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Vivir con el dolor de una agresión sexual en la infancia te convierte en rehén del pasado


Por lo que sabemos, la vida no consiste en ser infeliz, sino de todo lo contrario. Pase lo que pase, hay que aprender y nunca renunciar a la paz, la felicidad interna e, inevitablemente, para llegar ahí antes hay que pasar por el perdón, cada uno a su manera

Rianne Orantes ha cursado estudios de reflexoterapeuta y es graduada en Naturopatía. En sus terapias hace uso de ambos conocimientos, combinando la reflexología podal y facial con la naturopatía y la sicoanalogía (origen emocional de los problemas de salud). Ahora ha dado un paso más en su carrera publicando la guía denominada «Tú puedes decir ¡No!» con la que pretende concienciar a la sociedad -tanto niños como adultos- de que hay que detectar cuándo se producen abuses sexuales en la infancia y que, a su vez, es posible superar las secuelas que éstos acarrean.

Pregunta: ¿Tú misma has afirmado que «lo que vivimos en la infancia, tarde o temprano, repercute en nuestra vida». Eso es evidente y, mucho más, cuando hablamos de abusos sexuales, pero ¿cuáles son las secuelas que pueden quedar tras sufrir una injusticia de este tipo?

Respuesta: Las secuelas que el abuso sexual puede dejar son muy variadas. En los niños aparecen desde cambios de comportamiento hasta autolesiones, problemas en la alimentación o eneuresis nocturna, entre otras. Cuando somos adultos y no hemos hecho algo para comprender y traspasar el abuso, nos podemos identificar con el rol de víctimas o podemos actuar de manera abusiva. También suele repercutir en nuestras relaciones personales y a nivel sexual pueden aparecer disfunciones. Es lógico tener una muy baja autoestima y desarrollar comportamientos inconscientes autodestructivos.

P: Y en este sentido, ¿qué terapias serían las más convenientes para abordarlo?

R: Para el niño una terapia sicológica que no le victimice, que le permita expresar y salir de cualquier rol que tenga que ver con el abuso, que le ayude a ser más libre, haciendo que se sienta apoyado, no sólo por su entorno afectivo, sino por la sociedad. Para el adulto, terapias que le permitan también salir de cualquier rol de víctima o verdugo: sicoterapia junguiana, por ejemplo, técnicas como la ICV (integración del ciclo vital,) EFT (técnicas de liberación emocional), constelaciones familiares, etc.

P: «Tú puedes decir ¡No! A las personas que se comportan mal con los niños» es una especie de libro-guía que has escrito dirigida tanto a niños como a sus padres. ¿Qué pretende comunicarnos con ella?

R: Con esta guía, pretendemos ayudar a los niños a ver la diferencia entre abuso y afecto; a enseñarles con un lenguaje cercano y sencillo en forma de historieta como actuar en caso de abuso, ofreciéndole apoyo y protección de su entorno y alentándolo a expresar cualquier situación relacionada con el abuso. Al mismo tiempo, la guía también puede ayudar a los adultos, no sólo a los padres, sino también a todas aquellas personas que están en contacto con los niños (médicos, sicólogos, docentes…) a saber cuáles son los signos, tanto físicos como psíquicos, que pueden ser indicativos de que se está produciendo una situación de abuso; saber cómo actuar ante el niño y cómo ayudarle de una forma sana, sin victimizarle.

P: ¿Qué falsas creencias acerca del abuso sexual están arraigadas en nuestra sociedad?

R: Sobre el abuso sexual se han suscitado muchos mitos, tópicos y falsas creencias que han tenido una incidencia negativa en el descubrimiento del mismo:

Los abusos sexuales sólo lo sufren las niñas.

Los agresores son casi siempre desconocidos.

Los efectos del abuso son irreversibles.

Los abusos sexuales son poco frecuentes.

P: Evidentemente, decir ¡no! ante una situación incómoda o sospechosa es muy importante, pero ¿es igual enfrentarse a un conocido que a un desconocido?

R: Por supuesto que no. La situación se agrava cuando la persona que ejerce de abusador es un conocido, y es el caso de un 90% de los menores que viven abusos en su infancia.

Si el abuso sexual es intrafamiliar tendrá más consecuencias que el extrafamiliar y dependerá del tipo de relación afectiva y de la frecuencia.

En la mayoría de los casos, los niños no se atreven a contarlo por miedo a romper la familia, a que lo rechacen, por vergüenza o por miedo a ser castigado, etc.

P: Algunas víctimas de abusos han asegurado: «Entras en una burbuja y te creas un mundo propio». Por este motivo, ¿usted cree que es fácil para unos padres o familiares cercanos detectar lo que está ocurriendo?

R: No, fácil no es. Creo que es importante que la sociedad, y los individuos en particular, tomemos consciencia de que es una situación que sucede, que una de cada cuatro niñas y uno de cada siete niños sufre abusos sexuales, y es necesario tenerlo en cuenta a la hora de detectar comportamientos extraños en el menor, cambios de conducta o cualquier reacción extraña.

Comportamiento extraño

P: Su guía también se puede utilizar como un modo de prevención. ¿Podría indicarnos cuáles son las principales pautas a seguir para que no ocurran abusos infantiles?

R: Cuando solicitemos servicios de baby sitter, asegurarnos de sus referencias y, si es posible, que sea alguien muy conocido. Aún así, se debe estar muy pendiente de las reacciones del niño. Escucharlo siempre, todo lo que quiera contarnos, aunque sea un niño tiene valor y su opinión cuenta. Demostrarle que estamos dispuestos a ayudarle en cualquier situación que se presente, que le atenderemos y escucharemos.

Promover el diálogo con él, dedicar tiempo para hablar de sus cosas, de lo que le inquieta, incomoda o preocupa. Tener en cuenta a los amigos de nuestros hijos, ya que, a veces, nos darán pistas sobre su comportamiento cuando no está en casa con nosotros. Si vemos cualquier signo de alarma que nos pueda hacer sospechar, enseguida poner nuestros sentidos a funcionar.

P: Según datos estadísticos, uno de cada cuatro niños es víctima, en algún momento de su vida, de abuso sexual, y sólo el 1% lo denuncia. ¿No le parecen cifras muy alarmantes? ¿Por qué es fundamental reconocerlo públicamente?

R: Sí, son cifras muy alarmantes y precisamente por eso, debemos tomar consciencia de este hecho, teniéndolo en cuenta cuando algo no va bien en la vida de un niño. Es muy importante que el menor pueda expresarlo y eso sucede cuando siente que hay personas cerca de confianza que le van a escuchar, entender y ayudar. El hecho de expresarlo y reconocerlo le permite liberarse, salir del trauma y poder ser el día de mañana un adulto libre y consciente de que, ante cualquier situación en la vida, se puede salir adelante, con comprensión y fuerza interior. No es fácil aceptar que has sufrido abusos, pero una vez que lo aceptas y lo comprendes, empiezas a soltar patrones que ya no te sirven para tu crecimiento y a transformarlos en consciencia.

P: De igual forma, según la Asociación para la Sanación y Prevención de Abusos Sexuales en la Infancia (Aspasi), este maltrato se da en todos los niveles sociales y, en la mayoría de los casos, lo cometen de forma repetida familiares y allegados. Por eso, el 86% de las víctimas lo silencia. ¿Qué opina al respecto?

R: Opino que es muy importante hacerse eco de estos datos y una vez que reconozcamos que el abuso sexual sucede, y más de los que pensamos, tenerlo en cuenta. El silencio suele estar motivado por miedo; como ya hemos dicho, miedo a romper la familia, miedo a no ser escuchado, miedo a las represalias, miedo a hacer sufrir a la familia, sobre todo a la madre, y es importante que el niño sienta que puede ser escuchado y entendido, que haya una buena comunicación con él, que sienta confianza y, sobre todo que esté bien informado, y éste es el objetivo principal de la Guía «Tú puedes decir No».

