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Hay madres que no se fían de sus hijos


Su ámbito de excelencia son los crímenes, las agresiones sexuales, los asesinatos y la violencia de los hijos contra los padres. De esto último trató su primer libro, ‘El síndrome del emperador’, donde describió a los hijos tiranos. Ahora publica ‘Mientras vivas en casa’. Vicente Garrido (Valencia, 1958) es profesor de Psicología y Pedagogía Correccional en la Universidad de Valencia, y un punto de referencia español en el análisis psicológico de los niños muy violentos.


–¿Por qué una mujer denuncia ante el juez a su hijo adolescente?
–Normalmente, hay dos motivos: teme que abuse de un hermano pequeño, o que lo ataque de forma violenta; o bien, ella y su marido se sienten en peligro. Hay madres que no se fían de sus hijos. Cierran la puerta de su habitación por las noches. Temen que incendien la casa. Ven un riesgo inminente porque los mantiene bajo una amenaza insoportable.
–No habla de casos aislados.
–En absoluto. La Fiscalía General del Estado tramita cada año más de 6.000 denuncias de este tipo, y se considera que apenas representan el 10% de la realidad. Es difícil que las madres denuncien a sus hijos.
–¿Qué sucede para que un adolescente sano agreda a sus padres?
–Su objetivo siempre es tomar el poder. La edad predominante en este tipo de violencia son los 14 o 15 años, que es cuando el chico empieza a salir de casa y quiere obtener privilegios. Es cuando son más evidentes las cortapisas que implica el control paterno en su vida cotidiana. Ha de quedar claro que son muchachos bien cuidados, de familias que se han preocupado por su educación.
–¿Qué controles no toleran?
–Cosas muy básicas. No quieren que se les haga levantar a una hora determinada por las mañanas; no soportan ver los canales de televisión que los padres eligen; se niegan a comer lo que su madre cocina o a cuidar de un hermano pequeño. No les gusta ir a la escuela, ni tener que volver a casa a una hora concreta. Todo eso.
–O sea, las normas de convivencia.
–Exacto. Estamos hablando de chicos con un temperamento violento y dominador extremo, sin ningún apego hacia sus padres. No han vivido en un ambiente violento, ni en una familia desestructurada, pero se sienten muy poco vinculados con ellos. Eso les permite enfrentarse a las normas educativas de la familia sin el sentimiento de culpa o el remordimiento que tienen los niños que quieren a sus padres. No tienen dependencia afectiva.
–¿Y eso los lleva a ser agresivos?
–Eso, sumado a otra característica diferenciadora: tienen muy exagerada la fijación de sus metas. Desean más que otros disponer de más dinero, más tiempo libre..., eso figura entre sus máximas prioridades. Como las familias no son democracias, sino que aplican normas, cada vez sienten más la necesidad de rebelarse. Se dan cuenta de que no tienen dinero ni edad para vivir en otro contexto, y creen que la forma de hacer lo que quieren es tomando el poder.
–¿Cómo se llega a esa situación?–Muchos de estos casos afectan a madres solas, que no tienen tiempo ni saben cómo afrontar los primeros signos del problema, que suelen aparecer cuando el niño tiene 8 o 10 años. También se da en familias con padre y madre, pero es más fácil que el componente violento surja cuando no hay padre. La madre siempre es más vulnerable.
–¿En qué tipo de familias sucede?–Claramente, en las clases medias. Afecta a chicos que suelen ir mal en los estudios y, si no van mal, es porque son inteligentes, no porque se esfuercen. Abusan emocional y psicológicamente de su madre y de algún hermano pequeño. Poco a poco, pasan de ahí a los golpes con objetos y a las amenazas físicas.
–¿Esto es consecuencia de su carácter o de que han sido educados como el rey de la casa?
–No, no. Nada de rey de la casa. Precisamente, esos padres tienen problemas porque se oponen y se enfrentan a sus hijos. Se suele pensar que han sido permisivos, pero no es así. Lo que ocurre es que no han sido suficientemente hábiles para manejar a unos hijos que son muy difíciles. La permisividad paterna facilita la tiranía de un hijo, pero no la provoca.
–¿Es un fenómeno nuevo?
–No. Aunque nunca ha sido tan difícil educar como ahora. Niños con conductas violentas existían hace 40 años, pero vivían en un ambiente externo que les obligaba a mantener autocontrol. La sociedad ha perdido capacidad de socializar. Hay un debilitamiento en el poder de las familias para sacar adelante a los hijos en un entorno saludable. Su primera opción es acudir a la justicia. Se judicializa todo de forma exagerada.
–¿Qué aconseja a quien tenga un hijo dominante y violento?
–Nunca han de cederle la autoridad. Han de intentar, como puedan, que sus hijos desarrollen empatía. Que descubran que pueden ser valorados y poderosos siendo ejemplos positivos para los demás. Necesitan modelos éticos. Conviene incorporarlos a prácticas de voluntariado, a actividades que les generen sentimientos fuertes por ayudar a los demás.

