Mostrando entradas con la etiqueta Dra. Nancy O'Connor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dra. Nancy O'Connor. Mostrar todas las entradas

¿Qué significa ser emocionalmente maduro?




El crecimiento del individuo puede producirse a través de la lucha, la agonía y el conflicto, al igual que por medio de la alegría, el amor o cualquier otra emoción
Clark Mostakas


El desarrollo emocional es el más complejo de los cuatro aspectos del crecimiento. Es la parte en la que la mayoría de los adultos somos más infantiles y estamos más necesitados de ayuda.
Los seres humanos estamos todavía evolucionando hacia el estado en el que seremos capaces de manejar nuestras emociones. Recientes avances en el conocimiento de la psicología humana nos han proporcionado nuevas y mejores estrategias en el campo educativo y en la función paternal, valorando en lugar de castigar, avergonzar o despreciar las emociones del niño. Y como adultos, hemos de aprender a no hacer lo mismo con nosotros.
En la actualidad, muchas personas no son tan afortunadas como nuestros hijos. Para muchos adultos, cuyos sentimientos en la niñez fueron despreciados e infravalorados, el proceso de crecimiento emocional es como estar perdidos en un bosque, sin mapa, dando tumbos, luchando y sufriendo soledad y confusión, tomando muchos caminos equivocados, hasta que de pronto y con un poco de suerte y mucho esfuerzo, puede que al final encuentren la salida.
La mayoría de las personas se sienten motivadas a comprender y cambiar sus emociones durante las etapas de crisis personal. Las emociones te avisan de que estás en peligro, de que no se están satisfaciendo tus necesidades básicas: te incitan a realizar cambios. Te beneficiarás al máximo de tus emociones cuando te des cuenta de que tienes opciones y de que puedes elegir, lo cual supone un enorme refuerzo para tu personalidad, ya que te devuelve el control a tu vida.
La mayoría de las personas permanecen ancladas en lo que conocen y en lo que les resulta familiar, aunque no les funcione. Hay muchas formas de ser. Para poder mejorar, debemos estar dispuestos a abrirnos más allá de los limites establecidos y a aprender a ser receptivos a lo nuevo. Para crecer debemos estar dispuestos a ver, escuchar y sentir de formas nuevas y distintas.
Algunas personas han perdido totalmente el contacto con sus emociones. Han ignorado sus propios sentimientos y sus necesidades emocionales durante tanto tiempo, que ahora estaban todas bullendo, intentando salir para que les prestemos atención.
Una importante clave para crecer emocionalmente es aprender a reconocer y a identificar nuestras emociones, no ignorándolas o controlándolas de forma rígida y opresiva, sino utilizando cada emoción para saber si estás o no en el camino adecuado. Toda reacción emotiva fuerte procede de tu interior y es una señal de que algo va mal y requiere tu especial atención. Incluso los sentimientos negativos tienen un aspecto útil.
Tus sentimientos son parte de tí ¡Asúmelos! No van a dejar que los ignores para siempre. Deben ser reconocidos y expresados para poder desarrollar tu crecimiento y para que poseas una buena salud mental.
Como seres humanos tenemos a nuestra disposición enorme variedad de emociones. Ser emocionalmente maduros significa que somos capaces de identificar los sentimientos, experimentarlos y expresarlos. Elige una emoción apropiada para cada situación, utilízala para cambiar y aprender y luego abandónala.
Puedes aprender a convertir tus emociones negativas en positivas y adecuarlas para que te ayuden en tu crecimiento, La madurez emocional también supone que puedes dirigir e identificar tus respuestas emocionales y cambiarlas en tu propio beneficio

El amor lo puede todo




El amor es la mayor fuerza del universo. Es la fuerza de la unificación. Nos une, nos enseña, nos nutre, nos ama y vive a través de nosotros. Cuando accedamos a nuestro amor interno, podremos compartirlo con los demás tanto como queramos y nunca se nos acabará.
Por desgracia, muy pocas personas sienten, comprenden o permiten experimentar en sus vidas el amor maduro. Existe una conexión directa entre las necesidades insatisfechas de amor llegue a ti, si te reponsabilizas de tus acciones y no haces a los demás lo que no te gustaría que te hicieran, podrás acceder a lo más profundo del amor que vive en tu interior.
El amor infantil es necesitado, dependiente, posesivo y exigente. El amor inmaduro está basado en el miedo, la inseguridad la falta de confianza. Los miedos que el niño tiene de perder al ser amado le conducen a los celos y a la dominación. El amor infantil es egoísta, condicionado, adictivo y conduce a la separación. El amor maduro es justo lo contrario. No está condicionado, no es adictivo, no domina ni posee. Basado en la sabiduría, aprecia la individualidad, el crecimiento y el desarrollo de la otra persona. Las persona que han crecido y madurado nunca tiene escasez de amor. Ofrecen un amor independiente y no exclusivo, que une a las personas. El amor estimula y realiza el crecimiento individual y general.

