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La película de tu vida




Siéntate cómodamente y relájate todo lo que puedas. No ahce falta que estés acostado, aunque a algunas personas les ayuda a relajarse. Si es así, túmbate. Aunque te parezca una propuesta deshonesta y una petición desmedida. ¡apaga el móvil!
Respira siendo consciente de tu respiración y trata de enviar el aire a la parte más baja de tu tórax. Esto se consigue hinchando la barriga al inspirar y hundiéndola al sacar el aire. A medida que respiras, sientes cómo en cada exhalación los mússuculos de tu cuerpo se relajan más y más…
Abandona toda preocupación o pensamiento que te aleje de este momento y de esta situación de estar por un tao a solas contigo misma. Cierra los ojos por unos minutos y toma contacto con tu interior.
Respira normalmente e imagina que un director de cine ha decidido filmar una película que trata sobre ti y sobre tu vida. Imagina que frente a tus ojos se despliega una pantalla blanca en la que se proyectará lo que ha filmado y lo que filmará. Esas imágenes sólo se pueden ver con una mirada imaginaria; así que permítete fantasear.
Imagina que ese director es muy inteligente y creativo y que está decidido a conseguir que todos los espectadores disfruten con el personaje que va a seguir con la cámara. Va a lograr que el público se impresione, se emocione y que, te comprenda o no, termine siempre queriéndote.
Su ingenioso y extraño plan es que los cámaras te sigan en todos los momentos de tu vida. Las imágenes empiezan a proyectarse. La cámara registra tu despertar tal cual es. Fijate en los detalles: ¿Cómo es tu habitación cuando te despiertas? ¿Cómo es la luz que entra? ¿Cómo son los objetos? ¿Cómo es tu cara al despertar? ¿Cómo te sientes? ¿Qué piensas? ¿Qué cambiarias si pudieras?
Ahora te estas levantando y comienzas tu día como habitualmente. La cámara te sigue al cuarto de baño, a la cocina y de vuelta al dormitorio, vestidor. Mira cada escena con detenimiento. ¿Cómo es la ropa que el protagonista decide ponerse? ¿Es la ropa que le gusta? ¿Qué le dirá al espectador tu manera de vestirte, tu forma de acicalarte, tu estilo de desayuno y todo lo que haces antes de salir de tu casa?
Sigue las escenas y trata de deducir qué conclusiones está sacando el público sobre esta persona. ¿Qué puede gustarle al espectador de lo que ve? ¿Qué será lo que menos le gusta? ¿Por qué va a disgustarles?

La cámara te sigue hasta tu encuentro con la gente con la que te juntas todas las mañanas y en cada movimiento que haces en este especial día. Va a cada uno de los lugares por los que pasas. ¿Qué sientes frente a todo esto? ¿Qué sentirán los espectadores?
Ahora estás almorzando. ¿Qué come nuestro protagonista? ¿Cómo come? ¿Qué le diría una persona a su acompañante mientras contempla la escena en la platea?
El día continúa y las actividades se suceden. Imagina que puedes percibir alguna reacción del público sobre lo que ocurre. Algunos creen que eres un tanto especial ¿Por qué?

La película continúa y la cámara te sigue hasta el encuentro con la persona más importante de tu vida en este momento. Te saludas con ella, como siempre o quizá un poco más efusivamente que de costumbre. ¿Qué hacéis al veros? ¿Qué siente quien ve estas imágenes? Anímate a calificar este encuentro con dos o tres abjetivos. ¿Cuáles son?

Historia de tu vida
La cámara se acerca y tú le cuentas tres episodios importantes de tu vida. El director es maravilloso y, a medida que los cuentas, aparecen en la pantalla los hechos que relatas. Un tanto desenfocados y en colores sepia, pero allí estan.
Se pasan las imágenes del primer episodio. ¿Qué sientes cuando las ves? ¿Qué pensará la gente cuando las vea contigo?
Llegan ahora las imágenes del segundo momento más importante de tu vida ¿Qué despiertan en ti? ¿Y en los espectadores?
¿Qué evoca el desarrollo del tercer episodio?
Es la tarde ¿Qué expresión tiene el personaje central en la pantalla? Vuelve a casa ¿Qué hace? ¿Cómo se siente? Ahora se acuesta en la cama. Fíjate en este momento. No lo censures ni lo juzgues, sólo míralo. Imagina simplemente cuáles son las sensaciones del público antes este instante.
El director decide rodar algunas escenas más junto con otros personajes de tu vida. Después graba también momentos de un día de fiesta y de un día triste.
Ahora la cámara te filma un día que sientes gran satisfacción.
Estamos llegando al final de la película. El director ha decidido dejarte elegir la escena con la que culmina el film. ¿Cómo es esta escena? ¿Quiénes participan en ella? ¿Qué siente la gente al saber que aquí se termina esta pelicula? ¿Qué puede haber aprendido?
El director te pide que pongas un título a la obra que sea simbólico ¿Cuál eliges?
La mayoría del público ha salido satisfecho con la filmación ¿Tú también? ¿Qué cambiaras de ésta que es tu vida?
El ejercicio ha terminado. Ahora respira profundamente dos o tres veces.