El proceso de la violencia en la pareja


La violencia en la pareja puede adoptar tres formas principales: la física, la psicológica y la sexual. Cada una de ellas se expresa, a su vez, de diferentes maneras.
Por ejemplo, la violencia física se puede manifestar en forma de herida con arma de fuego o cortante, hematomas, quemaduras, rotura de dientes o huesos, halones (tirones) de pelo…
La psicológica puede incluir burlas en público o en privado, amenazas, obstáculos para la relación con familiares y amistades, insultos, intimidación con a mirada o el tono y el volumen de la voz, gestos de hostilidad, valoraciones negativas de su salud mental…
La sexual se manifiesta en la violación, prostitución forzada, la imposición durante el acto sexual de gestos conductas contra la voluntad de la mujer, la introducción de objetos punzantes o dolorosos en su cuerpo…
Estas tres formas de violencia no necesariamente se manifiestan aisladas una de la otra. La psicológica, por su parte, está presente de algún modo, en todas las situaciones.
Para la descripción del proceso de la violencia en la pareja se utiliza mayormente el modelo Ciclo de la Violencia (Walter 1980) que abarca las tres siguientes fases:

a.- Acumulación de tensión. Aquí se dan incidentes episódicos de roces y amenazas, saturados de ansiedad y hostilidad.
b.- Descarga de la violencia. Incluye la explosión de las hostilidades latentes en la fase anterior (pueden abarcar desde el empujón, la bofetada o el apretón de brazo, hasta el asesinato)
c.- Luna de miel. Estadio caracterizado por las expresiones de arrepentimiento, las disculpas, los regalos y las promesas de un futuro diferente y feliz.

Alrededor de este modelo giran diversas variantes del mismo. En una de ellas, la de La rueda de la Violencia (Sor Juana Inés 1996) se añade al Círculo de la Violencia clasico una fase central de negación de lo que ha pasado y de la posibilidad de nueva ocurrencia. En el centro de este modelo, figuran las relaciones de poder. Cada eje de la rueda representa acciones violentes, como expresión del ejercicio de poder y control realizado por la persona agresora. Sin incluir propiamente fases, alude especialmente a las tres dimensiones principales de violencia en la pareja: la física, la sexual y la psíquica.
El Efecto de la Bola de Nieve (Garro 1992) visualiza el proceso acumulativo de la tensión latente, que acaba desembocando en la violencia manifiesta.
Otros esquemas combinan el proceso de violencia interindividual con el de la violencia estructural. Es el caso del modelo Espiral de la Violencia (Garro 1992) que describe la secuencia de acumulación, agravación y expansión del proceso agresivo.
También incluye el concepto normalización de la violencia, que remite a un efecto de la repetición e imposición permanente de la misma. El proceso e Espiral incluye cuatro fases: la normalización, las conductas violentas, la repetición y la adaptación que reconduce cíclicamente a la normalización. Este modelo combina los componentes personales, estructurales, al tiempo que los manifiestos y los latentes del proceso de violencia.
El caso de la violencia psíquica es el menos estudiado. El proceso de la violencia en esta dimensión se desarrolla también en espiral y por fases:
Siguiendo, por analogía, el modelo de la estructura de una planta, hay una fase inicial de semilla de la violencia. Todo empieza con críticas sutiles, justificadas con expresiones te lo digo por tu bien…
En la segunda fase, emerge ya el tallo, con las ramas y las hojas: la repetición del juego anterior va acompañada de malestar creciente ( por lo que se vive) y de resistencia (por lo que se percibe), además de confusión, desorientación y sentimientos de culpabilidad.
En la tercera fase surge el capullo que se convierte en flor. Equivale a la fase de explosión del modelo Ciclo de la Violencia. Las formas más sutiles de violencia psíquica se hacen visibles de las formas más diversas, como las miradas y los gestos amenzadores o las burlas más constantes en privado y en público.
La cuarta fase es la raíz. En ella la violencia psíquica arraiga en la mentalidad de la mujer. Esta, una vez la ha internalizado, presenta las señales del maltrato psíquico. No consisten en hematomas o heridas visibles fisicamente, sino en manifestaciones de comportamiento en forma de autoanulación, pasividad, autoestima negativa, aturdimiento, trastornos psicosomáticos etc.


Te pego porque te quiero. Leonor M Canteras Espinosa

Un tirano en casa


Cada día se suceden casos de violencia sexista doméstica -la mal llamada de género y/o de géneros- abrumadora y mayormente contra las mujeres. Un mínimo de seis víctimas diarias -cinco son mujeres frente a un caso masculino- sufre agresiones físicas de su cónyuge dentro del hogar. Las denuncias de padres contra hijos por maltrato, amenazas y violencias verbal, física y psicológica; se han multiplicado por término medio y en general hasta ocho veces más en tan sólo cuatro años. Existen zonas y regiones que han batido el récord. El porcentaje se multiplicó hasta catorce veces más respecto a las medias estatales. Algo preocupante, grave y muy serio. Un dato escalofriante indicador de que está fallando todo el sistema. Fallan la sociedad, la colectividad y el individuo.

Las tensiones familiares -cada vez mayores y más virulentas- junto a una mayor ineptitud de los padres respecto a épocas anteriores al estar obligados a afrontar más dificultades a la hora de conciliar la vida familiar y laboral -sobre todo en el caso de la mujer-, el incremento de rupturas de familias por separaciones y divorcios -más bien por el desamparo y depresiones de los hijos- y la ausencia de culpa o de conciencia de la mayoría de jóvenes; parecen ser las principales causas de la violencia doméstica entre hijos y padres y el motivo del denominado 'sindrome del emperador' que muchos adolescentes padecen y bajo cuyos síntomas actúan insultando y golpeando a sus padres, comportándose como auténticos déspotas y tiranos, al igual que lo fueron con sus súbditos, los césares o emperadores de la Historia. Para la psicología actual, de este síndrome o perturbadora conducta de los jóvenes solo se conoce una reducida parte, por lo que se está en la punta del iceberg de un complejo, extenso, profundo y vasto problema. De ahi que hayan múltiples causas de la existencia del 'sindrome del emperador' como: la necesidad de invertir más tiempo en la actualización profesional, el absentismo escolar, el fracaso en los estudios, la crisis de valores y de principios, la excesiva comodidad y confort del estado del bienestar que provoca exagerado materialismo dañino, etcétera.