Conductas basadas en el miedo




Si eres una persona que odia, culpa, manipula, engaña, pone excusas, roba, miente... vives con miedo. Si temes perder el control del poder, del dinero, de la fuerza, de tus emociones o de la conducta de los demás, vives con miedo. Si crees que no eres digno de amor y que nunca tendrás el amor, el apoyo, el cariño y el afecto de otra persona, vives con miedo.
Si simulas que eres fuerte cuando no es cierto, si aparentas ser feliz y ni lo eres, si finges que amas a alguien cuando no es verdad y si sonríes cuando estás sufriendo, estas viviendo una mentira, porque te estás protegiendo a ti mismo de tus propios temores. Y lo que es aún peor, te estás engañando a ti mismo de tus propios temores. Y lo que es aún peor, te estás engañando a ti mismo ante la posibilidad de hacer frente a tus miedos y de llegar a ser verdaderamente libre. La verdadera liberación consiste en liberarte de tus miedos.
Las siete emociones básicas siguientes poseen rasgos basados en el miedo, aunque en principio no te parezca muy evidente. Probablemente podrás reconocer uno o más de estos patrones en tu respuesta emocional ante la vida.
La testarudez es el miedo a enfrentarse a nuevas situaciones. ¿Evitas cualquier cambio a toda costa, a pesar de que existan razones válidas para cambiar? ¿Te inventas formas de evitar las situaciones nueva? ¿Te puedes considerar a ti mismo como alguien decidido, aunque esa determinación sea fruto del miedo? La testarudez es un rasgo muy difícil de soportar para las personas que viven contigo, puesto que no ofreces ninguna flexibilidad.
La Autodeterminación es básicamente el miedo a perder el control. Si eres un perfeccionista disciplinado o un fanático de la política o de la religión, tus esfuerzos por mantener el control a cualquier precio pueden estar enmascarando un temor a intimar con alguien, ya que ello supondría poner al descubierto la sensación que tienes de valer muy poco. Actuar desde la necesidad de controlar, crea barreras entre los que te aman y tú. Una autovaloración pobre te puede conducir a una lenta destrucción personal y al abuso de las drogas, el alcohol, la comida, el sexo u otras conductas de evasión.
Infravaloración, procede del miedo a sentirse inferior. ¿Te sientes humillado o insignificante en muchas situaciones? Si te estás continuamente rebajando ante los demás y de algún modo están haciéndoles saber que los vas a defraudar, es que te sientes inferior. Si te sueles embarcar en empresas vacías de contenido y rara vez acabas nada de lo que empiezas, o si continuamente haces cumplidos a todo el mundo con la esperanza de que te lo sepan agradecer, puede que estés viviendo con este temor.
Ser un mártir es el miedo a considerarte inútil. Eres un mártir cuando de algún modo te dejas manipular, convirtiéndote en el cordero sacrificado por otros con la esperanza de que se rinda tributo a tu valía personal. Cuando recuerdas constantemente a los demás todos los sacrificios que has hecho por ellos, obligas a quienes te quieren de verdad a aceptar tus irracionales peticiones, buscando obtener apreciación en pago de los servicios prestados. Sentirse mártir puede sabotear cualquier progreso en la vida, destruir relaciones personales y causar enfermedades.
La Codicia procede del temor a la pérdida de algo y también del deseo. Las personas codiciosas nunca tienen suficiente amor, fama, dinero ni objetos materiales. Pueden llegar a ser voraces y despiadadas, cuando tratan de obtener lo que desean, y nunca miran atrás para ver a quién a qué le han puesto la zancadilla en el camino. Si eres una persona vanidosa y con tendencia a jactarse, tal vez estés actuando con codicia.
La arrogancia es, en el fondo, miedo a ser vulnerable. En realidad eres tímido, pero aparentas ser presuntuoso y altivo para mantener a los demás lejos de ti. Los demás encuentran muy difícil establecer una relación íntima contigo porque no les dejas acercarse lo suficiente. Crees que debes proteger tu vulnerabilidad. Si te fijas, descubrirás que debajo de tu vanidad y tu orgullo hay un enorme vacío.
La impaciencia es el miedo a pederte algo, con el convencimiento de que haya lo que haya al volver la esquina, siempre sería mejor que lo que está sucediendo en el aquí y ahora. Alguien impaciente empezará muchas cosas y acabará pocas de ellas. ¿Te sientes constantemente agotado e insatisfecho, queriendo que todos se haga el momento y molesto cuando tienes que esperar? La persona impaciente hace que quieres la rodean se sientan abandonados y despreciados, pues parece que preferiría estar haciendo otra cosa en lugar de atender el asunto que ahora la ocupa.
En algún momento de nuestra vida todos hemos tenidos estos rasgos, pero por lo común, uno de ellos suele predominar sobre los demás. Si puedes identificar cuál es tu rasgo predominante serás capaz de trabajar para superarlo y tratarás tus emociones de un modo más maduro.

