que comprender que todos disfrutamos de un mundo privado, íntimo, que no compartimos con los demás.
Esta necesidad de espacio personal parece ser universal y, curiosamente, tiene raíces biológicas, ya que los humanos nos saturamos psíquica y físicamente del contacto agobiante con otras personas. En definitiva, el equilibrio más sano, es no estar ni tan cerca, que nos sintamos atrapados, ni tan distantes, que suframos por el aislamiento.
¿Cómo definimos la soledad?
En general, se define a la soledad cuando no es deseada, como la carencia de compañía: estado que es relacionado con sentimientos de tristeza, pesimismo... Para los especialistas en psicología, una persona está sola cuando no les satisfacen sus relaciones con los demás; o cuando simplemente le cuesta vincularse con otros individuos.

Cómo se clasifica:
Hay dos tipos de soledad:
La emocional
Aparece como consecuencia de una pérdida de un ser querido.. etc,.Es este caso, invade una sensación de profunda soledad (por el vacío que ha dejado) y de tristeza.
Es importante asumir y controlar el dolor, hacer el duelo y proponerse superarlo. La base para lograrlo es la confianza en uno mismo. A partir de esto, es posible restablecer nuevas relaciones, sin esperar que otra persona reemplace a ser querido.
Social
Está vinculada con aquellas personas que prefieren estar solas, a vencer el miedo de creer que quienes se les acercan lo hacen con alguna intención o esperando algo a cambio.
Dejar de lado la queja, estéril, combatiendo los pensamientos, negativos que afloran para vencer el temor a relacionarse. Evitar frases como:
No puedo cambiar mi forma de ser.
Nadie te ayuda cuando lo necesitas.
Siempre te decepcionan


¿A quienes afecta más?
Según estadísticas mundiales, el treinta y cinco por ciento de la problación entre veinticinco y cuarenta años vive sola. En tanto que, de acuerdo a la conclusión de varios estudios, siete de cada diez mujeres reconocen sentirse solas. Por su lado, una gran parte de los hombres también sufren la soledad, pero les cuesta mucho más aceptarlo y contarlo.


Salud alternativa

Derechos asertivos



Aunque la gente pueda opinar sobre nosotras, realmente las únicas personas que tenemos ese derechos, SOMOS NOSOTRAS MISMAS.

Tenemos derecho a NO DAR RAZONES, NI EXPLICACIONES, sobre nuestras actuaciones.

Tenemos derecho a decidir si queremos o no ayudar a solucionar los problemas de otras personas NO ESTAMOS OBLIGADAS.

Tenemos derecho a cambiar de parecer, opinión, gustos....

Tenemos derecho a cometer errores y a ser responsables por ello.

Tenemos derecho a decir “NO LO SÉ”.

Tenemos derecho a ser independientes anta la buena voluntad del resto de la gente antes de enfrentarnos con ella. NO ESTAMOS OBLIGADAS A ACEPTAR TODOS LOS FAVORES. PODEMOS DECIR NO GRÀCIAS.

Tenemos derecho a tomar decisiones “ilógicas” a veces.

Tenemos derecho a decir “ NO LO ENTIENDO”.

Tenemos derecho a decir “ NO ME IMPORTA”.