Jorge Bucay

Autoestima para ser independientes


Cada vez que uno se hace el desvalido creamos una dependencia. En otras palabras, nos hacemos esclavos, especialmente si la dependencia es una dependencia de la autodestrucción o autoestima. Si necesitamos estímulo, ayuda, plamaditas en la espalda, entonces lo único que conseguimos es que todo el mundo sea nuestro juez.

Si no tenemos la capacidad de amor a nuestra disposición proyectamos el amor, queremos entonces ser amados hacemos toda clase de cosas para hacernos dignos de ser amados. Si nos negamos a nosotros mismos, siempre terminaremos convirtiéndonos en el blanco, nos volveremos dependientes. ¡Qué gran dependencia si queremos que todos nos quieran!

Si nos sentimos cómodos dentro de nosotros, no nos queremos ni odiamos sino que simplemente vivimos. La característica del neurótico es el manejo del ambiente mediante roles, y es también la característica de nuestra inmadurez remanente. Desde ya, podemos ver cómo esta energía, en ver de usarla en nuestro desarrollo, se gasta en manipular el mundo.

Sueños y existencia Fritz Perls

La escuela emocional




Para los niños pequeños, reconocer y expresar las emociones es también un aprendizaje. Los padres podemos ayudarles a verbalizarlas.

Antes que el sentimiento, aparece la emoción y, antes de que tenga lugar la emoción. Aparecen las sensaciones corporales. Nuestros hijos, ya desde el inicio de su vida, experimentan sensaciones. Y cuando los padres ponemos a esa voz sensaciones y emociones que observamos en nuestros hijos y las verbalizamos les estamos ayudando a que puedan asociarlas a sentimientos,
Así, cuando un bebé agita sus brazos y sus piernas mientras nos mira y nos sonríe, podemos decirle: Que alegre que estás hoy” Con los niños más mayores, podemos hacer algo similar. Si, por ejemplo, nuestro hijo está gritando moviéndose de un lado para otro, le podemos decir: pareces enfadado, ¿qué te ocurre? ¿Qué necesitas? De hecho, muchos de los llantos de los niños no son más que la expresión de un deseo de comunicación y de presencia de los padres, y no tanto la exteriorización de una necesidad física.

Los adultos como modelo
A través de la comunicación de nuestros propios sentimientos, los adultos también podemos enseñar a los niños a expresar sus propios sentimientos. Es así como les ofrecemos nuestro apoyo para que exterioricen sus sentimientos y necesidades.
Las emociones vividas y experimentadas adquieren sentido en una relación. Es por ello por lo que es tan importante que aceptemos sin juzgar todas las emociones de los niños y que les enseñemos a expresarlas y a gestionarlas de una manera positiva y saludable.

Toña Sala
Psicóloga y Terapeuta Gestáltica
Mente Sana

Abrirse a la creatividad




Pensamos que para ser creativo hay que estar dotado de algún talento especial; y no es así, la creatividad es un regalo al alcance de todos
Podemos identificar cada cambio en el calendario como una nueva oportunidad para renovar nuestras opciones y proponernos nuevas metas más productivas e, incluso, revolucionarias. Para sacar un mayor rendimiento a estas nuevas opciones para la transformación necesitamos poner en marcha nuestra creatividad, esa cualidad, esa cualidad, esa cualidad que, además de permitirnos crear determinadas cosas, también nos ofrece la posibilidad de cambiar otros aspectos de nuestra vida, de hacerlos diferentes y más atractivos.