P: En este sentido, ¿cree que es más duro cuando te hace daño una persona que tú quieres o causa el mismo dolor cualquier abuso?

R: Por supuesto que el dolor es mayor cuando hay un vínculo afectivo. A mayor vínculo, más profunda puede ser la herida y más ayuda va a necesitar para sanarla pero, a la vez, cuando se consigue, más fortaleza emocional se puede alcanzar.

P: Además, algunos abusadores han sido víctimas pero ¿qué se esconde en aquellos que no lo han sido?

R: No me siento preparada para ahondar en las profundidades de la mente humana, y menos en la de personas que cometen tales atrocidades, pero seguramente detrás de alguien que es capaz de abusar de un niño, debe hacer mucho dolor o mucho odio acumulado y poca capacidad de empatía en general.

Actos delictivos

P: Además de una guía tan útil como la que ha publicado, en la otra cara de la moneda se encuentra el abusador, al que no se le presta la precisa atención. ¿Cree, por tanto, que sería necesaria una guía enfocada a estas personas? ¿Existe la curación para ellos?

R: Creo que para que la sociedad pueda tener en cuenta a la figura del abusador, primero tendrá que pasar por aceptar que los abusos sexuales son un hecho, y poner los medios necesarios para la prevención y el tratamiento de este tipo de actos delictivos. Asimismo, alguien que comete abusos también necesita ayuda: de su entorno, de las instituciones y de la sociedad en general. Creo que una forma sana de tratar el abuso es no victimizar ni demonizar, puesto que cuando nos identificamos con el rol de víctima o el de verdugo vivimos desde la inconsciencia más absoluta y dolorosa.

Emociones y tensiones

P: Usted, como terapeuta especializada en reflexología, ¿cree que es posible a través de esta técnica paliar también los dolores, no sólo físicos, sino psicológicos o emocionales derivados de un maltrato?

R: Creo que cada técnica o terapia tiene unos límites que no deberían rebasarse. La reflexología está muy indicada para dolores físicos, y aunque ahora ya se contempla la posibilidad que detrás de cada problema físico hay una emoción o emociones que pueden ser la raíz de dicha situación, no debemos olvidar que una situación de abuso conlleva una herida demasiado profunda para ser paliada por técnicas como la reflexología. Cada situación debe ser tratada por terapias que abarquen lo máximo posible la sanación, en este caso, de las heridas del abuso. Pero es cierto que, si además de hacer la terapia indicada, como por ejemplo sicología humanista, junguiana, transpersonal, constelaciones, etc., se reciben sesiones de reflexología, qué duda cabe de que la persona se sentirá mucho mejor y la ayudaremos a sentirse más relajada y aliviada de todas las tensiones que pueda estar generando o haya generado la situación.

P: A raíz de la guía «Tú puedes decir ¡No!» se ha creado una página Web y un grupo en Facebook para dar consejos y apoyar esta realidad. ¿Qué iniciativas vais a seguir realizando en este sentido?

R: Estamos creando una página web con el nombre de la asociación. Nuestro propósito con la Asociación «Prevenir y Sanar» , recién creada, es informar y difundir al máximo número de personas posibles que el abuso es un hecho. A través de la guía queremos ayudar al mayor número de niños posibles a través de los colegios e instituciones, a entender la diferencia entre el abuso y el afecto y a saber cómo actuar en situaciones de riesgo, además de crear en su momento grupos de apoyo para adultos que hayan sufrido abuso en la infancia y terapias sicológica, tanto para niños como para adultos. Queremos ser un lugar de apoyo para todos, sin demonizar lo que hemos vivido, ni tan siquiera a los que lo han cometido. Queremos acompañar a los que en su vida tienen que afrontar estas vivencias pero con el objetivo de liberarse de ellas e incluso llegar a perdonar a sus agresores, y no tanto por ellos como por nosotros mismos. Vivir con el dolor de una agresión de difícil comprensión, como es el abuso por un familiar en la infancia no es fácil, te convierte en rehén de tu pasado. Y, por lo que sabemos, la vida no trata de esto, sino de todo lo contrario, pase lo que pase aprender y nunca renunciar a la paz, la felicidad interna, e inevitablemente para llegar ahí antes hay que pasar por el perdón, cada uno a su manera.


Redacción
Entrevista a Rianne Orantes Naturápata, Reflexóloga y Directora del Centro Gandhaya Samadhi

Los abusos sexuales en la adolescencia deterioran la autopercepción


El 36 por ciento de las mujeres que recibieron atención psicológica especializada en Cataluña el pasado año sufrieron abuso sexual durante su infancia o adolescencia. Las agresiones sexuales en la población femenina atendida por el Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva de la comunidad catalana fueron más frecuentes entre las mujeres inmigrantes (53,6 por ciento) que entre las mujeres autóctonas (33,8 por ciento). El 28,8 por ciento de las mujeres que sufrieron abuso sexual infantil explicaron esta desagradable situación a la familia, amigos o profesionales sanitarios y/o sociales, pero que sólo la mitad recibieron apoyo familiar. El informe refleja que las mujeres con antecedente de abusos sexuales infantiles señalaron una peor autopercepción de su propia salud en la actualidad, ya que el 50 por ciento y 83 por ciento de las mujeres que declararon tener una salud mala o muy mala, habían padecido algún tipo de agresión sexual siendo niña o adolescente. Barcelona, 25 de febrero de 2009. Un estudio elaborado por un grupo de profesionales del Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR) de Cataluña ha revelado que el 36,2 por ciento de las mujeres que recibieron atención psicológica especializada en la comunidad catalana en 2008 afirmaron haber sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia o adolescencia. El informe señala que una de cada tres mujeres encuestadas padeció algún tipo de abuso o agresión sexual infantil y/o adolescente, y que dos de cada diez sufrieron abusos sexuales graves durante esta época de su vida. En concreto, un 34,3 por ciento de las mujeres fueron objeto de tocamientos, un 17,3 por ciento fueron obligadas a realizarlos, en un 18,1 por ciento de los casos intentaron mantener con ellas relaciones sexuales con penetración, y un 10,5% sufrieron penetración no consentida por parte de sus agresores. Los resultados de este estudio, que se dará a conocer en su fase preliminar en el XIII Congreso de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), que se celebrará en Sevilla los días 3, 4, 5 y 6 de marzo, también han destacado que los abusos sexuales durante la infancia o adolescencia de la población femenina atendida por los servicios psicológicos catalanes fueron más frecuentes entre las mujeres inmigrantes que en las autóctonas (53,6 por ciento y 33,8 por ciento respectivamente). No se observaron diferencias estadísticamente significativas en la frecuencia de los abusos según la formación académica y la situación laboral, pero sí según el estado civil (solteras, 34,7 por ciento; casadas o viudas, 31,3 por ciento; separadas o divorciadas, 42,3 por ciento; y parejas de hecho 50 por ciento). El informe refleja asimismo que el 28,8 por ciento de las mujeres que sufrieron algún tipo de agresión sexual infantil (un total de 47 mujeres) explicaron esta desagradable situación a la familia, amigos o profesionales sanitarios y/o sociales, y que sólo la mitad recibieron apoyo familiar (24) o fueron alejadas del agresor (31). Como una de las conclusiones finales, el estudio destaca que las mujeres con antecedentes de abusos sexuales infantiles refirieron una peor autopercepción de su propia salud en la actualidad, ya que el 50 por ciento y 83 por ciento de las mujeres que declararon tener una salud mala o muy mala habían padecido algún tipo de agresión, mientras que entre las que afirmaron tener una salud excelente, ninguna los había padecido. Este dato viene a indicar que esta autopercepción de la salud por parte de las mujeres encuestadas puede estar motivada por las secuelas de los maltratos recibidos durante la infancia y/o adolescencia. El estudio se realizó en un total de 24 centros con Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva de Cataluña, con la finalidad de estimar la prevalencia y describir las características del abuso sexual infantil y adolescente (ASI) y analizar su relación con las variables sociodemográficas, socioeconómicas y la percepción de la salud en general por parte de las encuestadas. En el informe participaron un total de 503 mujeres mayores de 18 años, con una edad media de 41,2 años, que fueron atendidas en visitas psicológicas sucesivas y seleccionadas mediante muestreo consecutivo, que comprendían el idioma y aceptaron participar de manera voluntaria. No obstante, se excluyeron aquellas mujeres atendidas que se encontraban en situación de crisis aguda o presentaban trastorno mental severo. El método utilizado para el informe fue un estudio multicéntrico, descriptivo transversal, a través de un cuestionario autoadministrado y anónimo con u total de 41 preguntas, diseñadas ad hoc o adoptadas del test de Wyatt y Dubé (para definir la tipología de abuso). Igualmente se recogieron los antecedentes de abuso sexual infantil y sus características, variables sociodemográficas y salud autopercibida por parte de las encuestadas. La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) celebrará su XIII Congreso con la pretensión de estimular el conocimiento científico y el debate profesional, bajo el lema Tiempos para la Salud Pública. Los objetivos del congreso son presentar una producción científica de calidad y actualizada; compartir experiencias y los resultados de las investigaciones realizadas en todos los sectores y ejes de la salud pública y que éstas se traduzcan en implicaciones para las políticas y la reformas en curso.

