Los latidos del corazón


El significado de la sístole y la diástole
Nuestro corazón late aproximadamente setenta veces por minuto. Si estableciéramos un diálogo imaginario con él acerca de su identidad y le preguntaramos quién es, si sístole o diástole, seguramente nos respondería que es ambos estados en continua sucesión.
Pero imaginemos ahora un corazón que latiera cada cien años. Que su sístole durara 50 años y a continuación comenzáse la diástole que también se extendiese 50 años más. Si cuando han transcurrido 20 años de sístole a ese corazón se le hiciera la misma pregunta, lo más probable es que dijera: Yo soy sístole. Me contraigo, hago fuerza, emito hacia delante y produzco el avance de la sangre. Si la misma pregunta se la hicíeramos a un corazón que llevase 20 años de diástole, probablemente respondería: Yo soy diástole. Me relajo, me distiendo, me abro y recibo la sangre que pugna por entrar en mí.
Esas serían tal vez las respuestas, porque cuando una fase se prolonga mucho tiempo y no existe el testimonio vivencial de su opuesto, la conciencia tiende a identificarse con dicha fase y la percibe como su propia identidad.
El proceso de crecimiento y expansión de la conciencia consiste precisamente en lograr desindentificarse con dicha fase y la percibe como su propia identidad.
El proceso de crecimiento y expansión de la conciencia consiste precisamente en lograr desidentificarse de fases de una duración cada vez más extendida en el tiempo.
Una frase del budismo tibetano describe este hecho con gran sencillez y belleza "Un hombre capaz de pensar en términos de cientos y cientos de años es un gran hombre".
Si logro reconocer vivencialemtne como un momento de mi devenir algo que está porlongándose durante varios años y no identifico mi identidad con ello, estoy poniendo en juego una gran conciencia que puede organizar y percibir ciclos de gran vastedad y ésa es una forma de conciencia expandida.
Así como desvincular la identidad de cada fase es el cambio de crecimiento de la conciencia, el proceso por el que la identidad se afinca en un momento es una de las causas principales de la confusión, el antagonismo y el sufrimiento. Fuí campeón de tenis varias temporadas, ahora estoy retirado y no sé quién soy ni qué sentido tiene mi vida. Después de varios años de matrimonio me acabo de separar... y estoy perdido y no se que hacer. Éstos son dos de los numerosísimos ejemplos en los que la persona, al afincar su identidad en un aspecto de si misma, cuando ese aspecto deja de ser, sufre enormemente y cree derrumbarse su propia identidad. Para decirlo con palabras de Stephen Levine "En un mundo de cambios constantes, en el que ningún pensamiento perdura más allá de un momento, donde los estados de ánimo fluyen a menudo en oposición, donde nada empieza sin terminar y todo lo que amamos será arrasado por el tiempo, sufrimos porque nos aferramos con tenacidad y queremos perpetuar cada uno de esos sucesos temporales.

Una vida completa:

Si el corazón de nuestro ejemplo pudiera acelerar su ritmo descubriria que sístole y diástole son dos fases del mismo movimiento, que una depende de la otra y la posibilita. Que un corazón que fuera sólo y siempre sístole o diástole no podría funcionar. Que si el llenado es escaso, la emisión inevitable también lo será. Empujar, hacer fuerza, ser activo, contraerse, es tan importante como entregarse y confiar, almoldarse a lo que viene y darle cabida.
Las distorsiones y confusiones de este corazón imaginario son las que, de hecho, no están ocurriendo cotidianamente en otros planos de nuestra existencia, en el sentido más amplio de tensión-relajación, actividad-reposo, funcionamiento máximo-mínimo. Esta modalidad pulsátil nos conduce a recorrer, en el nivel psicológico, estados opuestos: alegría-tristeza, fuerza-debilidad, lleno-vacío, seguridad-inseguridad, entusiasmo-desaliento... En la medida en que dichos estados evolucionan a un ritmo de latido lento, nuestra conciencia habitual no suele reconocerlos como momentos opuestos y complementarios de un devenir y tiende a identificarse con uno de ellos. Se aferra a él, se desepera cuando pierde y trata de combatir el estado opuesto, al que termina considerando como su mayor enemigo.

Norberto Levy
Médico y psicoterapeuta.