No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti



Somos seres interdependientes. Todos tenemos necesidades y deseos que los demás no pueden satisfacer. Hemos nacido solos y solos moriremos, pero durante el período de tiempo que dure nuestra vida en la tierra estaremos inmersos en una multitud de relaciones con otras personas. La regla de oro del Nuevo Testamento “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti- es otro principio que puede facilitarte el camino. El primer paso es decidir cómo quieres ser tratado. A casi todos nos gusta ser tratados en serio, con cariño y respeto; nos gusta poder pedir y dar ayuda a los demás cuando surja una necesidad; no sufrir de intolerancia y perjuicios sólo porque el color de la piel es distinto, porque no vestimos igual, porque somos minusválidos o por algún otro concepto mental.
¿Cómo quieres que te traten los demás? ¿Qué deseas en tus relaciones con los demás? ¿Quieres que sean justos contigo? ¿Amor, libertad? ¿Quieres que los demás sean responsables en los tratos que hacen contigo? ¿Cuánta honestidad y responsabilidad tiene tú hacia ellos? Si alguna vez crees que te han engañado ¿tratas de vengarte o manifiestas tus necesidades y perdonas?
Antes de poder vivir esa regla de oro, debes definirla por ti mismo. Debes decidir cuál será tu respuesta si los demás hacen algo que a ti te parece mal o te hace daño. ¿Les respondes del mismo modo? ¿O eres capaz de poner la otra mejilla y perdonar?
Nadie es perfecto; cometerás errores, y por consiguiente, harás daño a los demás. Si quieres pedir: perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden en tus oraciones, debes poner en práctica el perdón día a día. Y a veces es muy difícil. Requiere todos nuestros conocimientos como seres adultos y todo nuestro control. Por el contrario, cuando en nuestra vida arrastramos la venganza y el odio, nos hacemos más daño del que imaginamos.
Las personas maduras dejan a un lado el resentimiento y los sustituyen por amor y energía positiva. Recuerda que el perdón es para ti. Con él deshaces el resentimiento y de otros sentimientos negativos que te hacen daño y te impiden crecer.
En los estudios de comercio se enseña el sentido de la frase caveat emptor (por cuenta y riesgo del comprador) La responsabilidad recae en el comprador, quien se tiene que asegurar de ser tratado justamente, no en el vendedor de los bienes o servicios. La consecuencia es que todo vale: engañar, robar, mentir, con tal que no te cacen. Si engañas a alguien es siempre culpa de él, que fue demasiado ingenuo al confiar en ti.
Ya es hora de que en nuestras relaciones trascendamos esta forma de vivir estrecha y egoísta, tanto en el plano económico como en el personal. Erich Fromm en El Arte de Amar equipara la regla de oro de la sociedad occidental con la doctrina de la justicia social y económica. Ser justos significa no hacer trampas, engaños ni fraudes en el intercambio de bienes y servicios. Quizás ya es el momento de prestar atención a la forma en que conducimos nuestra vida social y nuestras relaciones comerciales con los demás, así como las relaciones personales.
Quizás es el momento de dejar de mirar por encima del hombro a los demás, esperando a que nos hagan algo malo. Si quieres ser tratado justamente, con respeto, sensibilidad, responsabilidad y amor, debes manifestar estas mismas cualidades y vivir de ese modo, ignorando las sanciones sociales. Es imposible ser cariñoso en casa y egoísta en el trabajo, esta regla de oro no debe de ser aplicada selectivamente.
Las personas maduras respetan todas sus relaciones. Debes crear una nueva forma de estar en el mundo, Esta forma te traerá paz y crecimiento, aunque los demás vivan todavía regidos por la ley de la selva. Para poder traer paz a este planeta, primero hemos de encontrar la paz dentro de nosotros. Ghandi dijo: “Los únicos demonios que existen, son los que merodean por nuestros corazones”. Los demonios que obstaculizan el crecimiento individual y la capacidad del ser humano para coexistir en paz, son nuestras emociones negativas que corroen violentamente de un lado a otro.
El odio, el racismo, la intolerancia y la ira son los grandes demonios que dividen a los países y conducen a los grupos sociales a las luchas de poder, a la violencia y a la guerra. Cuando estas emociones negativas se transforman en sentimientos positivos, seremos más sensibles a la crueldad y a las injusticias que nos rodean. Como individuos y como grupos y naciones, podemos cambiar la actitud de vivir a la defensiva por la compasión, el miedo por amor, la rabia por el compromiso y la parcialidad por la justicia.
Entonces y sólo entonces la regla de oro se convertirá en algo más que otro trillado mandamiento religioso. Se transformará en el compromiso de vivir en amor, contigo mismo y con los demás.
Cuando nos amemos los unos a los otros, todo será de oro.