Lo más grave es que el 'síndrome del emperador' no sólo afecta a niños y adolescentes de familias pobres, incultas y problemáticas, -caldos de cultivo idóneos- sino también a aquellos en cuyos hogares contrariamente hay economía, cultura y formación y no se dan episodios de violencia -ni entre la pareja ni de ésta contra los hijos- Esto es, entre un 10 y un 20 por ciento de la casuística general. Y los padres de este porcentaje son padres modelo o correctos a los que no se les puede acusar de fomentar la violencia, por poco extraordinarios o corrientes que puedan ser, o por muy tolerantes y consentidores que sean. Por ejemplo, son más de 5.500 los padres de España que interpusieron denuncias contra sus hijos en la región valenciana por maltrato y violencia en el hogar ante los juzgados entre enero y septiembre de 2005. Padres e hijos de todas las edades. No solo adultos contra adolescentes. Incluso padres ancianos contra hijos ya más que adultos. Tal como está la situación, por muy buenos padres que seamos, de repente se nos puede volver 'rana' u 'oveja negra' nuestro mejor hijo. Y es que cualquiera podría tener un tirano en casa.

Josep Esteve Rico Sogorb

Venezuela- Existe la ley, toca aplicarla


Existe la ley, toca aplicarla" Erradicar la Violencia Doméstica en Venezuela.

Venezuela ha dado algunos pasos significativos en el camino hacia la erradicación de la violencia contra las mujeres. Concretamente, dos han sido las leyes que han tenido especial incidencia en el fortalecimiento del acceso de las mujeres a los derechos humanos. La primera,la Ley sobre la Violencia hacia la Mujer y la Familia, de 1999, y la segunda, la reciente Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, aprobada en 2007 (en adelante, Ley de 2007), que sustituye a la anterior. Ambas se tramitaron con el actual gobierno, y en ambas se constatan carencias en su implementación, para pasar de meras palabras a hechos realmente prácticos, siendo poco lo que se ha realizado desde que la primera ley entró en vigor.

http://www.observatorioviolencia.org/upload_images/File/DOC1226913904_venezuela-erradicar-la-violencia-domestica.pdf

Una visión feminista sobre la violencia feminicida


La antropóloga mexicana Marcela Lagarde dijo en Madrid que los crímenes contra niñas y mujeres 'tienen que ver con un problema de los hombres' ya que la violencia de género 'es constitutiva de la condición del género masculino'.

En el marco de la inauguración del seminario iberoamericano sobre asesinatos de mujeres en Casa de América, Lagarde pronunció la conferencia 'Una visión feminista sobre la violencia feminicida', en la que explicó el fenómeno de los crímenes contra las mujeres y niñas en México.

En los últimos 15 años, sólo en Ciudad Juárez, en el estado mexicano de Chihuahua, se produjeron 400 feminicidios de niñas y mujeres. En 2004, según las cifras oficiales de 30 de los 32 estados del país, 1.205 niñas y mujeres fueron asesinadas, lo que supone una media de 4 víctimas diarias, o lo que es lo mismo, una niña o mujer cada seis horas. En total, desde 1999 hasta 2005, las cifras oficiales reconocen más de 6.000 feminicidios.

Por feminicidio, Lagarde entiende el 'conjunto de violaciones contra los derechos de las mujeres', que incluye cualquier acto o conducta tendente a ocasionar daño a niñas y mujeres, 'que en ocasiones culmina con la muerte violenta'.

'Lo peor de todo es la impunidad que permite una situación de ilegalidad que contribuye a poner en riesgo la vida de las niñas y las mujeres', estimó la antropóloga mexicana.

Los crímenes contra mujeres, sostuvo, tienen que ver con un problema de los hombres, porque la violencia de género es constitutiva de su condición de género. Añadió que los hombres mexicanos necesitan mostrarse como seres violentos desde su infancia, porque si no se les considera poco hombres.

Según Lagarde la violencia de género es una 'política patriarcal de dominación estructural que está basada en el sexo y la sexualidad', lo que contribuye a 'reproducir el dominio, la opresión y la supremacía'.

'La violencia es estructural', ya que se puede probar que es mayor o menor en función de las cifras de 'exclusión', 'monolingüismo', los límites del uso del tiempo y del espacio', acotó.

En ese sentido, consideró que en la sociedad las mujeres ocupan un lugar 'semihumano y semiciudadano', un puesto 'secundario, subalterno y subordinado' que se les asigna de manera patriarcal.

Por parte de las autoridades mexicanas, la antropóloga denunció que ese patriarcalismo existe incluso entre quienes tienen la potestad de administrar justicia, ya que ellos tienen una 'visión misógina' del problema y en ocasiones muestran a las víctimas como culpables o responsables de la agresión padecida.

Asimismo, explicó que la violencia 'busca el control de las mujeres como género' funcionando como una manera de educación ejemplarizante a través del 'daño y debilitamiento para producir miedo y sufrimiento'.