Optimizar el pensamiento
Aunque a algunas personas les cueste creerlo, todos somos seres creativos, ya que desarrollamos creatividad en todas las parcelas de nuestra vida, aun sin saberlo. Si logramos ser conscientes de ello, valoraremos las posibilidades que se nos presentan para dirigir nuestras vidas. Una buena manera de empezar es dejar de lado el pensamiento analítico y priorizar nuestras emociones, tomar contacto con nuestras sensaciones, con la información que nos llega a través de los sentidos. Si en lugar de decirnos a diario “Tengo que…” nos decimos “Me gustaría…” pondremos en funcionamiento nuestra capacidad creativa y lograremos un doble objetivo: haremos algo que tenemos que hacer, pero disfrutaremos, pues el sentido no será de obligación sino de elección.
Estimular los sentidos nos ayudará a despertar nuestra creatividad y nos inspira para llevar a cabo todos los cambios que nos propongamos. Aprendemos, entonces, a confiar en nosotros mismos, a sentirnos capaces de ser las personas creativas que queremos ser.

Elizabeth Stump
Psicóloga y terapeuta Gestáltica
Mente Sana

Cambiar la forma de ser padres


Durante la madurez, suelen darse, básicamente, dos situaciones que pueden ocasionar conflictos con nuestros padres: la dependencia de los hijos hacia los padres y la de los padres indefensos.
La primera, cuando estos no se dan cuenta de que sus hijos han crecido. Siempre digo que los padres nunca se jubilan de su trabajo de padres, deben jubilarlos los hijos. De hecho, los padres suelen resistirse a pensar que sus hijos pueden actuar de amanera autónoma, que deben tener sus aciertos y equivocaciones… Son los hijos quienes tendrán que transformar la relación Padres-hijos” en “adultos-adulto” y digo relación. Porque el vínculo afectivo se mantendrá siempre- Pero ¿Qué hacemos cuando los padres no quieren jubilarse?
La respuesta está en nuestro interior, debemos plantearnos si realmente hemos dejado de depender de ellos, tanto material como emocionalmente (esperando siempre su aprobación). Solemos reprobar la autoridad paterna cuando, en realidad, somos nosotros quienes les concedemos ese papel. La solución pasa por ser consciente de ello. Cuando dejamos de depender de la aprobación de nuestros padres en cada paso que damos, tenemos gran parte del problema resuelto.
La situación de los padres indefensos, por su parte, también es común. Se trata de personas que transmiten a sus hijos lo mal que las ha tratado la vida, generando en ellos la necesidad de compensarles. En estos casos, los hijos desarrollan un gran sentimiento de culpa que los atrapa en un vínculo asfixiante. Suele ser que estos padres no han tenido una vida fácil, pero no es menos cierto que asumen u transmiten un victimismo que obliga a sus hijos a hacerse cargo de su bienestar.
En este caso, de manera adulta y sin culpas, tendremos que decidir hasta dónde queremos y podemos responsabilizarnos sin ver afectada nuestra paz interior.

Julia Atanasopulo
Directora del Centro Andaluz de psicoterapia.
Mente Sana

Miedo al rechazo




Vivir sin depender de otras opiniones

Como sobre gustos no hay nada escrito, no podemos caerle simpáticos a todo el mundo. Hasta la persona que suele ser querida –aparentemente- por todos, puedo no ser elegida por alguien o disgustar a alguno.
¿Cómo dejar de estar pendientes de la aceptación ajena, sin dejar de relacionarnos cordialmente con la gente? Con herramientas para recuperar la autoconfianza y la seguridad en nosotros mismos.


El miedo es una señal de alarma de algo malo puede llegar a pasarnos, y ser rechazados es una posibilidad real que todos en algún momento experimentamos. Nadie está exento de ser rechazado, por lo tanto, este peligro no sólo puede llegar a pasar sino que, en algún momento, va a ocurrir. Sin embargo, no todos tienen miedo al rechazo. Éste aparece ante la percepción de una probable amenaza a perder la aprobación o el afecto del otro, y este miedo surge porque hay carencia de reconocimiento y/o de estima que pide ser cubierta. De tal forma, el miedo es directamente proporcional a la carencia.
¿Cómo funcionan las personas según este temor?
Tienen la energía dispuesta a ocultar sus sentimientos e ideas por miedo a no coincidir con la expectativa del otro, lo que les provoca un comportamiento rígido. Es tal el control, que hasta pueden llegar a manifestarlo corporalmente e inhibir la creatividad, la productividad, e impedir vínculos auténticos; van perdiendo su autenticidad.
Para no perder al otro; pueden no poner límites y aceptar cosas con las cuales no están de acuerdo; disimulan su enfado, pero la relación no es igual: empiezan a acumularse un resentimiento que impide disfrutar del vínculo.
Terminan por alejar a quien los quiere y boicotean así, la relación (lo abandonan o rechazan antes de que este fantasma aparezca sobre ellos), o bien, se rodean de personas que no los valoran.
Construyen la realidad externa a partir de la interna; sienten que nadie puede quererlos, reconocerlos, valorarlos y aceptarlos tal cual son, por lo tanto, recrean en su vida circunstancias y vínculos que le confirman esta situación.