Tu pareja ideal es la que te quiere como eres


Esperar demasiado puede poner en peligro la relación.
¿Por qué soñamos con enamorarnos?
Porque creemos que con esa persona todas nuestras carencias van a quedar resueltas y que vamos a realizar todos nuestros deseos, En el trayecto que el hombre hace para construir su identidad pierde a una mujer que quedó en el inconsciente y que cree reencontrar cuando se enamora. La niña perdió a un príncipe azul que quedó sumergido en las historias de su infancia y que ahora reaparece en el hombre de sus sueños. En la pasioón hay un reencuentro con lo que hemos perdido.
La capacidad para amar se aprende en la infancia. El amor es una construcción, como lo es la identidad, y los principales materiales para organizar una buena relación amorosa provienen de nuestros primeros años de vida; durante esa etapa aprendimos: de cómo nos miraban; de lo que vimos, de cómo se trataban y querían las personas que nos rodeaban.
Cuando el aprendizaje nos conduce a elegir amores que nos hacen sufrir, podemos recurrir a un tratamiento psicológico y llevado a buen término es decir: hacer un repaso a nuestra historia afectiva nuestra propia forma de organizar los vínculos amorosos.
Cuando se ponen demasiadas expectativas en los demás es fácil que la decepción aparezca. Esperar mucho del otro puede estar relacionado con pedirle que cubra carencias que tenemos y que no reconocemos y que pertenecen a nuestra historia afectiva.
Otro problema es cuando la otra parte tiene mucho que ofrecerte; eso puede hacer que creas que tienes poco para dar; entonces sobrevaloras a la pareja y caes en la dependencia. Aunque hay diferentes matices, todos esperamos lo mismo: ser queridos tal y como somos y que el otro no nos pida más de lo que podemos dar.
Tendríamos que fijarnos en lo que el otro aporta y no pedirle lo que no puede proporcionarnos. Quizá aceptaríamos mejor esto si fuéramos más tolerantes con nosotoros mismos y también aceptaríamos mejor nuestros fallos en relación al otro. En definitiva, si nos conociéramos mejor y nos quisiéramos como somos.
La idealización es una condición del amor que hay que saber moldear con el tiempo, y sobre todo al principio de la relación. No se puede evitar: siempre admiramos a quien amamos. Y algo de eso permanece siempre tras un amor duradero. Lo que tenemos que saber es que va cambiando, va transformándose, al igual que nosotros.
Estoy convencida que el hombre o la mujer ideal si existen y podemos encontrarlos, pero en la medida en que no esperemos que se acomoden a una idealización. El hombre ideal para nosotros es el más adecuado a nuestras características psicológicas: el que nos acompaña en la vida y al que sabemos acompañar.. Ese al que sabemos querer como es y que nos quiere como somos. Y en el caso de los hombres ocurre lo mismo. Encontraremos el amor cuando hayamos aprendido a querernos y a no temer que el otro descubra nuestras inevitables imperfecciones. Entonces tampoco nos afectará descubrir las suyas.
El amor se compone de grandes cantidades de deseo, de unos gramos de ilusión y de una madurez psicológica adecuada que nos permita querernos como somos y organizar una identidad propia sin demasiados conflictos. Para amar a otros necesitamos estar de acuerdo con nosotros mismos y luego saber aceptar las diferencia que tenemos con nuestra pareja. Y que la soledad no nos asuste: si tenemos un mundo interno rico en pensamientos, recuerdos y proyectos, podremos disfrutar de la soledad y también compartir mejor nuestro mundo con la persona amada.
De que una relación sea duradera depende de que ninguno quiera convertir al otro en alguien distinto a quien es. Se trata de aceptarle con sus virtudes y sus defectos, de saber acompañarle en la vida y de que nos sintamos acompañados por él. También es importante que los dos sean afectivamente independientes y que no crean que su pareja va a resolver todos los conflictos.
Todos llegamos al amor con una historia previa que a veces entorpece la relación, porque no se han resuelto adecuadamente los conflictos afectivos.

Isabel Menéndez y Victoria Queipo
Autoras de: Dejemos hablar al amor,. Qué nos pasa cuando nos enamorarmos.

Promíscuos emocionales


Nada les duele más que estar solos. Buscan con voracidad nuevas relaciones, o están con varias personas al mismo tiempo, sin importarles si el vínculo que forman es beneficioso o destructivo. El tema es llenar todos los espacios posibles, para que la gélida soledad no se inmuscuya en sus vidas y les devuelva, como si fuera una espejo, el estado interno en el cual se encuentran. sin embargo, para empezar a llevar una existencia sincera y auténtica, el primer paso es entregarse a la verdad y empezara transitar el camino con madurez y fortaleza.
Hay personas a las que nunca vamos a ver solas. siempre tienen una nueva pareja, les surgen amigos como si brotaran del suelo, y van por la vida conociendo gente con un sentimiento casi compulsivo. Aprimera vista, su posición parece envidiable ¿Quién no desea amar y ser amado por todo el mundo? A pesar de esto, generalmente, las relaciones que establecen suelen ser pasajeras y poco perdurables. Por eso, en estos casos, es importante determinar si estas conductas reflejan necesidad de amor o es una huida de los propios miedos e inseguridades.
El amor y el miedo van de la mano
Estos dos sentimientos son coemergentes, es decir, cuanto más se ama más vulnerble se vuelve. Se puede decir que el miedo a sufrir es proporcional a esta entrega. Cuando una persona ama intensamente, inmediatamente surge el recuerdo, acerca de cómo experimentó este sentimiento la primera vez y, junto a él, el grado de dolor que la que le ocasionó este hecho. Esa antigua herida se reeditará en los vínculos que se formen en el presente. en algunos individuos, amar significa reencontrase con el miedo al abandono o al rechazo; mientras que, para otros, equivale a perder la libertad o, inclusive, a perderse en el ser amado. A pesar de todo esto, siempre se busca el amor, porque es la forma que tiene el alma de volver estar en comuninación con otra, creciendo en su camino espiritual y curando todas las cuentas pendientes del pasado.