Las defensas




Para compensar un pobre concepto personal la mayoría construimos defensa durante la niñez y continuamos usándolas de mayores para esconder y proteger a ese niño frágil y asustado que vive dentro de un cuerpo de adulto. Cuando los niños y los adultos se sienten sin valor alguno, avergonzados o indignos y los adultos se sienten sin valor alguno avergonzados o indignos de ser amados, desarrollan ciertas defensas a fin de ocultar tanto a sñi mismo como a los demás esos sentimientos tan dolorosos. Entre las actitudes más comunes de defensa están:

La negación
Es una forma de pretender que no pasa nada que nunca ha pasado nada negativo. Un modelo de negación que suele prolongarse durante toda la vida adulta es no admitir la responsabilidad por el daño causado a otros, o por dejarlos en la estacada.

Minimizar:
Es una forma de quitarle importancia al significado de las experiencias dolorosas del pasado o de culparse por lo que sucedido .El adulto que se dice a si mismo, algunas veces me dieron una bofetada, pero me la merecía, puede esta minimizando una infancia con abundantes palizas.

Represión:
En un método de enterrar un trauma pasado o reciente que está profundamente arraigado en nuestro interior y tiene como finalidad olvidar los acontecimientos dolorosos. El adulto espera que reprimiendo el dolor éste desaparezca, pero generalmente, tanto el dolor como la ira surgen en algún otro momento y casi siempre en forma inapropiada.

Racionalización:
Es una forma de excusar el autor de los abusos o de los malos tratos. Racionalizando pretendemos encontrar una respuesta cómoda a una situación incómoda.
Esto niega el dolor, pero no lo borra.

La proyección:
Esta defensa una ofensiva.
Proyecta sobre otro nuestro sentimiento de culpabilidad o vergüenza o atribuye a los demás algo que sólo nos pertenece a nosotros. El hecho de decir: Odio la forma en que John critica y encuentra siempre faltas en todo el mundo, tal vez diga mucho acerca del que habla, y no de John. A menudo, cuando no queremos reconocer nuestros propios errores, los proyectamos sobre los demás.

La identificación:
A veces nos identificamos con la persona que nos ha causado dolor. En los casos de abusos es común identificarse con el autor o tratar de excusarle. La persona que utiliza esta defensa, con el tiempo suele convertirse, también él, en autor de abusos y malos tratos.
Las defensas son formas que usamos para protegernos. Pueden ser necesarias para nuestra supervivencia mientras somos niños vulnerables, pero ya siendo adultos, son mecanismos psicológicos que nos mantienen distanciados del dolor, de los traumas y de la realidad de la experiencias que hemos vivido. Retrasan nuestra curación.
En la vida adulta las defensas no nos sirven para nada, porque interfieren en nuestra capacidad de acercarnos e intimar con los demás y de ser sinceros con los que nos rodean. Si nos mantenemos bloqueados y al margen de nuestros sentimientos, no podremos abrirnos a la auténtica compasión, a la intimidad y al amor. Cuando nos defendemos del dolor también lo hacemos del amor, y por consiguiente, vivimos una vida emocionalmente mutilada.