Origen del problema
Es un trastorno en la estima de sí misma las razones pueden ser: No haberse sentido completamente valorados por sus padres o amigos.
Haber tenido o no una experiencia traumática al rechazo. Por ejemplo. Burlas continuas debido a algún defecto físico en la niñez; aislamiento social, abandono.
Haber tenido padres que tampoco se valoran lo suficiente, por lo que carecen de modelos apropiados en sus vidas.
Carecer de salud, belleza, trabajo.. Condiciones que los hacen apartarse de los demás.

Gabriela Murgo
Psicóloga, especialista en Gestalt y Flores de Bach.

Amar sin someterse




















Lo que hace el amor tan misterioso, deseable y único no es otra cosas que la libertad: somos tan libres para amar como el otro para correspondernos.
Pero a veces, nos dejamos regir por toda una serie de crencias falsas que limitan nuestras visión del amor y de la vida: si la entrega no es absoluta, nuestro amor no es verdadero; si no nos sacrificamos al máximo, no podemos justificar el ser merecedores de afecto... incluso pensamos que cuanto más necesarios nos hacemos, más importantes y dignos de amor somos.
El siguiente paso lógico del proceso es la frustración, pues sentimos que la balanza tan desequilibrada que culpamos al otro y le exigimos -conscientemente o no- que nos dé el aprecio que nosotros mismos decidimos que necesitamos, una renuncia que el otro nunca nos pidió.
Es más, es porblable que el otro se sintiera atraído por nosotroas, entre otras cosas, por la dignidad y respeto con que nos tratábamos .. ¿No es, entonces paradójico este autoboicot?
Para salir de este bucle es preciso recordar siempre que nos amor por lo que somos, mucho más allá de lo que hacemos. Y que el amor incondicional es incompatible con cualquier forma de sometimiento.
Y, por supueto, seamos honestos: si deseamos recibir amor -cariño auténtico- entreguemos el nuestro con la misma lbertad, sinceridad y respeto.

Vanessa Gil
Terapeuta- desarrolo personal y motivación.

Proteger nuestro niño interior


Existen muchas personas que han tenido una infancia donde la felicidad era la excepción, porque sufrían maltrato, abandono, negligencia o porque uno de los progenitores- o amnbos- murieron o abandonaron el hogar familiar. O, simplemente, porque los padres no fueron capaces de proporcionar bienestar y seguridad afectiva.
Generalmente, cuando estos riños se hacen adultos no suelen respetarse porque, de alguna manera, perpetúan la situación que vivieron durante su niñez. Aunque no recuerden los detalles de los acontecimientos que vivieron, les queda una impronta emocional que contribuye a que no se sientan personas merecedoras de amor, confianza y amabilidad.
Pese a todo, una persona que fue tratada sin amor en su infancia puede aprender a respetarse, a sentirse valiosa, o amarse a sí misma. Puede llegar a pensar que, aunque no fue respetada por sus padres, sí que es digna del respeti de los demás.
Pero para ser respetado por lo demás, es importante empezar por uno mismo. Esto significa primero, olvidar el pasado, hacer las paces con lo ocurrido e, incluso, y si es necesario, perdonar a los que no nos trataron como debían. Pero, sobre todo, no anclarnos en esa infancia infeliz para justificar cualquier hecho negativo que nos ocurra.
Hay que saber reconocer las propias emociones, tanto las positivas como las negativas, sin censurar los aspectos menos agradables de uno mismo, reconocer quiénes somos y, muy especialmente, valorarse a uno mismo como a los demás, tratarnos, como queremos que nos traten. Porque si no nos tenemos en estima a nosotros mismos ¿Quién nos la tendrá?.
A veces, los terapeutas acompañamos a estas personas en su camino de transformación. Para hacerlo, les recomendamos que se comporten "como si" como si ya hubiesen conseguido sus objetivos, como si ya fuesen la persona que quieren ser. Esto significa comportarse como una persona digna de respeto.