Algunos hombres, prosiguió, gozan provocando miedo y dolor no sólo físicamente sino en las extensiones de la persona, tales como la vestimenta, los hijos, la corporalidad, sus bienes, entre otros, lo que 'provoca una limitación de las potencialidades' de la mujeres.

Sobre el caso de Ciudad Juárez, Marcela Lagarde afirmó que en base a las investigaciones realizadas, no es el peor caso en México, ya que en otros estados o incluso en el mismo estado de Chihuahua hay municipios con un índice de feminicidio mayor que en la citada localidad. Sin embargo, insistió en que no se deben comparar cifras absolutas sino analizar el número de mujeres asesinadas por cada 10.000 habitantes.

'Al investigar Ciudad Juárez se descubrieron otros caso iguales o incluso peores', dijo. Ese es el caso de los estados de Quintana Roo, Guerrero, Acapulco, Chiapas, Nayarit y México (estado), así como el cercano país de Guatemala.

Afirmó que en todos estos casos se observa que los feminicidios tienen 'una estrecha relación con el clima de ilegalidad e impunidad'. Para luchar contra este fatal fenómeno, que aseguró no sólo es propio de determinados hombres psicópatas --como en ocasiones se señala-- sino de todos en general, es fundamental la colaboración de las autoridades legislativas y judiciales. En la tarea, explicó que es principal la labor de los medios de comunicación 'para la lucha de conseguir que la causa de la vuelta al mundo'.

Además, Lagarde señaló que el papel del Estado es crucial porque 'si no es democrático, entonces normaliza y ejerce la violencia contra las mujeres' y garantiza la impunidad de género. 'El estado que no garantice la vida, la libertad y los derechos para las mujeres no es democrático', opinó.

Finalmente, recordó que también se debe lograr reducir y eliminar la gran desigualdad de las mujeres, porque además del feminicidio hay otro tipo de muertes 'que si son evitables y prevenibles, también se consideran muertes violentas'.

Entre ellas señaló las muertes por accidentes de tráfico o accidentes domésticos, los suicidios en lugares donde no hay altos índices de homicidios de niñas y mujeres, los atropellos o las muertes maternas'.

Feminicidio en Guatemala


Hilda Morales es una guatemalteca que ha consagrado su vida a la lucha por los derechos de la mujer. Se hizo merecedora del premio Embajadora de Conciencia 2004 de Amnistía Internacional, por su interés en el cumplimiento de la ley contra la violencia intrafamiliar y otras formas de violencia contra la mujer, así como en la forma más extrema de violencia: los femicidios.

¿Cuáles son los datos que se tienen oficialmente del femicidio en Guatemala?
En 2001 se reportaron 222 casos y en 2008 se han superado los 600 asesinatos, algunos con signos de ensañamiento y depravación; otros cadáveres mutilados, con señales de violación, y algunos descuartizados. En un período de siete años suman por lo menos 3.500 asesinatos de mujeres.

¿Quiénes cometen femicidio en Guatemala?
Se presume que son, en su mayoría, los cónyuges, ex cónyuges, convivientes, ex convivientes, novios o ex novios, integrantes de pandillas y agentes de la Policía Nacional Civil.

¿Es el femicidio consecuencia únicamente de la violencia intrafamiliar?
En Guatemala, además de la violencia intrafamiliar, otra posible es el acoso sexual, pero también ocurre en el contexto de los ritos grupales, usando o no armas de cualquier tipo.

¿El machismo arraigado en los países latinoamericanos conduce al femicidio?
Por supuesto, porque el machismo exacerba las históricas relaciones desiguales de poder que existen entre hombres y mujeres.

¿Hay diferencia, en el uso, entre uno y otro término?
Prácticamente no hay diferencia. La mexicana Marcela Lagarde dice que feminicidio es una especie de delito impune en donde las víctimas son un colectivo de mujeres, en una determinada época de la historia de la humanidad y en un lugar determinado, por tanto el Estado es responsable.
En el femicidio, según la Convención de Belém do Pará, el Estado es responsable de la violencia contra las mujeres, sea individual o colectivo, en tanto se tolere, no se le persiga, no se investigue, o sean actos cometidos por los agentes de autoridad.

¿Debería unificarse el término femicidio en los países latinos?
No importaría que se denominaran femicidio o feminicidio, con tal de que los hechos se investigaran y se castigara a los culpables. No obstante, desde el punto de vista jurídico, es indispensable que se denomine ese problema con un solo término.
En el caso de Guatemala, ya se logró, a través de la Ley contra el femicidio y otras formas de violencia contra la mujer.

¿Aconsejaría a cada uno de los países latinoamericanos tener una ley contra el femicidio?
La deberían emitir, por lo menos aquellos donde el número de femicidios es evidente y se incrementa cada vez más, tal como sucede en Centroamérica.

¿Cuál es la experiencia en Guatemala tras la aprobación de la ley contra el femicidio?
El sector justicia respondió inmediatamente, tomando medidas para aplicar la ley. No obstante, la reacción de columnistas de varios diarios del país, fiscales, jueces y abogados que ejercen en la vía privada la profesión, son peyorativas para el texto de la ley y para quienes la impulsaron.
El rechazo se debe, en parte, a la formación jurídica bancaria y positivista que sacraliza el derecho escrito en el marco de una legislación, que desconoce los derechos de las mujeres y que, en términos generales, la estimula a través de conceptos obsoletos.