Fuente: XIII Congreso SESPAS

La ablación - La cara desnuda de la mujer árabe


" Una noche, cuando tenía seis años, y yacía confortable y plácidamente en mi cama, en un agradable estado a medio camino entre la vigilia y el sueño, imaginando que un cortejo de hadas encantas revoloteaba por los aires de mis dulces ensoñaciones infaltiles, sentí, de pronto, que algo se movñia bajo las sábanas. Parecía como una enorme mano, fría y ápera, que me manoseaba el cuerpo como si buscara algo. Casi al mismo tiempo, otra mano fría y áspera y grande como la primera, me tapó la boca para impedorme gritar. No sabía que parte del cuerpo me habían cortado y no intenté descubrirlo, simplemente lloraba y llamaba a mi madre pidiendo ayuda. Pero, cuando miré alrededor, el golpe más duro fue descubrir a mi madre allí, de pie, a mi lado. Sí, era ella, en cuerpo y alma, no me estaba confundiendo, allí en medio de todos esos extraños hablándoles y sonriéndoles, como si, apenas hacía unos minutos, no hubieran participado en el sacrificio de su hija. Con mi hermana hicieron otro tanto, una vez acabaron con el "sacrificio" ambas nos miramos y descrubrimos en que consistia todo: Ya sabemos lo que es. Ya sabemos en qué consiste nuestra tragedia. Hemos nacido de un sexo especial, el sexo femenino. Estamos destinadas a parecer la miseria y a vivir con una parte del cuerpo mutilada por unas manos frías insensibles y crueles".
Nawal Al- Sa'dawi


Es una de las mayores atrocidades a las que puede ser sometida una mujer. La ablación, o amputación parcial o total del clítoris, ha marcado de por vida a unos 130 millones de mujeres en el mundo. Una de ellas es la modelo somalí Waris Dirie, embajadora de la ONU en la lucha contra esta aberrante mutilación
la larga batalla contra la ablación
- Las cosas van realmente bien y se ha avanzado mucho en los últimos diez años. Pero todavía queda un largo camino por recorrer. Desde las Fundaciones se trata de sensibilizar al mundo para que vea esta tragedia y, además de crear un centro de información, estamos en un proyecto para fomentar la investigación sobre todo lo relacionado con la ablación. Los Gobiernos no están reaccionando tan rápido como gustaría, pero sí son conscientes de la gran magnitud de este problema, que es fundamentalmente cultural.
cifras concretas sobre las mujeres sometidas a esta brutal práctica
- Es muy difícil conseguir datos exactos, porque al tratarse de un tema tan extremadamente sensible la gente prefiere no dar cifras. Sin embargo, su dimensión es enorme porque no es algo que afecte exclusivamente a los países africanos, sino también a Europa y a España, donde hay colonias de inmigrantes que mantienen sus tradiciones.
la clave para acabar con esta tragedia
- La integración y la educación, sin duda alguna. Hay que sensibilizar a los ciudadanos de la necesidad de acabar con esta práctica.

Heridas de la niñez II


Las sombras de la infancia
Ahora Katja vivía sola, respiraba tranquilidad, hizo nuevas amistades y encontró un empleo que la satisfacía. Pero las sombras de la infancia volvieron a alcanzarla en relación a su hijo. El niño sufría la sepración, pero, igual que su padre, no podía demostrar sus verdaderos sentimientos.
Como su padre le pegó y humilló y su madre ni le entendió desde un principio, el hijo de Katja se fue convirtiendo en una persona desconfiada. No podía ceer que la gente lo quisera tal como realmente y siempre deseaba ser más grande y más fuerte que los demás. Había visto al padre de su infancia y ahora interpretaba ese papel con su madre, culpabilizándola de todo lo que él no era capaz de conseguir en la vida. Una vez Katja preguntó a su hijo ¿Se puede saber porqué me odias? El reaccionó ofendido. Le dijo que lo estaba confundiendo con su padre y que no veía cómo era él en realidad. Katja consideró que era una respuesta verosímil, pero no se atrevía a admitir que ni sabía cómo era realmente su hijo, así que continuó negando sus propios sentimientos aferrandose al autoengaño.
Su propio cuerpo consiguió despertarla con la ayuda de otra enfermedad grave. Katja tuvo que comprender que todos los intentos por entender a su hijo serían en vano mientras él no accediera a abrirse ante su madre y que su deseo de asimilar empáticamente los reproches de su hijo también sería irrealizable hasta que él no dispensara algo de confianza. El hijo, por su parte, no podía abrirse porque en los primeros años de su vida no se había edificado tal confianza.
El deseo nunca cumplido de Katja de mantener un intercambio intelectual y espiritual con sus padres, sus hermanos y sus compañeras de escuela logró sobrevivir en forma de ilusiones y ahora estaba claramente dirigido a su hijo. Tanto fue así que era incapaz de ver lo mucho que él rechazaba ese deseo y que quizá, con razón, temía. Respetar el temor del hijo tampoco le funcionó. Quería saldar a toda costa su deuda como madre y, si nada había dado resultdo ¿Por qué no porbar entonces con su propio sufrimiento?

Darse permiso para sentir
Katja tenía que enfrentarse con su más temprana infancia, cuando su madre, a base de palizas, la obligaba a ser buena, a vergonzarse de todos sus errores y a sentirse culpable. Aquellas lecciones aprendidas a tan corta edad conservaron su eficacia a lo largo de toda su vida. La predisposición de Katja a sentirse culpable era casi ilimitada.
Dejar una conducta así con más de setenta años es una osadía difícil de acometer, pero trampoco es ninguna quimera. cuando Katja consiguió abandonar sus esperanzas infantiles, desapareció también su odio porque se tomó la libertad de aceptar los hechos de la realidad presente y pasada. Ya no necesitaba obligarse a creer en cosas que le pareciern evidentes, ni adoptar el punto de vista de los demás, ni cargar con emociones ajenas que no podía asimilar. Ya no tuvo que obligarse a soslayar realidades ni a desoír sus percepciones porque ahora tenía permiso para sentir las emociones que correspondían a su situación.
Los sentimientos no se dejan manipular a largo plazo. Cuando Katja enfermó gravemente, despertó en ella su lado rebelde y fue capaz de entender que hasta el mayor de los criminales tiene derecho a dejar de culpabilizarse si ha expiado sus fechorías. Ella no era una criminal; solo era una mujer que no había aprenido a acoger a un recién nacido y no había guardado en su cuerpo ningún mensaje postitivo de su madre.