Ursula Oberst
Profesora de la Universitat Ramon Llull

Amigos que no juzgan


En el momento de tomar decisiones es muy común estar más pendientes de nuestro entorno que de nuestras necesidades. Pero si no actuamos de forma sincera con nosotros mismos acabaremos por provocarnos un conflicto interno.
Cuando decido no actuar porque pienso que el otro se va a molestar o para no tener problemas pasa a estar en mi interior, y todo lo que no dije en ese momento concreto se instala dentro de mí y me genera un malestar, tanto físico como psicológico.
Aprender a pensar en nosotros antes que los demás es fundamental a la hora de tomar decisiones sanas, teniendo claro que lo que elijo lo hago para mí y no en contra de los demás.
Si algún amigo se siente mal por mis elecciones, debería replantearme si es sincera su amistad. Si existe un vinculo en el que podemos ser y sentirnos libres y autónomos, sin condicionantes, es en la amistad.
Saber ser libre y autónomo es aprender a respetarme y aceptarme, así como respetar y aceptar a los demás. La amistad se construye a partir de los diferentes encuentros que tengo con la otra persona, y se sostiene por la libertad que ella me otorga: es precioso poder volar para elegir cúando volver al nido. Si un amigo no entiende que quiera volar, quizá deberemos separanos, pues no somos peregrinos del mismo camino.

Elizabeth Stump
Psicóloga y terapeuta gestáltica.

Olvidar los temores


El conocido psicoanalista Erich Fromm señala en su libro El arte de amar que el amor implica ciertos elementos básicos, como son el cuidado, la responsabilidad, el conocimiento y el respeto. Respetarse significa vernos y aceptarnos como somos, tomar conciencia de nuestra individualidad, implica dar cabida enteramente, con la mente y el corazón, a todas y cada una de nuestras facetas como persona. La empatía con nuestro propio ser nos abre la puerta a nuestra transformación.
Pero no siempre nos movemos con esta actitud, y sabemos que no lo hacemos por miedo a ser rechazados o criticados.
Cuando pensamos en la posiblidad de respetarnos, siempre pensamos en las consecuencias negativas que nos puede acarrear,. Y sufrimos por ello, pues comno señala el psicólogo Max Hammer el sufrimiento psicológico se inicia en la primera ocasión en que no respetamos o rechazamos en nuestro interior cualquier cosa que sea esperiencialmente real.
Confundimos el respeto hacia uno mismo con el egoísmo. Pensamos que el respeto por nosotros mismos excluye el respeto por los demás, Por eso, dar cuenta de uno mismo ante los demás, respetarse, es un riesgo difícil de asumir. Pero nada más lejos de la realidad. Necesitamos reencuadrar esta creencia. Te inivito a que reflexiones detenidamente acerca del siguiente planteamiento.
A través del respeto por lo que experimentamos por lo que somos, y de su expresión sincera, podemos ejercer un efecto de bienestar sobre quienes nos rodean, pues les ofrecemos un modelo maduro de funcionamiento en el que, sin dejar de atenderles y respetarles, nos mostramos respetuosos con nuestro propio ser. Y esto es algo que no debe producir malestar entre las personas sino que se trata de un regalo que tenemos para ellas y para nosotros.
Plantéate una cosa, seguro que si piensas en una persona que consideras que sabe respetarse y respeta, comprobarás que lo que sientes hacia ella no es más que...admiración.
¿Te imginas permitirte a ti mismo esta actitud de respeto a la vez que consideras a los demás? ¿Te puedes imaginar experimentando la admiración de las personas que te rodean ante tu forma de conducirte? Tentador ¿no te parece?

Sergio Huguet
Psicólogo director del Instituto Gestalt València.

La isla de la emociones




La ceremonia del "TE"

Te encuentro... Te escucho...
Te abrazo... Te beso...
Te aprieto... Te atrapo...
Te absorbo... Te asfixio...
¿Te quiero?




La Isla de las Emociones

Hubo una vez una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existen. Convivían, por supuesto, el Temor, la Sabiduría, el Amor, la Angustia, la Envidia, el Odio... Todos estaban allí.

A pesar de los roces naturales de la convivencia, la vida era sumamente tranquila y hasta previsible. A veces la Rutina hacia que el Aburrimiento se quedara dormido, o el Impulso armaba algún escándalo, pero muchas veces la Constancia y la Conveniencia lograban aquietar el Descontento.

Un día, inesperadamente para todos los habitantes de la isla, el Conocimiento llamó a reunión. Cuando la Distracción se dio por enterada y la Pereza llegó al lugar del encuentro, todos estuvieron presentes. Entonces, el Conocimiento dijo:

–Tengo una mala noticia para darles: La isla se hunde.

Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:

–¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre!

El Conocimiento repitió:

–La isla se hunde.

–¡Pero no puede ser! ¡Quizá estás equivocado!

–El Conocimiento casi nunca se equivoca –dijo la Conciencia dándose cuenta de la verdad–. Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde.

–¿Pero qué vamos a hacer ahora? –se preguntaron los demás.

Entonces, el Conocimiento contestó:

–Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla... Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella.

–¿No podrías ayudarnos? –preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.

–No –dijo el Conocimiento–, la Previsión y yo hemos construido un avión y en cuanto termine de decirles esto volaremos hasta la isla más cercana.

Las emociones dijeron:

–¡No! ¡Pero no! ¿Qué será de nosotros?

Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y, llevando de polizón al Miedo, que como no es zonzo ya se había escondido en el motor, dejaron la isla.

Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero... Todas... salvo el Amor.

Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:

–Dejar esta isla... después de todo lo que viví aquí... ¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? Ahh... compartimos tantas cosas...

Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio para irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos. Tocó cada piedra... y acarició cada rama...

Al llegar a la playa, exactamente desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el amor:

“Quizá la isla se hunda por un ratito... y después resurja... ¿por qué no?”

Y se quedó durante días y días midiendo la altura de la marea para revisar si el proceso de hundimiento no era reversible...

La isla se hundía cada vez más...

Sin embargo, el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que sólo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería.

Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande, y que aun cuando se hundiera un poco, siempre él podría refugiarse en la zona más alta...

Cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él.

Así que, una vez más, tocó las piedritas de la orilla... y se arrastró por la arena... y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa que otrora fue enorme...

Luego, sin darse cuenta demasiado de su renuncia, caminó hacia la parte norte de la isla, que si bien no era la que más le gustaba, era la más elevada...

Y la isla se hundía cada día un poco más...

Y el Amor se refugiaba cada día en un espacio más pequeño...

–Después de tantas cosas que pasamos juntos... –le reprochó a la isla.

Hasta que, finalmente, sólo quedó una minúscula porción de suelo firme; el resto había sido tapado completamente por el agua.

Recién en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no dejaba la isla, el amor desaparecería para siempre de la faz de la Tierra...

Caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el Amor se dirigió a la bahía.

Ya no había posibilidades de construirse una salida como la de todos; había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco ante sus ojos.

Desde allí podría ver pasar a sus compañeros en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguno de sus compañeros lo comprendiera y lo llevara.

Buscando con los ojos en el mar, vio venir el barco de la Riqueza y le hizo señas. La Riqueza se acercó un poquito a la bahía.

–Riqueza, tú que tienes un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina? Yo sufrí tanto la desaparición de esta isla que no pude fabricarme un bote...

Y la Riqueza le contestó:

–Estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas, que no tengo lugar para ti, lo siento... –y siguió su camino sin mirar atrás.

El Amor se quedó mirando, y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos, caireles, mármoles y florcitas de todos los colores. Llamaba muchísimo la atención.

El Amor se estiró un poco y gritó:

–¡Vanidad... Vanidad... llévame contigo!

La Vanidad miró al Amor y le dijo:

–Me encantaría llevarte, pero... ¡tienes un aspecto!... ¡estás tan desagradable... tan sucio y tan desaliñado!... Perdón, pero creo que afearías mi barco––y se fue.

Y así, el Amor pidió ayuda a cada una de las emociones. A la Constancia, a la Sensualidad, a los Celos, a la Indignación y hasta al Odio. Y cuando pensó que ya nadie más pasaría, vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.

–Tristeza, hermana –le dijo–, tú que me conoces tanto, tú no me abandonarás aquí, eres tan sensible como yo... ¿Me llevarás contigo?

Y la Tristeza le contestó:

–Yo te llevaría, te lo aseguro, pero estoy taaaaan triste... que prefiero estar sola –y sin decir más, se alejó.

Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a esas cosas que tanto amaba, la isla iba a hundirse en el mar hasta desaparecer.

Entonces se sentó en el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final...

De pronto, el Amor escuchó que alguien chistaba:

–Chst-chst-chst...

Era un desconocido viejito que le hacía señas desde un bote de remos.

El Amor se sorprendió:

–¿A mí? –preguntó, llevándose una mano al pecho.

–Sí, sí –dijo el viejito–, a ti. Ven conmigo, súbete a mi bote y rema conmigo, yo te salvo.