Curar heridas


Primero, debes identificar las emociones que estás sintiendo. Puede tratarse de tristeza, reproches, rechazo, dolor o cualquier otra cosa.
La depresión es una emoción paralizante. A menudo, las persona que están deprimidas se apartan de la vida, sintiendo que no pueden hacer nada para cambiar la situación o que realmente nada de lo que hagan importa. Si estás deprimido, necesitar remontar ese estado a fin de poder actuar y volver a sumergirte en el río de la vida.
El siguiente ejercicio te ayudará a clarificar estos sentimientos:
Colócate en una posición relajada, cierra los ojos y concéntrate en la respiración a fin de calmar tu mente. Ahora céntrate en la situación que te esta deprimiendo. Identifica tus sentimientos, que pueden ser varios. Decide qué sentimientos tendrías que abandonar para pode remontar la depresión y continuar a tu ritmo de vida.
Ahora busca una cuantas emociones positivas para reemplazar a las emociones deprimentes, y cuando encuentres las adecuadas, realiza el cambio mental.
Veamos un ejemplo. Supongamos que ha muerto tu hermano.
Te sientes triste por varias razones, has perdido el futuro que junto a él tenías; lo echarás de menos en acontecimientos familiares; no podrás ir con él de excursión, ni compartir vuestros hobbies; Ahora te lamentas por no haber pasado más tiempo con él. Tal vez te sientas también desanimado por haberlo perdido para siempre, y al mismo tiempo, contento porque ya ha dejado de sufrir y padecer, o quizás aceptas el hecho de que no puedes hacer nada para cambiar el hecho de que haya muerto.
Si analizas la depresión y la desglosas en las diversas emociones que la componen, podrás trabajar con cada una de ellas y decidir cuál es apropiada y cuál deberías cambiar. Debes permitirte también sentir emociones más dolorosas, con objeto de poderlas curar. La próxima vez que te sientas deprimido, trata de realizar esta práctica de sustituir unas emociones por otras. Funciona.
Cuando estés deprimido no te asustes ni te preocupes por lo que sientes. Éstas son algunas de las cosas positivas que puedes hacer:
- Siente la tristeza adecuada a cada situación, y comprende que lo que te está causando dolor es la pérdida.
- Acepta y expresa tu depresión para que puedas salir de este estado de melancolía. Luchar contra ello lo único que hará es darle más fuerza y más control sobre ti.
- Habla con un buen amigo que te ayude a liberar esos sentimientos que te aprisionan.
- Haz asiduamente ejercicio físico. Te ayudará a restaurar tu nivel energético y te hará sentirte mejor.
- Hazte un chequeo médico completo y asegúrate de seguir una dieta equilibrada y sana.
- Mantente alerta cuando se acerque la fecha del aniversario de la muerte de ese ser querido, porque suele traer consigo un nuevo brote de depresión. Para algunas personas, las vacaciones o algunas estaciones del año desencadenan estos sentimientos. Puede que aun así te pongas triste, pero si eres consciente del tiempo en que te puede ocurrir, su fuerza habrá disminuido.
- Identifica cosas en tu vida que necesiten realmente cambiar. Traza un plan realista para cambiar ese trabajo deprimente que tienes, esa casa tan gris y monótona, esos amigos tan aburridos, el camino por el que pasas cada día.
- Descarga esas emociones negativas y conviértelas en algo constructivo. Deja salir tu enfado, tu miedo o tu tristeza a través de la música, el arte, los deportes, las aficiones, viajando haciendo cualquier cosa que te divierta.
- Mientras estés pasando por una depresión no realices cambios importantes y definitivos en tu vida. No pongas fin a tu matrimonio, no cambies de empleo ni te mudes de casa a la otra punta de país hasta que dispongas de toda tu capacidad de raciocinio. Si te encuentras desbordado por la depresión no puedes razonar bien.
- Apóyate en los demás. Tan sólo saber que alguien te escucha con cariño, ayuda a sobrellevar la tristeza.
La forma adulta de controlar la depresión es, cuando se presenta, aceptarla como parte del cambio y expresar los sentimientos que produce. Si la sigues negando, aumentará el almacén de emociones dañinas que un día se manifestarán en forma de enfermedad física, como una explosión de ira, o a la alarga generarán un debilitamiento progresivo. No te hagas eso. Es mucho más difícil madurar si te encuentras aplastado por una depresión escondida que llevas años arrastrando.