Aceptar el pasado.
Pidió perdón a su hijo por su negligencia, se arrepintió de sus errores y renegó de los sentimientos de culpa que intoxicaban su vida y la relación con su hijo. Tuvo que reconocer que no hay que escarbar en el pasado, sino aceptarlo. Sus esfuerzos no habían servido para ganarse la confianza de su hijo. En cuanto a él, su forma de evadirse y evitar la comunicación era quizá la única opción para edificar su vida y no caer enfermo por las proyecciones de su madre.
Antes no hubo nadie que comprendiera los trances por los que pasó Katja. Y ahora Katja creía que con su hijo adulto tenía el derecho a exigir finalmente algo de sinceridad. Es posible que él ya experimentara de bebé esta actitud exigente sin poderla nombrar, que la pedeciera y que, al final, se apartara de la fuerza emocional que conteía esa llamada. Seguro que se imaginaba que dentro de su madre habitaba una niña necesitada con la cual él no sabía qué hacer.
Al final, Katja aceptó con resignación que la tragedia de su infancia le había arrebatado la posibilidad de convertirse en una buena madre. Es así como disfrutó del final de sus días en paz, y rodeada de buenos amigos, pudo reconciliarse consigo misma y se deshizo de unos objetivos que acabaron pareciéndole irreales. Gracias a la terapia, Katja se dió cuenta de lo mucho que pesaban las sombras de su infancia en relación a su hijo y pudo, finalmente, percibir sus necesidades infantiles.

Heridas de la niñez I


Katja era la mayor de tres hermanos. su madre, una mujer muy estricta y recalcitrante, la obligaba, utilizando un látigo, a someterse ciegamente y a hacer muchos más méritos de los que correspondían a una niña de su edad. Se daba por supuesto que Katja tenía que ser la mejor de la clase y, cuando traía notas que no se ajustaban a las previsiones de la madre, recibía una paliza.
Vivió bajo un constante temor a los reproches de su progenitora, que padecía frecuentes migrañas y otras dolencias de la que también hacía responsable a su hija mayor. Ella intentaba liberar a su madre de aquellos males. Además, tenía la obligación de atender a sus dos hermanas y, si estas no estaban en disposición de satisfacer las demandas maternas, Katja era castigada.
¿Cómo es posible que Katja pudiera desarrollar una inteligencia por encima de la media? ¿Cómo consiguió satisfacer hasta aquel punto las demandas de la madre y sobrevivir son acabar siendo una criminal? ¿Quién fue el testigo auxiliador en la vida de Katja? ¿El padre? No lo parece. Abusaba sexualmente de la más pequeña, era un hombre débil y murió de cáncer de pulmón cuando Katja tenía doce años. Desde entonces estuvo totalmente expuesta a la voluntad caprichosa madre. ¿Quién fue, entonces, la persona que la ayudó?
Durante mucho tiempo, Katja no pudo recordar a ningún adulto con quien hubiera experimentado otra cosa que no fuera disciplina y crueldad. Pero a los cincuenta añs volvió a encontrarse con una antigua compañera de juegos, la hija de la vecina, quien le dijo: Yo te he querido y admirado mucho. ¿Te acuerdas de nuestra asistenta, Nocile, que tanto te quería y te mimaba cuando tu madre no estaba? Intenta hacer un poco de memoria...

El apoyo de un adulto:
Katja constató con perplejidad que no guardaba el menor recuerdo de aquella asistenta. Sin embargo, esta mujer tuvo que haber desempeñado un papel muy importante en su vida porque, a pesar de los malos tratos infligidos por su madre, Katja se había convertido en una persona fuerte y merecedora de cariño. Alguien tuvo que apoyarla en su infancia, afirmarla en su forma de ser y quererla.

Sentimientos de culpa:
A pesar de sus méritos profesionales, la vida de Katja había sido un cúmulo de desgracias. Amó a un hombre que la engañó y se casó con otro que no la quería. El hijo que tuvo lo deseó, pero no fue capaz de amarlo como había anhelado. Nunca le pegó, pues bajo ningún concepto quería ser como su madre, pero tampoco estaba preparada para protegerlo de la crueldad de su marido.
La relación con su hijo estuvo marcada por sus propias vivencias. No sabía lo que siente un niño porque ella misma nunca se dio permiso para comprender lo que su madre le hizo sufrir de pequeña. Como no conocía sus sentimientos, tampoco reconocía los de su hijo, el cual dependía de lo que su madre conocía. Desde un principio sintió sobre todo compasión por el niño y se vió atormentada por vehementes sentimientos de culpa. Notaba lo infeliz que era su hijo y se sentía realmente desamparada.
Katja por lo tanto, repitió su propia suerte en la relación con su hijo. Como su madre, se preocupaba mucho por hacerlo todo correctamente, pero le faltaba el conocimiento que surge del primer vínculo positivo de un niño. Toda su vida, su matrimonio y la relación con su hijo estuvieron marcados por el autoreeproche.
De la misma manera que su madre le hacía responsable de todo lo malo que le sucedía a ella, al padre y a las hermanas, Katja se culpabilizó durante toda su vida de las desgracias de su marido y de su hijo. Su esposo supo aprovecharse de esta conducta, y así pudo atribuirle sentimientos que él había separado de sí mismo, como el desamparo, el miedo o la impotencia, Katja era como una esponja que absorbía todos estos sentimientos sin pedirse a sí misma cuentas por tener que cargar con la responsabilidad de elaborar las emociones de los demás.
Durante más de veinte años, Katja esperó poder cambiar algo actuando con bondad y comprensión, pero cuanto más amable se mostraba, más agresivo se volvia él porque la envidiaba por su complacencia. Ella descubrió todo esto mucho más tarde. Tras veinticinco años intentando ganarse a su marido, Katja sufrió fuertes pérdidas de sangre y tuvieron que extiparle el útero. Finalmente recurrió a la ayuda psicoterapúetica.
Entonces todavía no se percataba de que aún había soluciones para una mujer adulta como ella y de que habría podido separarse de su marido. En lugar de ello, intentó vivir con él sin provocarle estallidos de ira. Katja fue a ver a una psicoanalista y le prengutó como tenia que comportarse para poder vivir feliz con su marido, dado que ella era el motivo de su cólera. Creía que había algo en ella que no era bueno. La analista le respondió que no podía ayudarle a cambiar para complacer a su marido, para hacer que este se sintiera en paz. Le dijo que solo podía ayudarle a ser la mujer que era y a encontrar la valentía para vivir con la verdad.
Katja se sintió comprendida, pero al mismo tiempo le asustaba la idea de separarse de su marido. Sus sentimientos de culpa le impedian liberarse. Quería separarse de él y salvar así su vida porque su cuerpo le indicaba inequívocamente esta necesidad. Sin embargo, no podía dar ese paso. La niña que llevaba dentro tenía un miedo atroz que se acrecentaba aún más por las amenazas de su marido de quitarse la vida si lo abandonaba o al hablarle sencillamente de separación. Pero al final, y gracias al decisivo apoyo de la terapeuta, se produjo la ruptura.