¿Considera que los administradores de justicia no tienen bien claro el término femicidio y eso impide el avance en la resolución de casos?
Poco se sabe de los casos que han llegado al Ministerio Público y menos de los tribunales de justicia. La ley fue emitida en abril de este año (2008) e inició su vigencia en el mes de mayo; sin embargo, no es tanto en la ley donde se encuentran los obstáculos, sino en la falta de investigación científica y de equipo y laboratorios especializados en el análisis de las evidencias. También la cobertura del equipo de la escena del crimen es limitada.

Observatorio de la Violencia

Manifest del dia internacional per la erradicació de la violència envers les dones- 25 de Novembre 2008


LA VIOLÈNCIA MASCLISTA: UN PROBLEMA DE TOTES I TOTS
Avui, Dia Internacional contra la violència envers les dones, les institucions públiques de Catalunya, el Govern de la Generalitat, les diputacions i els ajuntaments, volem expressar el nostre condol per la mort de Rebeca, Sanae, Rosa, Fostine Marine, Fàtima, Federica, Diana Gisela,Fuensanta i una nena de 6 anys.

Víctimes de la violència masclista a Catalunya aquest any 2008. Una violència que, a més d’atemptar contra els drets fonamentals de les dones, la seva autonomia i llibertat, constitueix un atac frontal contra els fonaments de qualsevol societat, i minva la integritat individual i col·lectiva de totes les persones que la integren.
Volem, també, renovar públicament el nostre compromís quotidià en
l’eradicació d’aquesta violència, al mateix temps que volem transmetre un alè d’esperança atès que, malgrat la persistència de la violència en la nostra societat i en la vida de les dones, avui gaudim de noves eines que els reconeixen més drets i comptem amb més instruments per fer front a aquesta problemàtica.
L’aprovació per unanimitat per part del Parlament de Catalunya, el passat mes d’abril, de la Llei del dret de les dones a eradicar la violència masclista, una llei integral sorgida de la participació i experiència de les mateixes dones que han viscut situacions de violència, així com dels grups de dones, partits polítics i
agents socials implicats en aquest greu problema social, representa un importantíssim pas endavant en el seu abordatge.
Per tot això, les institucions públiques de Catalunya continuem expressant :
- La nostra condemna a totes les manifestacions de la violència masclista, ja que es tracta d’un atemptat contra els drets humans i, com a tal, ha de ser considerat socialment intolerable.
- Els nostres esforços vers la sensibilització i detecció de qualsevol situació de violència contra les dones. En aquest sentit, resulta essencial continuar generant estratègies educatives allunyades dels estereotips sexistes, treballar en la prevenció de la problemàtica, de manera especial, amb la població jove, així com potenciar el paper pedagògic dels mitjans de comunicació social.
- La necessitat de continuar avançant en la implantació de la perspectiva de gènere i de les dones per tal que aquestes puguin gaudir plenament dels seus drets de ciutadania, tot avançant en el foment de la seva participació en les polítiques públiques.
- La prioritat de seguir treballant per atendre totes les dones que pateixen violència i els seus fills i filles, esmerçant tots els recursos necessaris.
- La importància de millorar els mecanismes de coordinació, col·laboració i cooperació entre tots els àmbits públics i privats competents i responsables respecte l’abordatge de la violència contra les dones.
Finalment, encoratgem a totes les dones que es trobin en qualsevol situació de violència masclista que reclamin tot l’ajut que necessitin. Demanem a tota la societat la tolerància zero davant de qualsevol manifestació d’aquesta violència. És un problema de totes i tots.

Las terapias



Estas en buenas manos con aquellas terapias que:
Te hacen sentir cómoda y segura.
Te escuchan.
Empatizan contigo
Son sensibles a lo que sientes y necesitas
Te guian activamente hacia tu cambio de conducta de una manera constructiva
Sientes que existe una retroalimentación
Activan sistemas para protegerte
Ofrecen credibilidad a tus narraciones de maltrato y agresiones
No son paternalistas y tienen contigo unt rato igualitario

No estás en buenas manos con aquellas terapias que:
Emiten juicios sobre tu conducta.
No creen tus relatos.
Te hacen sentir como tu pareja (abuso de poder, manipulación emocional)
Te culpan de lo que sucede
Te acusan de provocarlo
No estimulan tu independencia
No comprenden el miedo y el terror
Te piden que seas paciente con el maltratador
Subestiman las consecuencias del maltrato
No te ofrecen información
Creen en los roles tradicionales impuestos a las mujeres
Prolongan el tratamiento y cobran honorarios desmesurados.
Te aconsejan que no denuncies al maltratador
Te aconsejan terapia de parajea.
Te proponen mediaciones

Asertividad
En vez de decir
Yo puedo
Di:
Voy a intentarlo
En Vez de decir:
Soy una estúpida, una idiota, una cobarde"
Di:
Estoy aprendiendo muchas cosas, es normal que me equivoque
G.C Ferreira

La trampa de los falsos indicios:

El único tratamiento terapéutico con los agresores sexistas es el preventivo, es decir impidiendo que lleguen a ser violentos sexistas.
Rojas Marcos


No te dejes seducir por promesas que no puede cumplir
Cuando la violencia ha desbordado el ámbito privado (denuncias..) y el maltratador percibe que inicias acciones para romper la situación de abuso, comenzaran las promesas de cambio.

Es muy peligroso que aceptes este juego porque estarás dándole argumentos para que no se sienta responsable de sus actos y creándote expectativas de que cambiará si modifica conductas que realmente ni son la causa de que te maltrate.