Nuestra opinión sobre nosotros mismos




La forma en que te tratas está profundamente basada en la opinión que tienes sobre ti mismo. Estas ideas acerca de cómo eres, lo que eres capaz de hacer y tu valía personal comienzan a aparecer muy pronto en tu desarrollo, y a menos que las cambies, permanecerán contigo durante toda tu vida. Dependen del modo en que fuiste tratado y de lo que opinaban sobre ti cuando llegaste a la adolescencia.
La opinión que tienes de ti mismo y lo que crees acerca de ti, se formó por el modo en que tus padres te respondían. Entonces hiciste tuyo ese conocimiento y te forjaste cierta imagen de ti mismo. Si fuiste abandonado y descuidaron de tus necesidades básicas, como adulto tendrás dificultad para confiar en los demás; Si te avergonzaban y te humillaban, de mayor serás una persona muy reservada y tímida; si fuiste educado con reglas y valores morales muy rígidos, al crecer tendrás problemas con el sentimiento de culpabilidad. Estas creencias y conductas aprendidas en la niñez pueden convertirse en respuestas irracionales en la vida adulta e interferir en nuestra capacidad para tener relaciones abiertas, sinceras y seguras.
A medida que se va produciendo el crecimiento, los rasgos de la personalidad innata de cada individuo resultan oprimidos por los efectos del entrono, que forman la estructura y los procesos con lo que nos acostumbran a crecer, a aprender, a cambiar y a reestructurar nuestras creencias, valores y actitudes sobre nosotros mismos, los demás y los acontecimientos.
Si la imagen de nosotros que nuestros padres reflejaron fue la de un ser valioso y digno de amor que se merecía todo el cariño, las preocupaciones y la paciencia que se necesitan para criar un niño, no tendremos de mayores ningún problema para sentir nuestra valía personal. Si por el contrario, fuimos descuidados, sobreprotegidos o se nos transmitieron mensajes incoherentes o con doble intención acerca de nuestra valía personal, seremos adultos confusos y llenos de dudas; nos sentiremos desconfiados, tímidos, culpables, sin valor alguno e incluso podemos llegar a odiarnos a nosotros mismos.
La mayoría de las personas pasan toda su vida buscando y tratando de confirmar el concepto que tienen de sí mismos. Esas confirmaciones suelen reforzar los modelos originales de la niñez. Como adultos, es importante recordar que el concepto que tengamos de nosotros mismo fue creado por las propias inseguridades, por los problemas y por la inmadurez de nuestros padres. Sin embargo, ahora estas disfunciones las hemos hecho propias al adoptar la autoimagen distorsionada que ellos, quizás sin saberlo, nos traspasaron.
A pesar de que el ciclo de malos tratos o el temor a exponer los sentimientos y la vergüenza se haya perpetuado y traspasado en tu familia de una generación a otra, puedes usar tu intelecto para detener ese proceso destructivo y cambiar esos menajes. Puedes volver a hacer de padre/madre contigo mismo con amor, y criar y educar a tus hijos para que se acepten y se amen a sí mismos.
Si a un niño le transmitimos mensajes positivos y le ofrecemos el cariño que necesita para desarrollar un concepto positivo de sí mismo, para él eso será arte del proceso natural de la vida, y crecerá SINDO responsable y cariñoso. Sin embargo, el niño cuyo concepto de sí mismo fue dañado, tendrá que vencer muchos problemas en el transcurso de su vida.
Algunas consecuencias de un pobre concepto de nosotros son las creencias distorsionadas y erróneas relacionadas con los aspectos básicos de nuestra identidad, como pueden ser la capacidad para amar, la valía personal, la competencia, la incongruencia entre las propias impresiones y las respuestas y reacciones de los demás y una actitud rígida y a la defensiva hacia uno mismo. Una persona así es su peor enemigo, porque está constantemente criticándose y culpándose. Para estas personas es muy difícil madurar, porque se sienten encerrados en modelos de pensamiento y emociones infantiles e ilógicos. A pesar de ello, podemos reprogramar estas ideas infantiles usando la inteligencia.
Es probable que todos los seres humanos hayamos sufrido algún daño en el concepto de nosotros mismos. Muy pocos fuimos lo bastante afortunados como para tener unos padres completamente seguros de sí mismos, y dotados con una capacidad emocional equilibrada, que estuvieran siempre disponibles para nosotros. Tan sólo hace unos quince años se comenzaron a establecer clases de paternidad, en las que se enseña a los padres a considerar a sus hijos como un don y un regalo, en lugar de cómo una propiedad o un bien que sólo servía para trabajar en la granja familiar o para cuidar de ellos cuando fueran ancianos.
Además del papel que tus padres desempeñaron en la formación de la idea que tienes de ti mismo, huno otros factores que influyeron y contribuyeron. Uno fue la influencia de la estructura familiar. Por ejemplo, en una familia con muchos hijos, las necesidades del individuo son casi imposibles de satisfacer. En segundo lugar, si la familia enviaran mensajes al niño que pueden ser un refuerzo o un contraste con los mensajes de los padres. A veces, un niño criado por padres con disfunciones encontrará cariño y apoyo del abuelo o de los tíos, o incluso de los vecinos, maestros y amigos de la familia.
Finalmente, los acontecimientos de la vida contribuyen también. Entre los hechos más significativos están las enfermedades, sufrir la muerte, la pérdida o abandono de uno de los padres, hermanos, amigos, abuelos o algún otro ser querido; cambiar frecuentemente de lugar de residencia, como es el caso de los hijos de militares; La interrupción de relaciones con los padres, la adopción y los malos tratos o la negligencia por parte de los padres.