Alice Miler
Psicóloga,especialista en infancia.
Socióloga y filósofa.
La madurez de Eva

Historia General del Fenómeno de Maltrato



La historia de maltrato a menores ocurre, desde que el ser humano se encuentre en la faz de la Tierra. Por lo tanto, debe entenderse y aceptarse que éste es un fenómeno tan antiguo como la humanidad misma y no una característica peculiar de la sociedad moderna. Para comprender que las formas del mismo han sucedido de diversas maneras y que el problema, es añejo, se presenta enseguida una breve semblanza de los hechos que fundamentan estas afirmaciones.

Aristóteles, señalaba que un hijo o un esclavo, son propiedad y nada de lo que se hace con la propiedad, es injusto. Lo habitual en la Grecia y Roma de aquel tiempo, era que el padre tenía poder sobre la vida o la muerte de los hijos y podía manciparlos a un tercero y abandonarlos, sin que por ello sufriera castigo alguno. 2 Otro ejemplo de esta situación en otra cultura, se encuentra en el pasaje bíblico de Abraham, en el que se dice”... Dios le dijo Tomas a Isaac tu único hijo al que tanto amas y ofrécelo en holocausto” (Génesis 22. 11-12). También las órdenes dictadas por Hérodes, constituyen un ejemplo del fenómeno que se analiza ya que para evitar la pérdida de su reino, mandó a matar a todos los recién nacidos de su época. Hubo un tiempo en que se azotaba a los niños cristianos en el día de los inocentes para recordarles la masacre realizada por Herodes.

En algunas civilizaciones el infanticidio, era un medio para deshacerse de los niños con defectos físicos. Por ejemplo, en Esparta se los lanzaba desde la cima del monte Taigeto, y en la India, se los consideraba instrumentos del diablo y por ello, eran destrozados. En China, el límite para procrear era de tres hijos y para efectuar una especie de control de natalidad, el cuarto hijo era arrojado a los animales salvajes. La antigua costumbre de lisiar y deformar a los niños para que causaran lástima y así poder pedir limosna era una situación muy común, tal y como lo describe Charles Dickens en algunas de sus obras. Martín Lutero, ordenó que los niños con retardo mental fuesen ahogados, esto por creer que eran instrumentos del diablo.

Más recientemente, Hitler, en su afán belicista y de obtener una raza pura, realizó atrocidades, como asesinar física y emocionalmente a millares de niños. Con la Revolución Industrial, los niños ingresaron al trabajo sistemático, en que se les obligaba a laborar turnos de 16 h o más. Esta situación aún se encuentra en la actualidad en algunos países subdesarrollados como mínimas modificaciones.
En la historia de las sociedades precolombinas, destacan los sacrificios de adolescentes y niños que llevan a cabo los aztecas para calmar sus deidades y así recibir favores de los mismos; por ejemplo, la llegada de lluvias abundantes y a tiempo, buenas cosechas, término de epidemias y pestes, etcétera. En la figura 1 – 1 se observa la ofrenda que hace un sacerdote olmeca (El Señor de las Limas) a los dioses, constituida por su hijo, seguramente el primogénito, con objeto de lograr un favor para su pueblo.

Los grupos mazahuas obligaban al niño desobediente, a mantener la cabeza inclinada sobre el humo que se producía al quemar chiles secos. En el códice mendocino se encuentran castigos al menor que en la actualidad, se consideran crueles, pero que en sociedades guerreras como la mexica¸ con una teocracia que imponía su religiosidad y mística guerrera por medio del terror, se piensa que dichos castigos eran congruentes. Entre ellos, existían castigos como colocación de púas de maguey (pita) por desobediencia, quemaduras de pelo cuando el niño mentía, limitación de alimentos al ladrón, largas jornadas de trabajo, etcétera.

En el tiempo de la Colonia, la Inquisición en América, mediante una amalgama educativa rígida, generó severas relaciones paterno–infantiles amén de su agresión a niños y adultos.
Dentro de lo escrito, está el Rhazes practuapuerorum que corresponde al primer tratado de pediatría que existe hasta hoy en día y que fue escrito alrededor del año 900 d. De J. C. Por un médico persa, quien mientras aprendía entre los niños de los hárams acerca de las hernias inguinal y umbilical, señalaba que era posible abandonar a los niños intencionalmente3.

Themkin4 tradujo a Soranus, médico griego que escribió a principios del segundo siglo a. De J.C., su obra Gynecology. En la sección “How to recognize the newborn worth reating”, el médico griego claramente hace un señalamiento del infanticidio ya que según él los niños deben ser de “término, tener un llanto vigoroso y estar perfecto de todas las partes”. El primer artículo que claramente presenta el problema aunque no lo identifica como tal, fue escrito por Ambroise Tardieu, de Francia en 18605. Este autor, basado en los hallazgos de necropsias, describió las lesiones encontradas en 32 niños, 19 de los cuales murieron quemados por asfixia. Y aunque varios de esos menores tuvieron fracturas repetidas, éstas fueron explicadas por la existencia de un supuesto raquitismo. A pesar de la falta de documentación médica, médicos ingleses del siglo XIX fundaron en 1883, la primera English Society for the Prevention of Cruelty of Children en la ciudad de Liverpool.6 También por esa época galenos ingleses y franceses describieron la presencia de diversos tipos de fracturas en niños, pero no pudieron establecer una asociación entre dichos fenómenos a la existencia de maltrato. Ellos seguían pensando que el raquitismo y la sífilis ocasionaron múltiples fracturas. 7 En 1885, se fundó en Londres, la London Society. Esta sociedad fundó 762 casos de niños con diversos tipos de lesiones y la muerte de 25 de ellos. Sin embargo, no pudo precisarse que los padres fueran los agresores.

Cuando Caffey8 publicó en 1946 los hallazgos de fracturas múltiples y hematoma subgeneral en seis niños, es posible decir que realmente se inició la descripción de lo que en la actualidad se conoce como síndrome del niño maltratado. (SMN). Sin embargo, es necesario valorar que Ingraham 9 ya había descrito los síntomas, signos, patología y tratamiento de todo tipo de pacientes, sin establecer claramente el origen del problema. Años más tarde en 1953. Sillverman describió lo que llamó spragmatismos esqueléticos no reconocidos”. Se sugirió que muy posiblemente, los padres son los culpables de tales hechos. Así, el padre tanto Kempe, como Silverman 10 introdujeron el término de “síndrome del niño golpeado” al establecer claramente una relación con la existencia de diversas fracturas y en diversos, presencia de un hematoma subdural pero lo más importante, fue descubrir que este tipo de lesiones habían sido ocasionadas por alguno de los padres o algún adulto que maltrataba al menor.

El espectro del síndrome, se amplió cuando Fontalla 11 señaló que también es factible observar en estos niños una serie de alteraciones emocionales, carencia nutricial, negligencia en su atención general, etcétera, por falta de atención del adulto. Este fenómeno que puede ocurrir de una manera aislada, o bien asociada con maltrato físico o abuso sexual, se conoce como “deprivación” social o emocional o ambas dependiendo del fenómeno existente. La presencia de diversas formas de abuso sexual, obligan a considerar esta problemática. La presencia de diversas formas de abuso sexual, obligan a considerar esta problemática dentro del contexto integral del fenómeno que se está analizando en virtud de su elevada frecuencia y por la repercusión que dicha agresión tiene en las esferas emocional y social de los pacientes. 12

Con el transcurso del tiempo, nuevas modalidades de maltrato se han descrito y el síndrome de Munchausen en niños es uno de ellos. Asher13 fue el primero en mencionar a barón de Munchausen para denominar con este apellido al conjunto de síntomas “dramáticos e increíbles” que refería un grupo de sus pacientes y que al simular una enfermedad, éstos eran sometidos a revisiones médicas y procedimientos quirúrgicos innecesarios. Sin embargo, fue Meadow14 el primero en presentar esta rara entidad en pediatría.