La trampa de las flores
Sobornos encaminados a que regreses. Se volverá amable, seductor y hará durante un tiempo todo aquello que te niega habitualmente. Por ejemplo "te llevará" al cine si te gusta, saldrá menos con sus amigos, te hará regalos.

La trampa espiritual
Promete cambios, por ejemplo si es católico visita la iglesia con frecuencia haciendo entender que su cambio está en manos de Dios.

La trampa de la sobriedad
Si deja de beber dejará de pegarme si, además, es alcohólico promete e incluso inicia tratamientos de desintoxicación haciéndote crrer que te agradece por culpa del alcohol. Esto no es cierto, el alcoholismo es una dependencia que ni genera por sí misma violencia.

La trampa del excelente
Cambia su comportamiento con los hijos, les atiende y les hace regalos en un intento por manipularles. REcuerda que ser un buen padre es estar comprometido con la educacuón y el desarrollo de los hijos/as de una forma contínua y equilibrada sin utilizar los chantajes.

Trampa del tratamiento a matratadores:
Algunos violentos inician tratamientos terapéuticos con el único fin de que regreses.
Tan solo el 1% acude voluntariamente a terapias sin condiciones.
Algunas administraciones crean una falsa ilusión en las víctimas haciéndoles creer que estos programas tienen éxito. En todos estos casos en lo que te prometa cambios de comportamiento, has de recordar que no debe ponerte condiciones: es muy habitual que los maltratadores sugieran iniciar tratamiento si tu regresas.
Es una trampa y un chantaje que le reforzará si lo consientes.

Violencia familiar II


Agresión
Es la conducta mediante la cual la potencialidad agresiva se pone en acto. Las formas que adopta son disímiles: motoras, verbales, gestuales, posturales, etc. Dado que toda conducta es comunicación, lo esencial de la agresión, es que comunica un significado agresivo. Por lo tanto, tiene un origen (agresor) y un destino (agredido).

Según sea el objeto, puede tratarse de una autoagresión o de una heteroagresión: siempre existe una direccionalidad en la conducta agresiva.
Un golpe, un insulto, una mirada amenazante, un portazo, un silencio prolongado, una sonrisa irónica, la rotura de un objeto, para que puedan ser definidas como conductas agresivas deben cumplir con otro requisito: la intencionalidad, es decir, la intención, por parte del agresor, de ocasionar un daño.

Durante mucho tiempo, los investigadores de la conducta humana, retrasaron la comprensión del problema al tomar como punto de partida para el estudio de la agresión las investigaciones realizadas en el campo de la conducta animal, extendiendo luego las conclusiones a la esfera de lo humano. Como señala Montagu: 3

Las gentes que escriben tales libros, extraen sus pruebas de la ciencia de la conducta animal, llamada etología, y algunos de esos escritores, figuran entre los primeros etólogos del mundo. En muchos casos sus estudios, son cuidadosos y detallados, y constituyen grandes contribuciones a nuestro conocimiento sobre el modo en que se comportan sus sujetos. En la mayoría de los casos, no hay disputa en cuanto a la calidad de ese trabajo, ni en cuanto a su importancia. Hay un profundo desacuerdo, en cambio, respecto de las fáciles analogías que estos escritores han hecho entre genes y conducta de los peces, por una parte, y conducta de los seres humanos, por otra.

Una de las características de la conducta agresiva de los animales es que es predecible a partir del conocimiento de la configuración instintiva de cada especie. Por ejemplo, las aves reaccionan con agresión frente a la presencia de un objeto extraño que se acerca a su nido. El instinto de defensa de la territorialidad marca un camino que siempre será transitado en presencia de un estímulo que lo desencadene.

Ésta es una ley que no se verifica en el caso de los seres humanos: frente a un mismo estímulo, diferentes personas reaccionan de modos disímiles, y aun la misma persona, en circunstancias distintas, puede comportarse de maneras opuestas.


Desde diversos marcos conceptuales, se ha intentado dar cuenta de esta disparidad. Por ejemplo, la teoría psicoanalítica ha contribuido a discriminar los conceptos de instinto animal y pulsión humana, señalando que la pulsión (tanto agresiva como sexual), busca su objeto, pero no está ligada a ningún objeto fijo. De tal modo, las vicisitudes de cada recorrido pulsional dependerán de la constitución singular de cada sujeto.


Con la emergencia del paradigma cognitivo en psicología, comienza a echarse una nueva luz sobre estos fenómenos: el ser humano no reacciona frente a los estímulos, sino frente a la interpretación que hace de ellos. Es decir, para poder entender una conducta agresiva, al observador externo no le resulta suficiente conocer la situación donde tal conducta se produce; necesita saber cuál es el significado que el sujeto le adjudica a esa situación.


Muchas conductas agresivas resultan incomprensibles si sólo nos atenemos a los datos “objetivos” (por ejemplo, un hombre entra en su casa y comienza a proferir insultos y a romper objetos).
Durante mucho tiempo, se recurrió a la vaga noción de “conductas impulsivas”, lo cual implicaba adjudicar el origen de la conducta agresiva a la existencia de “impulsos”, categoría pobremente definida y que nos dejaba inermes, ya que tales determinantes provenientes de una epistemología esencialista, no ofrecen muchas perspectivas de cambio.


En vez de sostener que el ser humano tiene pulsiones agresivas o impulsos, podemos decir que lo específicamente humano es que el sujeto construye permanentemente su realidad, adjudicándole significados, en función de los cuales se estructuran sus conductas. Dado que los significados no son entidades estáticas e inmutables, el cambio es posible (aunque no siempre sea probable).