El Amor lo miró y quiso explicar:

–Lo que pasó fue que yo me quedé...

–Yo entiendo –dijo el viejito sin dejarlo terminar la frase–, sube.

El Amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla.

No pasó mucho tiempo antes de ver cómo el último centímetro que quedaba a flote terminó de hundirse y la isla desaparecía para siempre.

–Nunca volverá a existir una isla como ésta –murmuró el Amor, quizá esperando que el viejito lo contradijera y le diera alguna esperanza.

–No –dijo el viejo– como ésta, nunca.

Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor comprendió que seguía vivo. Se dio cuenta de que iba a seguir existiendo.

Giró sobre sus pies para agradecerle al viejito, pero éste, sin decir una palabra, se había marchado tan misteriosamente como había aparecido.

Entonces, el Amor, muy intrigado, fue en busca de la Sabiduría para preguntarle:

–¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó... Todos los demás no comprendían que me hubiera quedado sin embarcación, pero él me ayudó, él me salvó y yo ni siquiera sé quién es...

La Sabiduría lo miró a los ojos largamente y dijo:

–Él es el único que siempre es capaz de conseguir que el amor sobreviva cuando el dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir. El único capaz de darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse. El que te salvó, Amor, es el Tiempo.

Aprender a disfrutar el presente


Uno de los grandes secretos de la tan perseguida felicidad es saber disfrutar de lo que la vida nos ofrece a cada instante. Pero a veces esto nos resulta difícil porque interfieren pensamientos sobre el pasado, cuestiones no resueltas o expectativas sobre el futuro. Es una trampa de la que podemos salir, paso a paso, y centrándonos en los actos más secillos y cotidianos. Aceptar el poder del ahora nos hará ver la realidad de forma más positiva. y llena de sentido.

Cuenta una historia zen que un dia el monje Tanzán y su joven discípulo partieron en un ardua travesía de peregrinación hacia el pico de una elevada montaña. Atravesaron laderas y valles, se detuvieron frente a pequeñas cascadas y sortearon peligrosos riscos. Todo en el estricto silencio que impone la tradición zen. Hasta que a orillas de un río encontraron a una mujer en apuros, que no hallaba manera de cruzar al otro lado. Entonces, para sorpresa del discípulo, Tanzán rompió el voto de silencio que se habían impuesto como peregrinos.
Yo la llevaré- dijo el maestro a la mujer.
Mientras el joven monje contemplaba la escena horrorizado, Tanzán alzó a la mujer en brazos y, sumergiéndose en el rio hasta el pecho, la llevó hasta la otra orilla. El discípulo no podía creer que su maestro no sólo hablase a una mujer, sino que la alzara en brazos. Eso iba en contra de todas las normas del monasterio y de la vida de un monje. El joven les siguió a través del rio, tan concentrado en lo que acababa de ocurrir, que casi fue arrastrado por la corriente.

Anclado en el pasado:
Una vez estuvieron todos del otro lado, Tanzán dejó a la mujer en tierra y ella se despidió amablemente. El maestro respondió reclinando levemente la cabeza. El joven monje esperaba algún tipo de explicación, pero Tanzán simplemente sacudió su ropa mojada y continuó la marcha en silencio. Y así continuaron andando a través de hermosos parajes, que el joven casi no vio pues seguía cavilando acerca de lo ocurrido en el río, hasta que no pudo más. " Si mi maestro no respeta el voto de silencio, ¿por qué debo hacerlo yo?, se dijo. Y entonces se dirigió resuelto a su maestro.
¡Yo pense que los monjes no debíamos acercarnos a las mujeres!- le reprochó.
¿Te refieres a aquella mujer del río? yo la dejé hace mucho tiempo. ¿Es que tú la sigues llevando?- replicó Tanzán.
En ocasiones todos nos comportamos como el joven discípulo; vamos por la vida pendientes de lo que nos ha ocurrido, de algo que está en nuestro pasado y no hemos podido resolver... Y así seguimos andando distraídos, perdiéndonos los paisajes que encontramos, sin poder aprender aquello que cada instante tiene para enseñarnos.
Otras vece, lo que nos distrae de nuestro camino no está en el pasado, sino en el futuro. También podríamos imaginar al joven discípulo preguntándose, una y otra vez, cómo será la montaña a la que se dirigen o preocupado por lo que encontrarán allí; también de este modo pasarían inadvertidas para él las maravillas de la travesía.