En la literatura pediátrica de México, Loredo y Sierrra15 presentaron dos casos de esta faceta del maltrato y además señalaron que el término empleado para denominar este trastorno, debe ser el de “síndrome de Munchausen en niños”, lo cual permite diferenciarlo del que se emplea en la terminología psiquiátrica de adultos.

En los últimos años, se han empezado a reconocer otras formas de maltrato infantil y ello, ha incrementado el espectro clínico de síndrome. Por ejemplo, el daño que se ocasiona a un ser humano que está en proceso de formación y crecimiento in utero, se ha definido como “abuso y negligencia fetal”. 16 Esta nueva concepción del síndrome del niño maltratado, se desprende al comprender el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos del Niño que señala: “El niño, por su inmadurez física y mental requiere de cuidados especiales, incluyendo la protección legal adecuada antes y después del nacimiento”. 17 Diversas publicaciones han surgido al respecto y, en México, Loredo y Sierra han efectuado un señalamiento a la comunidad médica nacional sobre los tres mecanismos de agresión que puede sufrir el producto. Estos aspectos se discuten más ampliamente en otros capítulos.
Quedan por analizar los niños que son agredidos durante una guerra. En esta situación, frecuentemente constituyen el blanco de violencia política; por este mismo motivo, sufren de una involuntaria migración y tienen que vivir en refugios donde la mayoría de las veces, los derechos del niño no son respetados. Estos fenómenos continúan observándose durante este siglo XX.


1 Altemeir WA, O’Connors C, Vietzi PM et. Antecedentes of child abuse, J Pediatr 1982;100:829829
2 Petit E: Tratado Elemental de Derecho Romano. Buenos Aires: Ed. E. Araujo, 1940;98-99
3 Radbill SX: The first teatrise in pediatrics. Amer J Dis Child 1971;122::369-376.
4 Temkin O: Tranmslation of Soranus. En Gynecology. Baltimore: The Johns Hopkins Press, 1956.
5 Tardieu A: Etude médico – legale sur les services et mauvais traitement exerces sur les enfants. Ann Hyg Publ Med Leg 1860;13:361 – 398.
6 Lynch MA: Child abuse before Kempe: An historical literature review. Child Abuse Neglect 1985;9:7-155.
7 West S: Acute periosteeal swellings in several young infants of the same families, probvably rickety in anture. Brit Med J 1888;856-857.
8 Caffey J: Multiple fractures in the long bones of infants suffering from chronic subdural hematoma Am J Roentgenol Radium Ther 1946;56:163-173.
9 Ingraham FD, Watson PD: Subdural hematoma in infancy, j PEDIATR 1944;24:1-45
10 Kempe CH, Silverman FN, Steel BF et al: The battered child syndrome. JAMA 1962;181:17-24.
11 Fontana VJ: The maltreated child: the maltreatment syndrome in children. 2ª ed. Springfield: Charles C. Thomas, 1971;4.
12 Blumberg ML: Sexual abuse of children: causes, driagnosis and mangement. Pediatric Ann 1984;13;753-758.
13 Asher R: Munchausen’s syndrome by proxy. Lancet 1977;2: 339 – 341.
14 Meadow R: Munchausen’s syndrome by proxy. Lancet 1977;2: 343 – 345.
15 Loredo AA, Sierra GQQQJ et al: Síndrome de Muncausen en niños: informe de dos casos. Bol Med Hosp Infant Méx 1991; 48: 121 – 125.
16 Landwrit J: Fetal abuse and neglect: an emerging controversy. Pediatrics 1987:79:508 – 514.
17 UN. Preamble: Declaration of the Riughts opf the Child, New York: 1989;4354.

Dr. Arturo Loredo Abdalá

Maltrato infantil




El abuso hacia los niños, es un fenómeno milenario, pero sólo recientemente ha recibido una definición y un nombre. Es un nuevo término para un viejo problema.

A partir de su definición como problema social, se ha generado una creciente demanda de legislación para proteger al niño, como también programas de entrenamiento para profesionales y de tratamiento para perpetradores y víctimas.

El factor común que subyace en todas las formas de maltrato, es el abuso de poder o autoridad. El abuso ocurre cuando una persona más fuerte o poderosa (padres – adultos) aprovecha la ventaja que tiene sobre otro menos fuerte o poderosos (niño).

El maltrato infantil, es un problema muy complejo, ya que algunas formas de abuso son más difíciles de detectar que otras.

Por ejemplo, el descuido o negligencia (ya sea físico o psicológico) o las diversas formas de abuso emocional, muchas veces no resultan fáciles de tipificar y detectar.

Los investigadores del tema aceptan una definición amplia de maltrato hacia los niños, que incluye conductas tales como dañarlos físicamente, no brindarles los cuidados apropiados o privarlos de afecto. El grado puede variar desde humillarlos con frecuencia hasta negarles el alimento; desde el zamarreo hasta la violación.

Ninguna definición parcial abarca la compleja realidad del maltrato infantil; junto al abuso físico y el abandono o negligencia, se ubican el abuso sexual y emocional.

El abuso físico
El abuso físico es cualquier acción, no accidental, por parte de los padres o cuidadores que provoque daño físico o enfermedad en el niño. Puede incluir hematomas, cortaduras, quemaduras, fracturas y/o lesiones internas. Puede ser el resultado de uno o dos incidentes relativamente aislados, o bien constituir una situación crónica de abuso. Los signos de abuso físico en un niño pueden ser algunos de los siguientes:
- Hematomas y contusiones inexplicables.
- Un cierto número de cicatrices.
- Marcas de quemaduras
- Fracturas inexplicables o antiguas fracturas ya soldadas
- Marcas de mordeduras de la medida de un adulto.

Éstos son sólo algunos de los signos más evidentes, pero existen otros menos visibles.

El abuso físico de los niños, no es un fenómeno que se asocie a determinados sectores, sino que se manifiesta en todos los grupos étnicos, religiosos, económicos y culturales.

No hay un único motivo, sino más bien una combinación de condiciones y factores determinantes, que permite explicar el maltrato hacia el niño. Dichos factores varían ampliamente de un individuo a otro y ninguno, por sí mismo, puede identificar a un abusador potencial. Las condiciones que predisponen incluyen una historia de abuso en la familia de origen, sentimientos de inferioridad y baja autoestima, necesidad de control sobre el entorno, etcétera. Los factores precipitantes pueden adoptar prácticamente cualquier forma que sea percibida por el adulto como amenaza a su control sobre la situación. A menudo las crisis tienen que ver con situaciones familiares, pero también se pueden relacionar con contrariedades laborales o económicas, frustraciones o desilusiones, etcétera, que refuercen el ataque a la autoestima.

Muchas veces, el maltrato es la consecuencia de un déficit en la comprensión, por parte del adulto, de las reales posibilidades evolutivas del niño. Los padres o cuidadores pueden tener expectativas irreales respecto del niño y, por lo tanto, cualquier conducta normal para la edad puede convertirse en irritativa y desencadenante de maltrato.

Los niños que han sido maltratados necesitan ayuda par ano repetir el esquema de abuso con otras personas. Si no reciben ayuda adecuada para aprender a resolver de otro modo sus problemas, pueden convertirse ellos mismos en adultos abusadores.

