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Partir y dejar partir


Ya sea a través del intento de continuar siendo amigos o a través de cierta tensión y agresividad, la persona no esta rehaciendo su vida y tampoco permite que la ex-pareja lo haga. conscientemente o inconscientemente, se utilizan mecanismos para retener el apego por la otra persona en una forma de autoengaño.
Para salir de este callejón quizá sea necesario recurrir a un psicólogo, a un terapeuta y trabajar los aspectos de la personalidad que están bloqueados. Pero a nivel individual también hay formas de ayudarse. Por ejemplo:
Buscar apoyo en amigos y familiares para no vivir la situación en soledad.
Realizar solos actividades que antes se compartían con la pareja, como ir al cine, al teatro o practicar deporte.
Identificar los beneficios que proporciona vivir solo, como gozar de una mayor libertad de horarios y volver a dedicar tiempo a aficiones a las que quizá se renunció innecesariamente.
Cuidarse fisicamente prestando atención a la alimentación, al propio cuerpo y a los hábitos de salud.
Ser positivoya que los pensamientos constructivos permiten encaminarse hacia un futuro más realista y optimista.
Si se tienen hijos dedicarles todo el tiempo posible, dado que la relación con ellos resulta muy gratificante y tienen una gran capacidad de adaptación.
Al final de todo este trabajo la persona encuentra la llave de la libertad, comprende que, más que aprender, debe desaprender, se da permiso para seguir adelante por sí misma y permite que su ex-pareja también se sienta libre.

Señales de alerta


No siempre es fácil llegar al final de estas etapas. El vacío que puede sentirse después de la separación provoca diversas formas de malestar que pueden ir desde la depresión y la ansiedad hasta distintos tipos de somatización, como insomnío, falta de apetito, fatiga, etc.
Si se dan estos síntomas significa que perdura una unión inconsciente y que no se ha producido la separación interna necesaria para llevar adelante una nueva vida, en soledad o con otra pareja. Estas señales, permiten detectarlo:
Se recurre a la ex-pareja para aliviar el malestar y la soledad.
Se tiende a pensar obsesivamente en la otra persona, que está muy presente en las conversaciones con los demás.
Se fantasea a menudo con la posibilidad de una reconciliación.
Cuesta sobrellevar fechas señaladas, ya que siempre habrá un primer cumpleaños, unas navidades o un aniversario de la boda sin la otra persona.
Dichas señales denotan que permanecen encendidas ciertas brasas del enamoramiento. La melancolía lleva a relacionarse con la pareja como si estuviera presente, negando la realidad. Pero todavía es posible encontrar señales de cariz aún más negativo, por ejemplo:
No poder dejar de guardar rencorpor el daño que se ha recibido.
Creer que la ex-pareja está en deuda con uno y que es incapaz de agradecer lo mucho que obtuvo con la relación.
Las referencias a la otra persona son siempre despectivas y están llenas de reproches y decalificadores.
Poner múltiples trabas a todo tipo de negociación respecto a la separación: vivienda, economía e. incluso hijos.
Cuando aparecen estos indicadores existe una ambivalencia: sigue habiendo cierto nexo afectivo del que no es posible deprenderse y que se transforma en hostilidad hacia el otro precisamente para no reconocer esa vinculación.
En ambos casos el proceso de separación está detenido. Probablemente lo que está en juego no es tanto un vínculo amoroso con la ex-pareja como una mezcla de dependencia y apego hacia ella. Suele ser común en personas con baja autoestima, que tienden a crear relaciones dependientes y toleran mal la frustración

La presencia de la ex- pareja


Muchas gracias; te devuelvo tu libertad. Una frase de este tipo sería un cierre magnífico para muchas relaciones de pareja. Pero el camino hacia esa gratitud sin resentimiento suele estar erizado de obstáculos...

El divorcio pone punto y final a una relación de pareja que estaba deteriorada, Independientemente de los motivos por los que se haya llegado a esta decisión y el acuerdo o desacuerdo entre los miembros de la pareja, esta ruptura siempre comporta una pérdida, ya que cierra un proyecto de vida al que se habían dedicado muchas ilusiones y energías. Por ello su final despierta un sinfín de emociones, como pueden ser ira, desprecio, rabia, dolor, frustración...
Precisamente porque el divorcio implica pérdida no se reduce a una simple decisión. Consiste ante todo en un proceso que concluye cuando se ha podido asimilar la separación, elaborar el duelo consiguiente, reducir los sentimientos negativos que se hayan generado e integrar esa parte de la vida que ha quedado atrás, sin rechazarla drásticamente ni tampoco aferrarse a ella.

Las etapas del divorcio
Por regla general, dentro de un proceso de separación o de divorcio pueden destacarse una serie de etapas:
Traumática. Sea una decisión prevista o inesperada, cuando se llega a ella lo que surge primero es un gran dolor, al igual que ante la muerte de un ser querido, que deja a la persona afligida e incapaz de pensar en otra cosa. Todo se ve de color negro es difícil hacer una proyección de futuro clara y serena.
De negación. Pasados los primeros días domina una sensación de incredulidad. Expresiones como no puede ser o parase que esté soñando, acompañan los sentimientos, como si la persona no diese crédito a lo que ha ocurrido.
De conciencia Poco a poco se va tomando conciencia de la nueva realidad, aunque eso no quiere decir que haya más tranquilidad: a menudo es la etapa más compleja porque se aprecia la frustración del proyecto de vida en común, parece la soledad y se perciben plenamente los cambios familiares, sociales y económicos. Todo ello comporta un torbellino de emociones y sentimientos contradictorios que se reflejan en cierta tristeza y temor al futuro. Puede aparecer la culpa por el daño que se les puede causar a los hijos -si los hay- el cuestionamiento personal por los posibles errores, las dudas de si es la mejor decisión... Aunque se difícil, es una etapa normal del proceso, que exige sobreponerse al día a día para seguir avanzando.
De aceptación cuando se logra un apaciguamiento de los sentimientos contradictorios empiezan a prevalecer la lógica y la razón. Es entonces cuando se acepta la nueva realidad y se percibe con más claridad lo ocurrido. Pero algunas personas pueden enemistarse con su ex- pareja por sentir que les ha traicionado o ha frustrado sus expectativas, hasta el extremo de querer perjudicarla o dañarla. Se hace preciso, pues, que ese fantasma deje de dominar las emociones y pensamientos.
De restablecimiento. Es la etapa final del proceso. Cada cosa está en su lugar, se da la importancia que conviene al pasado pero la persona deja de mirar atrás constantemente porque se siente tranquila y capaz de ir adelante. Se ha logrado una reconciliación con la antigua pareja, por lo menos en el interior, y eso reconforta.

Lourdes Mantilla
(Psicóloga clínica)