Vivir intensamente:
Si no queremos pasar por la vida distraídos de cuanto nos ocurre y nos toca, de cuanto vemos y oímos, y de aquellos con quienes nos cruzamos, debemos empezar por la simple tarea de vivir en el presente. ¿Pero qué quiere decir vivir en el presente? Dirán algunos ¿no vivimos acaso todos en el presente? ¿Es que hay otra posibilidad?
Para ser más claros, entonces, quizá deberíamos decir que de lo que se trata es de estar presentes, en cada momento, con todo nuestro ser. ¿Cuantas veces nos hemos dado cuenta de que nuestros pensamientos se hallan en otro lado, en otro tiempo y en otro lugar? ¿Qué hemos perdido el tiempo en lamentaciones sobre el pasado, en previsiones inútiles, dejando que el momento se nos escape sin apercibirnos de ello? Es importante ser cuidadosos o correremos el riesgo de perdernos el viaje o incluso de ser arrastrados por la corriente.

Demián Bucay
Mente Sana

Abrirse a la prosperidad


Disfrutar de una vida próspera es uno de los deseos más humanos que existen. Y sin embargo, ponemos barreras a la properidad al confundirla con palabras como éxito, dinero o ambición. Pero desear grandes cosas para uno mismo y para los demás no tiene nada de vergonzoso. La verdadera abundancia no está reñida con los valores; ser próspero es usar las propias capacidades para abrirse a lo mejor de la vida.
Imaginemos un bosque de bambú. Un frondoso bosque que filtra la luz del sol de la forma más delicada, que ofrece alimento y excelente material para la construcción; que cuando sopla el viento, se inclina y, en vez de quebrarse, emite una música seductora.
Podríamos decir que el bambú es una planta próspera. Pero si nos paseáramos por ese mismo campo de bambú tan sólo seis semanas antes del momento imaginado, seguramente no diríamos lo mismo.
En su libro Un viajero heroico hacia la abundancia y la properidad, Ana Blesa comenta una particularidad acerca del crecimiento de la planta de bambú. Al parecer una vez sembrada la semilla de bambú, es necesario abonarla y regarla diariamente. Sin embargo, durante largo periodo de tiempo no ocurre nada; de hecho no ocurre nada durante siete años. Sólo después de siete años de cuidado nace un brote que, en sólo seis semanas crecerá más de treinta metros.
¿que ocurre aquí? ¿El bambú despierta de pronto? No, lo cierto es que ha estado creciendo todo el tiempo. Sólo que durante los primeros siete años ha estado desarrollando las intrincadas y profundas raíces sin las caules no podría luego soportar su propia altura. Segurmente, si alguien pasara por un campo de bambú al cabo de cuatro años de la siembra, pensaría: Estas semillas no han tenido éxito" Y tendrían razón, no han tenido éxito porque no han dado- aún- resultados.
Pero el granjero sabría, que bajo tierra, las semillas prosperan y se preparan para grandes cosas. Es esete crecimiento en profundidad, menos espectacular, el que nos permitirá sostener luego todo lo que deseemos construir en nuestra vida.

La prosperidad como proceso
La prosperidad se define como el curso favorable de las cosas. Vale la pena notar que se dice "curso" y no resultado. La idea de prosperidad remite a un proceso, a algo que se encuentra siempre en movimiento, fluyendo hacia adelante, justamente como el curso de un río o como el lento pero fértil proceso de crecimiento de la planta de bambú.
¿Significa que debemos tomar una actitud pasiva ante la vida? ¿Dejar de perseguir nuestros deseos? Algunos maestros Zen quizá responderían "Si" Dado que el malestar proviene de los deseos insatisfechos y dado que es imposible satisfacerlos del todo, la única salida consiste en abunarlos. Recorrer este camino lleva mucho tiempo y un entrenamiento riguroso. Algunos maestros orientales parecen haberlo conseguido, pero creo que, en general, no es un enfoque demasiado adecuado para nuestra vida cotidiana.
Yo diría que debemos redefinir el concepto de prosperidad: alguien próspero es quien se mueve hacia adelante, en la direción en que apuntan sus deseos. Alguien próspero no se fuerza a conformarse con poco, no se avergüenza por querer más, pero tampoco enloquece intentando que las cosas sean tal como las soñaba. Y es alguien dispuesto a poner de sí para conseguir ese avance, no espera que el mundo ni los otros hagan el trabajo por él. Sabe que debe sembrar si luego piensa recoger la cosecha.
Que no se trata de llegar, sino de fluir.

Demián Bucay-
Médico y terapeuta gestáltico.