El abuso sexual
De todas las formas de abuso, tal vez la más difícil de aceptar y reconocer sea el abuso sexual hacia los niños. Sólo recientemente, las investigaciones realizadas muestran que una de cada cuatro niñas y uno de cada ocho niños serán sexualmente abusados antes de llegar a los 16 años. En más del 90% de los casos el abusador, será masculino y en más del 80% de los casos será una persona conocida por el niño.

Este tipo de abuso puede definirse como “contactos o interacciones entre un menor y un adulto, en los que el menor está siendo usado para la gratificación sexual del adulto”. Puede incluir una serie de actividades: desde la exposición de los genitales por parte del adulto, hasta la violación del menor.

El abuso sexual intrafamiliar, ocurre cuando el abusador es parte de la familia (padre, padrastro, hermano mayor, tío, abuelo u otro familiar).

El abuso sexual extra-familiar por lo común es perpetrado por alguien que el niño conoce: un vecino, un profesor, un profesional, etcétera.

Una forma particular del abuso sexual, es el incesto. El incesto está definido por la ley como el acto sexual entre familiares de sangre tales como padre – hija, hermano – hermana, madre – hijo.

Un alto porcentaje de niñas son víctimas de abuso sexual intrafamiliar a través del incesto padre – hija. La edad en que más frecuente se produce, es alrededor de la pubertad, y un padre puede continuar manteniendo relaciones sexuales con una o más hijas a lo largo de varios años. Muchas veces, el incesto no se revela hasta que la hija se va del hogar. Cuanto más cercana sea la relación entre el adulto y el niño, mayor será el daño potencial, ya que el abuso sexual intrafamiliar ocasiona a la víctima, importantes daños psicológicos.

Los signos de abuso sexual en niños o adolescentes pueden ser:

- Llanto fácil, por poco o ningún motivo aparente.
- Cambios bruscos en la conducta escolar
- Llegar a la escuela y retirarse tarde
- Ausentismo escolar
- Conducta agresiva, destructiva
- Depresión crónica, retraimiento
- Conocimiento sexual y conducta inapropiados para la edad
- Conducta excesivamente sumisa
- Irritación, dolor o lesión en zona genital
- Temor al contacto físico.

Aún cuando no sean indicadores excluyentes de abuso sexual, la presencia de varios de ellos, es signo de que el niño necesita ayuda.

Con respecto al abuso sexual, hay algunos datos que es preciso tener en cuenta:

-La fuerza física está presente sólo en un pequeño porcentaje de los incidentes de abuso sexual a niños.
-La percepción del adulto como autoridad, vuelve al niño más vulnerable a ser amenazado, sobornado o inducido a obedecer órdenes.
-Los niños rara vez informan a alguien de lo que está ocurriendo por miedo y porque el abusador los induce a no contar nada.
-Muchas veces, los niños desean contarlo, pero no lo hacen por temor a que no se les crea o a ser castigados.
-Los niños no inventan historias acerca de su propio abuso sexual. Si se animan a decirlo, es preciso creerles.
-La edad promedio en que los niños son abusados sexualmente se ubica alrededor de los once años, pero es frecuente que niños de menos de tres años sean abusados.
-El típico abuso sexual hacia un niño, ocurre dentro de un largo período, ya que el ofensor abusa de su posición de poder.

El abuso emocional
El abuso emocional, es el más difícil de identificar y de probar. Insultos, amenazas, descalificaciones, castigos desproporcionados, cuando son la regla y no la excepción dentro de la relación padres – hijos, pueden provocar graves daños psicológicos en el niño. Si constantemente escucha que sus padres le dicen “Sos una porquería” o “Sos un inútil”, es probable que llegue a creerlo y actúe en consecuencia.

Algunos indicadores de abuso emocional pueden ser:

- Extrema falta de confianza en sí mismo.
- Exagerada necesidad de ganar o sobresalir
- Demandas excesivas de atención.
- Mucha agresividad o pasividad frente a otros niños.

Un niño puede estar gravemente dañado desde el punto de vista emocional y sin embargo no mostrar cicatrices exteriores. Puede estar sufriendo el efecto paralizante de sentirse despreciable, sin comprender ni poder explicar el porqué.

Los padres pueden abusar emocionalmente de sus hijos basados en buenas intenciones, como querer que sobresalgan en el colegio, en el deporte o en la vida social. A partir de esas buenas intenciones, puede presionarlos o avergonzarlos al punto de infringirles sufrimiento emocional crónico.

También pueden ejercer el abuso emocional de un modo pasivo, no brindando el afecto el apoyo y la valoración que todo niño necesita para crecer psicológicamente sano. Cuanto más temprana sea la conducta de abuso emocional activo o pasivo, mayores serán las consecuencias psíquicas en el niño.

El descuido, el abandono y la negligencia en el cuidado físico y psicológico de los niños son otras tantas formas que adopta el multifacético problema del maltrato infantil.

Rescatar al niño interior II


Luz sobre el maltrato

Qué se considera maltrato:
Las humillaciones, zurras en el culo, golpes, bofetadas, traiciones, abusos sexuales, mofas, burlas, desatenciones.. todas son formas de maltrato, porque dañan la integridad y dignidad de un niño, aunque sus consecuencias no sean visibles inmediatamente. Como adultos, la mayoría de los niños maltratados sufrirán ( y permitirán que otros sufran) por estos daños.

Cómo afecta al cerebro:
Casi todos los niños reciben algún cachete durante sus tres primeros años de vida, cuando empiezan a caminar y a tocar objetos que no pueden ser tocados. Esto sucede precisamente en un periodo en que el cerebro humano construye su estructura y, por lo tanto, debería interiorizar amabilidad, sinceridad y amor, pero en ningún caso crueldad y engaño.

Un círculo vicioso:
Los niños maltratados asimilan muy rápidamente la violencia que soportaron,y pueden incluso idealizada y aplicarla después en su función de padres al creer que merecían esos catigos y que fueron golpeados por amor. No saben que la única razón para el maltrato que tuvieron que soportar es que sus propios padres recibieron y aprendieron la violencia sin ser capaces de ponerla en cuestión. Más adelante, los adultos que fueron niños maltratados expresan violencia sobre sus hijos y sienten gratitud hacia unos padres que los maltrataron cuando eran pequeños e indefensos.

Protegerse mediante el olvido:
Esta inversión de papeles, idolatrar al maltratador y culpar a la víctima, se ve reforzada por un mecanismo de defensa característico: el olvido. El niño que crece en un entorno abusivo tiene prohibido expresarse a sí mismo y expresar su rabia. Como soportar ese dolor a solas es demasiado duro para él, se ve forzado a olvidar sus sentimientos, a reprimir los recuerdos traumáticos y a idealizar a quienes son realmente los autores de esos abusos. Aprenden a no recordar como medida de defensa.

Se almacena en el cuerpo:
Las experiencias traumáticas que se reprimen encuentran su forma de expresión en el cuerpo. De forma incosciente, la tensión se acumula y tarde o temprano sale a la luz en forma de angustia, ansiedad y de enfermedades psicosomáticas. El cuerpo del adulto puede manifestar ese episodio de violencia que sufrió de niño y que no ha sido capaz de expresar de manera consciente porque no se atreve a acusar a sus padres.

Encontrar ayuda:
Para superar esta situación, el adulto que fue un niño maltratado debe contar con la escucha empática de una persona que le ayude a tomar conciencia de lo que su cuerpo ya sabe. Una persona que ya haya tenido éxito en recorrer ese camino por sí misma porque ya tuvo la oportunidad de encontrarse con alguien que le ayudara. La persona maltratada tiene que saber que son los demás los que fallaron, y no ella.