Temor a la soledad y voracidad afectiva
Hay quienes no pueden estar solos bajo ninguna circunstancia por lo que buscan en forma compulsiva la compañía de alguien; al no poder darse espacio para reflexión, en la mayoría de los casos realizan malas elecciones.
Cuando no se tolera el vacio de la soledad, se tiende a llenarlo de personas, de actividades, de comida o de palabras, En este último caso, no se escucha al otro, porque lo único que se ofrece son monólogos o charlas centradas en uno mismo.
También es común entablar vínculos dependientes y caer en adicciones. La carencia afectiva es tan grande, que toda la vida gira en torno a cubrir esa necesidad y, en la desesperación, todo vale. Ahí es cuando surgen las relaciones emocionales promíscuas, porque en el afán de huir de la soledad, se elige estar con cualquiera que sea una compañía.
El otro deja de existir como persona para volverse una oreja, a quien contarle las propias experiencias. El tema es que, a la larga, esa utilizacíón que hace el individuo carente de afecto, hace que los demás se den cuenta y se terminen alejando.
Así es como surge la necesidad de buscar un nuevo apoyo emocional, volviéndose promiscuo en sus vínculos, ya que comparte su intimidad con varias personas para asegurarse de no estar solo nunca.


Formas de romper con el patrón promiscuo

Propia compañía:
Buscar ser el mejor compañero de uno mismo para poder, así disfrutar el estar solo sin sentir soledad. Se pueden escribir diarios o cartas en las que los destinatarios seamos nosotros mismos. Esto va creando una actitud más contenedora sobre los propios sentimientos.
Actividades individuales:
Buscar qué se puede hacer sin necesidad de que otra persona nos acompañe, por ejemplo, bailar, cantar, ver una película, leer un libro o realizar alguna actividad física.

Eliminar monólogos:
Escuchar al otro, olvidándose de uno mismo. Esto otorga comprensión y nos vuelve generosos, lo que se manifiesta en el hecho de saber escuchar y ayudar al prójimo en forma desinteresada. Las personas se sienten más cómodas cuando son valoradas genuinamente, sin estrategias manipuladoras, por lo que se fortalecen los vínculos.

Pedir ayuda:
Seguir alguna terapia, que sirva como guía para atender las propias necesidades y para saber cómo resolver las dificultades como un ser responsable.

Esencias florales para los promiscuos emocionales
Si se desea terminar con el miedo y reforzar el alma se recomienda

Heather Brezo:
El Dr. Bach describe la personalidad de quienes necesitan esta esencia: para aquellos que siempre están buscando la compañía de cualquiera que se encuentre disponible, ya que siempre necesitan discutir con los demás sus propios asuntos, sin importalles quién les escuche. Si tienen que estar solos, sea por el tiempo que sea, se sienten muy infelices.

Chicory- Achicoria: para aquellos que son sobreprotectores con los demás y necesitan dirigir y controlar a los que rodean. Siempre encuentran algo para corregir. Son posesivos y egoístas, con un apego excesivo a los seres queridos, Procuran mantener lazos de dependencia con los demás, para sentirse necesitados y queridos ( dan amor con la intención de obtener amor) Son muy serviciales.Se entrometen en las vidas y sentimientos de los otros, los organizan, critican, dirigen, corrigen.
Siempre le recuerdan al otro su gran ayuda o extrema generosidad. solamente se siente a gusto entre sus seres queridos. Sienten lástima de sí mismos cuando no consiguen lo que quieren. Experimentan sentimientos de ofensa y de dolor frente a la exclusión ajena.

Cómo se distingue cada personalidad
La persona que se beneficia con la variedad Heather-Brezo tienen un comportamiento típico de niño necesitado de afecto; suele establecer múltiples relaciones superficiales, sin ningún tipo de filtro. La manipulación de estos individuos suele traducirse en una especie de adherencia con los demás. Suelen decir frases del tipo si te quedas conmigo, te doy esto.

Las personalidades que requieren la esencia Chicory-Achicoria, se asemejan a una madre necesitada de dar, para lograr el reconocimiento. Son selectivas en las relaciones que establecen; sin embargo tejen un manejo sutil de los afectos, mediante el pase de factura y actitud posesiva que ejercen.

Gabriela Murgo