El crecimiento emocional




La clave para ser emocionalmente adulto es aprender a reconocer, expresar, controlar y gobernar los sentimientos. No es una tarea fácil y en su juventud muy pocas personas están preparadas para ello.
Nuestra sociedad siente fobia hacia los sentimientos. Tenemos miedo de examinar y cambiar nuestras respuestas emocionales porque tenemos el malestar del dolor emocional. Eso simplemente significa que tenemos miedo de una parte de nosotros mismos, de nuestros sentimientos. A la mayoría de nosotros nos enseñaron desde muy temprana edad a no mostrar nuestras emociones, a esconderlas y a refrenarlas, con lo cual hemos terminado siendo adultos emocionalmente inmaduros.
Por supuesto los padres han de enseñar a sus hijos a controlar sus impulsos y a utilizar conductas apropiadas para satisfacer sus necesidades. Pero estas lecciones pueden ser enseñadas sin coartar la expresión de los sentimientos del niño.
Sólo recientemente hemos aprendido a valorar las emociones del niño. A saber consolarlo cuando se siente triste o herido. A permitirle que exprese su enfado y a enseñarle las formas de encauzarlo, en lugar de humillarlo, ridiculizarlo y avergonzarlo con castigos.
Por desgracia, la mayoría de los padres son adultos que también tuvieron que aprender a rechazar sus sentimientos cuando eran niños. Aprendieron a temer y a reprimir sus emociones y ahora transmiten esos miedos s sus hijos. Les transmiten los mismos mensajes de castigo que ellos recibieron cuando eran pequeños.
Padres impacientes y frustrados nos decían que no lloráramos, que no nos enfadáramos o al menos no demostrásemos que nos sentíamos heridos o tristes. Cuando eras niño ¿Cuántas veces te dijeron: deja de llorar, ¡no seas niño!? ¡Se un buen niño! ¿Se una buena niña!
La parte oculta de esos mensajes es: no sientas miedo, dolor, daño o enfado. Esconde tus sentimientos. Cuando demuestras esas emociones, eres una mala persona. Un mensaje enriquecedor sería el de enseñar a expresar y a comprender los sentimientos, en un entorno seguro y en el momento adecuado.
Para conseguir que los adultos nos amaran y nos aceptaran aprendimos a negar y a rechazar nuestras emociones. Algunos de nosotros fuimos física o verbalmente castigados cuando no lo hacíamos.
Aprendimos a insensibilizarnos cuando sentíamos emociones fuertes, especialmente las negativas, como la ira, el dolor, el miedo o la tristeza.
Esos mensajes recibidos se quedaron grabados en nuestras mentes y puede que pasemos el resto de nuestra vida adulta cincelándolos para apartarlos de nosotros.
Con mucha frecuencia, los comportamientos que aprendimos para sobrevivir cuando éramos niños, ya no nos sirven al llegar a la edad adulta. Si nuestras emociones fueron castigadas o ridiculizadas en lugar de ser valoradas y reconocidas, crecer emocionalmente puede convertirse en una ardua lucha que dura toda nuestra existencia.
La mayoría de los humanos del mundo civilizado no son emocionalmente maduros. Los antropólogos nos explican que ciertas tribus fomentan el desarrollo emocional de sus niños, como los bosquimanos en África o los indios senoi, que cada mañana escuchan con atención los mensajes recibidos en sueños, tanto de los niños como de los adultos. Es interesante observar que en estas sociedades primitivas, no existe el crimen ni ka enfermedad mental. En lugar de resistir, negar, combatir y evitar el dolor, los adultos debemos aprender a admitirlo, sentirlo y expresarlo. No importa cuánto nos resistamos al dolor, esa resistencia no va hacer que desaparezca, sólo vamos a lograr que nos haga más daño. Todas las emociones se hacen más fuertes cuando luchamos contra ellas. El rechazo y una actitud defensiva disminuyen nuestra fuerza para tratar los sentimientos y tan sólo consiguen que esos sentimientos dolorosos aumenten.
En el otro extremo se encuentran esas otras personas que están aprendiendo a reconocer sus emociones y van por ahí constantemente contando todo lo que sienten. Eso es algo temporal, es tan sólo una fase adolescente en el proceso de madurez.
La persona emocionalmente adulta aprende a determinar qué sentimientos tiene que expresar, la forma adecuada de compartirlos y con quién ha de hacerlo. También aprende a reconocer si esos sentimientos tienen importancia, si son una reacción visceral a un mensaje o a un miedo del pasado y cuándo indican una necesidad de solucionar un problema o de cambiar algo en su vida, algo que provoca emociones con las que es difícil seguir viviendo.
¿Te gustaría llegar a ser emocionalmente adulto?
¿Aprender a enfrentarte a tus miedos y dejar de vivir en un estado de ansiedad?
¿Aprender algunos métodos para controlar tu agresividad?
¿Convertir los sentimientos negativos en positivos?
¿Conseguir detener la depresión antes de que te domine y darle la vuelta convirtiéndola en su opuesto?
¿Liberarte del sentimiento de culpabilidad y de la vergüenza?
¿Reconocer sentimientos normales como la desilusión o la frustración, antes de que se conviertan en algo abrumador como la depresión o la cólera?
¿Perdonar a tus padres y a los demás, incluso a ti mismo, por no ser perfectos?
¿Comunicar tus sentimientos de forma positiva y sin violencia?
¿Aprender que el verdadero control procede de dentro hacia fuera, no de fuera hacia dentro?
¿Terminar la tarea comenzada por tus padres en el lugar donde ellos la dejaron?
¿Sentir y expresar amor y cariño hacia los demás?
¿Utilizar tus pensamientos para crear emociones positivas?
¿Ser más dichoso y feliz de lo que nunca has sido en tu vida?