Un cambio social:
El hecho que socialmente todavía sea tolerado el castigo infantil y la violencia contra los niños, aunque sea en forma de cachetes disciplinarios y bajo la excusa de que es "por su bien" no hace más que perpetuar la rueda de la violencia generación tras generación. El día en que admitamos que cualquier forma de violencia es intolerable y la sociedad deje de amparar a los adultos frente a los niños, se habrá abierto un camino hacia la paz.

Para saber más:
La mayoria de las obras de Alice Miller han sido editadas en castellano por Tusquets, como el Drama del niño dotado, El saber proscrito o Por tu propio bien. Su última obra, también traducida al español, es El cuerpo nunca miente, e indaga en la relación entre la enfermedad y los traumas reprimidos.

Mente Sana

Rescatar al niño interior


La burla, la desatención, los cachetes, el abuso físico...En mayor o menor medida, todos hemos sido víctimas de la violencia de los adultos cuando éramos niños. Encontrar a alguien que nos escuche con empatía y admitir que sufrimos ese maltrato sin sentirnos culpables prmite sanar nuestra infancia y nuestro presente y evitar que se retia la historia.


En 2005 empecé a publicar en mi web, con permiso de los autores, las cartas de interés general y mis respectivas respuestas. Estas cartas hablan de los sufrimientos, a menudo inimaginables, de personas maltratadas en la infancia que, a pesar de años de terapia, nunca fueron conscientes de ese maltrato. Padecían numerosas enfermedades, se acusaban de la crueldad que tenían que soportar y sólo cuando leyeron mis libros pudieron sentir, con alivio y por primera vez, el sufrimiento de su infancia. Algunas encontraron allí la clave para comprender toda su vida y con ello dejar atrás sus pánicos, depresiones y adicciones.

Estas personas, como es comprensible, se encuentran ante muchas preguntas que hasta ahora habían evitado. Mis respuestas a tales preguntas tratan, es esta nueva situación, de ayudarles a hallar orientación y a personas que, como testigos empáticos y con conocimiento de causa, las asistan en la mejor utilización posible del conocimiento que han adquirido sobre sí mismos.


Acompañarlos en el proceso:

Los seres humanos que en su infancia fueron objeto de maltrato encuentran así una tribuna que les permite expresarse libremente y, juntos, buscar la manera de liberarse de las consecuencias de los abusos padecidos. No podemos resolver los efectos del maltrato en terapias que eluden los hechos y se limitan al análisis de las realidad psíquicas. Pero podemos liberarnos de las consecuencias si estamos preparados para afrontar emocionalmente la verdad de nuestra infancia, renunciar a la negación de nuestro sufrimiento y desarrollar empatía con el niño que fuimos y entrender así als razones de nuestros miedos.

De esa manera, nos libramos de los miedos y los sentimientos de culpa con los que cargamos desde la más tierna infancia. Gracias al conocimiento de nuestra historia y nuestros sentimientos, llegamos a conocer a las personas que somos y aprendemos a darnos lo que vitalmente necesitamos pero nunca recibimos de nuestros padres: amor y respeto. Éste es el gran objetivo de la terapaia de desvelamiento: las heridas pueden cicatrizar si se les presta atención y se las toma en serio, pero es preciso no negar la existencia de las cicatrices.

Lo que daba por supuesto cuando escribí mis libros se vio completamente confirmado por las cartas de los lectores: no sólo un grupo reducido de personas tiene el alma herida por vejaciones infantiles, sino la mayoría de la población mundal. Sin embargo, únicamente unas oicas deseab tomar conciencia de ello, porque el miedo a la antigua impotencia del niño golpeado impide ese conocimiento. Por eso doy por supuesto que a todos nosotros, con muy pocas excepciones, nos castigaron en la infancia, y en muchos casos muy pronto, como expongo en mi libro Por tu propio bien.

Un niño al que se le ha pegado anticipa el castigo por cualquier expresión de descontento o de malestar. Esta ansiedad puede permanecer inconsciente (porque sus causas nunca fueron desveldas y procesadas) pero operar de modo muy efectivo acompañando a los individuos durante toda la vida y determinando todo su comportamiento.


La terapia que funciona:

Digo que una terapia desvela cuando ayuda a los sujetos- con la colaboración de los sentimientos de la vigilia y los sueños- a conocer su dolorosa historia infantil reprimida para que no vuelvan a temer los peligros que les acechan de verdad durante la infancia y que ahora no representan una amenza. entonces se acaba para los pacientes la necesidad de temer y repetir inconscientemente lo que les ocurrió en su más tierna infancia, porque ahora conocen la realidad de aquella edad y pueden reaccionar a ella con rabia y con tristeza en presencia del terapeuta como su testigo empático. Dejan de despreciarse, dejan de acusarse y hacerse daño mediante todo tipo de adicciones, porque son capaces de desarrollar empatía con el niño que sufrió gravemente a causa de la conducta de sus padres. Si más tarde en la vida de estos adultos se presentan peligros, estarán mejor preparados para afrontarlos porque comprenderán mejor sus antiguos miedos.

Esta manera de proceder se diferencia de otras formas de tratamiento que implican practicar una nueva conducta o mejorar el bienestar personal (mediante yoga, meditación, pensamiento positivo). En estos casos se deja de lado el problema de la infancia.

A mi juicio, el miedo a este problema se remonta al miedo de los niños que han sido castigados, al miedo al próximo golpe, si es que se atreven a reconocer la crueldad de us padres. Y este miedo es tan dominante que mucha gente ha tenido que criarse soportando castigos (psicológicos, pero sobre todo físicos, que aun se consideran inocuos y necesarios) sin posibilida de defenderse.


Descubrir la verdad:

Esto también puede verse en el psicoanálisi, que hasta hoy elude a los abusos sufridos en la infancia, cierra los ojos ante ellos. Sus teorías se construyeron sobre la base de este miedo a los padres. Por eso, tanto pacientes como los analistan permanecen, a veces durante décadas, atrapados en un laberinto de ideas y tienen sentimientos de culpa por haber hecho supuestamente tan dificil a sus padres comprender al niño "Problematico" que fueron. A menudo no saben, y tal vez nunca lo descubran, que fueron niños severamente maltratados.

Que un terapeuta haga posible este conocimeinto depende de qué sepa de su propia infancia.


Alice Miller

Psicóloga.-Socióloga-filósofa

Autora de 12 libros, como: El drama de ser niño dotado o El cuerpo nunca miente.

Carta de Sara..


Debo ser estúpida, debo ser muy mala, porqué otro motivo mamá esta enojada?…
Quisiera ser mejor, quisiera fea no estar, entonces tal vez mami me quiera abrazar…
No debo hablar, no debo hacer mal; de lo contrario, por todo el día me van a encerrar…
Cuando despierto siempre estoy sola, la casa esta oscura por horas y horas…
Cuando mami regrese tratare de ser buena aunque ella no me quiera ni abrace de pena…
No hagas ni un ruido, la puerta acabo de escuchar; mi papi ha llegado borracho de un bar…
Lo escucho enojado mi nombre gritar y contra una pared me trato de lanzar… trato de esconderme de su horrible mirada, no aguanto el llanto me siento espantada…
Me encuentra llorando me grita, me insulta me dice que sus problemas todos son por mi culpa…Me empieza a golpear me sigue gritando, me logro soltar y corro llorando…
Caigo al suelo mis huesos doliendo papá me dice palabras que ni las entiendo…
“Perdóname” le grito pero ya es muy tarde, su rostro enojado parece que arde…Los golpes y las palabras me duelen de verdad, le pido a papá Dios misericordia y piedad…
Por fin el termina, y camina a la puerta, mientras yo en el suelo quedo casi muerta…
Mi nombre es Sarah, Tengo tres años de edad;
esta noche, mi padre… me mato sin.. piedad…


Autor Desconocido