Generalmente se define a una persona que exhibe un repertorio habitual de conductas de heteroagresión como “agresiva”. Sucesivamente, se ha buscado la explicación de tales conductas en disfunciones cerebrales, en la configuración pulsional del sujeto o en los estímulos “provocadores” del medio.


Desde una perspectiva constructivista, en cambio, la explicación no es sencilla, ya que implica penetrar en la compleja red de significados que, desde su particular estilo cognitivo, cada persona ha ido atribuyendo a la realidad circundante.


Simplificando, podríamos decir que una persona “agresiva” es aquella que tiende a percibir los datos de la realidad como provocadores o amenazantes y, frente a tal construcción cognitiva, reacciona con conductas de ataque y defensa.


El hombre de nuestro ejemplo, entra en su casa insultando y rompiendo objetos en función de determinadas ideas o creencias, que a su vez, generan sentimientos de hostilidad. Tal vez haya estado elaborando cognitivamente sucesos de los últimos días que le ocasionaron sentimientos de frustración, llegando a conclusiones tales como “nadie me entiende, todos están en mi contra, nada me sale bien, si no me valoran es porque no valgo nada, quieren usarme y aprovecharse de mí, les voy a demostrar quien soy ... “. Como resulta obvio, un observador externo, no puede entender la conducta visible. Entonces se recurre a las simplificaciones: desde el conocimiento vulgar, se dice “está loco”; desde cierto discurso psicológico, tal vez se recurra a nociones tales como “débil control de los impulsos”, “estado de emoción violenta”, etcétera, que en realidad siguen sin explicar nada. Pero las conductas de agresión, no se vinculan sólo a significados individualmente organizados. El hecho de que muchas personas reaccionen agresivamente frente a circunstancias similares, nos remite a la existencia de significados culturalmente estructurados, que muchas veces adoptan la forma de mitos, prejuicios y creencias, compartidos por quienes pertenecen a una misma cultura o subcultura. Por ejemplo, las agresiones dirigidas hacia negros, homosexuales o judíos, se inscriben en el contexto de un sistema de creencias que incluye los prejuicios raciales y sexistas como premisas. Las a conducta emergente, resulta congruente con dicho sistema de creencias.

Significados cultural o individualmente construidos son elementos indispensables para la comprensión de la estructura de la conducta agresiva.

Maltrato a ancianos

Puede ser definido como todo acto que, por acción u omisión, provoque daño físico o psicológico a un anciano por parte de un miembro de la familia. Comprende agresiones físicas, tratamiento despectivo, descuido en la alimentación, el abrigo, los cuidados médicos, el abuso verbal, emotivo y financiero, la falta de atención, la intimidación, las amenazas, etcétera, por parte de los hijos u otros miembros de la familia.

Violencia familiar I


UNA MIRADA ABARCATIVA SOBRE EL PROBLEMA DE LA VIOLENCIA FAMILIAR

El fenómeno de la violencia y el maltrato dentro del ámbito familiar no es un problema reciente. Los análisis históricos, revelan que ha sido una característica de la vida familiar tolerada, aceptada desde tiempos remotos. Sin embargo, algunas décadas atrás, expresiones tales como “niños maltratados”, “mujeres golpeadas” o “abuso sexual” tal vez habrían sido comprendidas, pero no consideradas como sinónimo de graves problemas sociales.

Hacia fines del siglo XIX, factores como la industrialización, la urbanización y la inmigración contribuían a la emergencia de nuevos problemas sociales, a la intensificación de los ya existentes y a nuevas formas de conciencia pública, acerca de ellos. La incipiente difusión de pensadores liberales contribuía a la emergencia de sentimientos de responsabilidad social. También nacía el movimiento feminista que, desde el comienzo, impulsó iniciativas en el orden de las reformas sociales.

En aquel momento, la principal causa de inquietud era la explotación de los niños en el ámbito laboral. De ahí que se fueran gestando las primeras leyes tendientes a asegurar la protección de la infancia. Los tímidos intentos por lograr medidas similares para el maltrato hacia las mujeres resultaron infructuosos.

La violencia familiar, comenzó a tematizarse como problema social grave a comienzos de los años 60, cuando algunos autores describieron el “síndrome del niño golpeado”, redefiniendo los malos tratos hacia los niños. El tratamiento periodístico de estos casos, en una época en que los medios de comunicación comenzaban a mostrar su poder de penetración, contribuyó a generar un incremento de la conciencia pública sobre el problema.

En el comienzo de los años 70, la creciente influencia del movimiento feminista resultó decisiva para atraer la atención de la sociedad sobre las formas y las consecuencias de la violencia contra las mujeres.

Progresivamente, se comenzó a descorrer el velo sobre otros fenómenos mucho más extendidos de lo que se creía, por ejemplo, el abuso sexual hacia los niños y las diversas formas de maltrato hacia los ancianos.

Hasta no hace mucho tiempo, la violencia familiar era considerada como un fenómeno poco frecuente, catalogado como anormal y atribuido a personas con trastornos psicopatológicos. Sin embargo, la mayoría de los trabajos de investigación realizados en los últimos veinte años, nos demuestran que la violencia y el maltrato en la familia son fenómenos “normales” desde el punto de vista estadístico a cuya definición, como una formación cultural apoyada en valores, contribuyen mitos, creencias y estereotipos firmemente arraigados en la sociedad.