El crecimiento emocional promete liberarnos de todas estas formas de dolor. No tienes por qué dejar que las mismas gobiernen tu vida más.

Maltrato Infantil



Los niños pueden ser maltratados de muchas formas: mediante el abandono patente o sutil, o bien a través de diversas formas de abuso físico, emocional y sexual, las cuales dañan tanto al cuerpo como a la mente. Cada episodio de negligencia o de abuso deja marcas que tienen un profundo impacto en el desarrollo posterior del niño. En esta sección vamos a examinar el abuso físico y sexual.
El maltrato físico puede ser realizado por una mujer embarazada que abusa de la drogas, el tabaco, el alcohol u otras sustancias que dañarán al feto. O puede ser infligido por un padre que golpea a sus hijos con ira descontrolada por cosas sin importancia. También puede tomar la forma de abandono, ignorando las enfermedades del niño, sus lesiones, sus necesidades alimenticias, el cuidado de su ropa, la asistencia médica, su derecho a una vivienda adecuada, sus horas de sueño y su necesidad de protección frente al peligro.
Algunos padres no sólo son incapaces de satisfacer las necesidades físicas y emocionales de sus hijos, sino que son un fracaso a la hora de protegerlos del acoso de otros miembros de la familia que pueden estar abusando de ellos de un modo sistemático. O incluso puede que sean coautores del maltrato y del abuso.
Todo maltrato a menores es una cuestión de poder. Es el síndrome del matón que se siente superior ante alguien menor, más débil y vulnerable. Sin tomar en consideración el daño, el perjuicio y los efectos que a la larga sufrirá la victima. Cada vez que un adulto maltrata a un niño causándole lesiones, ignorando sus necesidades físicas y emocionales o utilizándole para sus propios propósitos egoístas, se genera en el niño un sufrimiento que se prolongará durante muchos años, con la sensación de ser un inadaptado, de ser inferior a los demás, sentirse avergonzado, culpable y confuso.
El dolor de este tipo de infancia trágica no termina al abandonar la casa paterna. Las heridas saldrán a la superficie en sus relaciones de adulto, una vez y otra, hasta que sean superadas y curadas.
La forma más común de malos tratos se produce entre los padres y sus propios hijos. Al educarlos, los padres reaccionan a la tensión o ante ciertas conductas adoptando la misma forma de actuar que se utilizó con ellos cuando a su vez eran niños. Así, el ciclo del maltrato continúa transmitiéndose de generación en generación hasta que finalmente alguien lo detiene. Esto generalmente necesita de la psicoterapia. Es demasiado difícil hacerlo solo. Se precisa más fuerza y más coraje para pedir ayuda que para seguir negando el problema, siendo infeliz, haciendo daño a otros y sintiéndonos dolidos interiormente. Si esto es lo que está sucediendo en tu vida, busca ayuda inmediatamente