En este trabajo, nos proponemos examinar los conceptos básicos que permitan acercarnos al problema de la violencia familiar desde el conocimiento de los factores que intervienen en su producción, con el objeto de revisar las opiniones que frecuentemente circulan respecto de este tema.


LA VIOLENCIA
La ausencia de una clara discriminación conceptual entre estos términos, introduce confusiones a la hora de discutir las bases teóricas del problema de la violencia familiar. Es por eso que intentaremos una breve disquisición acerca de estos conceptos.


Conflicto

Es un término que alude a factores que se oponen entre sí. Puede referir a contrastes intra o interpersonales; en este caso, nos interesa centrarnos en estos últimos.

Los conflictos interpersonales, son uno de los resultados posibles de la interacción social, como expresión de la diferencia de intereses, deseos y valores de quienes participan en ella. A la luz de los conocimientos actuales, podría decirse que el conflicto es un factor participante en cualquier agrupamiento humano. Aún más, numerosos autores han señalado que el conflicto es un factor participante en cualquier agrupamiento humano. Aún más, numerosos autores, han señalado que el conflicto es un factor de crecimiento, en tanto su resolución implica un trabajo orientado a la obtención de un nuevo equilibrio más estable que el anterior.

Los conflictos interpersonales, suelen traducirse en situaciones de confrontación, de competencia, de queja, de lucha, de disputa y su resolución a favor de una u otra parte, se relaciona con nociones tales como la autoridad, el poder, la aptitud, la capacidad, la habilidad, etcétera.

Dada la inevitabilidad del conflicto en las relaciones interpersonales, el centro de la cuestión, pasa a ser el método utilizado para su resolución. No resulta difícil comprender la diferencia entre un conflicto resuelto mediante la puesta en juego de conocimientos, aptitudes y habilidades comunicativas, y otro que se resuelve mediante el ejercicio del poder y de la autoridad.

La familia, en tanto grupo humano, es un medio especialmente propicio para la emergencia de conflictos entre sus miembros. Esto es así, por razones que analizaremos más adelante y a pesar de una serie de mitos que tendieron a configurar una imagen idealizada de la familia como lugar de armonía y equilibrio. A partir de los años 70, los investigadores sociales, comenzaron a revisar el concepto de conflicto familiar como comenzaron a revisar el concepto de conflicto familiar como sinónimo de “anormalidad”, destacando que el conflicto puede expresarse bajo formas muy disímiles, siendo la resolución violenta sólo una entre ellas.

Las distintas etapas evolutivas por las que atraviesa la familia favorecen la emergencia de diferentes y sucesivos tipos de conflicto. Algunos de ellos se resuelven sin ayuda externa; otros la requieren. Pero, en todos los casos, resulta imprescindible distinguir entre la noción de conflicto intrafamiliar y la de violencia intrafamiliar, tal como intentamos definirlas en este trabajo. Las peleas, discusiones, enojos, controversias, disgustos, disensos, etcétera, no conducen necesariamente, a comportamientos violentos para su dilucidación.


Agresividad
Es un término que ha sido acuñado, dentro del vocabulario de la psicología, para dar cuenta de la capacidad humana para “oponer resistencia” a las influencias del medio. La agresividad humana tiene vertientes fisiológicas, conductuales y vivénciales, por lo que constituye una estructura psicológica compleja, que el profesor Fernando Lolas 1 ha definido de la manera siguiente:

“Agresividad”, es un constructor teórico en el que cabe distinguir tres dimensiones:

a)Una dimensión conductual – en el sentido de conducta manifiesta- la que llamamos agresión;
b)Una dimensión fisiológica –en el sentido de concomitantes viscerales y autonómicos- que forma parte de estados afectivos.
c)Una dimensión vivencial o subjetiva que califica la experiencia del sujeto, a la que llamaremos hostilidad.

Con respecto a la agresividad humana, existe una vieja polémica, sostenida por etólogos, psicólogos y antropólogos, en torno al problema de si es cierto o no que los seres humanos son genética e instintivamente agresivos. Las posturas instintivistas defienden la tesis de que nacemos con un componente de agresividad innata, que se manifestará de distintos modos, adjudicando a la cultura un rol “domesticador” de esos instintos.

La existencia de algo así como “un instinto agresivo” ha sido enfáticamente desmentida por autores como Ashley Montagu, 2 quien señala que “la herencia sólo suministra la potencialidad; el resultado específico estará determinado por las décadas de experiencias cotidianas”. Este autor, subraya la diferencia entre la agresividad animal, que está vinculada a configuraciones instintivas específicas, tales como la defensa del territorio, la autoconservación o la reproducción de la especie, y la agresividad humana, que está modelada esencialmente por el entorno en el cual se desarrolla cada persona. Lo que en los animales es una conducta fija ante determinados estímulos ambientales, en el ser humano es una potencialidad que puede adoptar disímiles formas, de acuerdo con las circunstancias específicas de cada hombre o cada mujer.

Otros autores, han señalado que la agresividad humana, entendida en un sentido amplio, es necesaria para vencer los obstáculos que el medio presenta. De este modo, una persona emprendedora, que lucha por conseguir los objetivos que están en su proyecto de vida, que sortea las dificultades y sigue avanzando, podría ser definida como una persona agresiva, en el sentido positivo de la palabra.

Como vemos, del mismo modo que el conflicto, la agresividad humana, no es un concepto valorativo; sino descriptivo. Por lo tanto, no es buena ni mala: forma parte de la experiencia humana y tiene, siempre una dimensión interpersonal.

Jorge Corsi